Dilemas tácticos de Flick ante el Atlético
La banda derecha, el primer dilema de Flick
Hansi Flick mira al calendario y ve algo más que un simple Atlético–Barça. Ve un partido que le puede marcar el plan para las próximas semanas. Y la primera incógnita está donde menos lo esperaba: el lateral derecho.
Brian Fariñas, fuera de su hábitat natural, ha firmado dos actuaciones impecables ante Alavés y Aston Villa. Sin estridencias, sin errores, con una madurez que no siempre acompaña a quien juega “a contrapié” en una posición que no es la suya. Ha cumplido. Y cuando uno cumple así, obliga al entrenador a pensar dos veces.
El problema —o el lujo— aparece si Eric García llega a tiempo. Flick confía en él sin matices. Lo ha dejado claro en cada decisión, en cada alineación en la que ha tirado del central. Si el técnico alemán le ve listo tras cuatro partidos fuera por lesión muscular, su candidatura al once gana fuerza de inmediato.
El contexto del rival empuja todavía más el debate. Por ese costado se moverá Álex Baena, un futbolista que no da tregua: se ofrece, cae a dentro, ataca la espalda, llega al área. Su dinamismo y su estado físico exigen un lateral concentrado, con lectura, pero también con piernas. Y si Diego Simeone decide cargar ese sector con más velocidad aún, la elección de Flick se convierte en una cuestión estratégica de primer orden.
Quien salga de inicio, además, tendrá otro encargo incómodo: sujetar a Ademola Lookman. El nigeriano no ha repetido aún el nivel de la temporada pasada, pero conserva algo que asusta a cualquier defensa: la capacidad de encenderse en un solo partido. Basta una acción para que cambie el guion.
Entre el mérito reciente de Fariñas y la jerarquía que Flick otorga a Eric García, se dibuja una decisión de entrenador grande. Y, en la sombra, una tercera vía que casi se apaga: Jules Koundé. El francés sigue sin recuperarse del todo del esguince de tobillo y su peso en el equipo ha disminuido en las últimas semanas. Hoy, su nombre suena más a opción lejana que a solución inmediata.
Un vacío en el medio, un regreso que lo cambia todo
La otra gran duda se instala en el corazón del equipo. Justo cuando Rodri cae lesionado, reaparece Frenkie de Jong. Dos piezas capitales, un solo hueco por cubrir con garantías.
La opción más lógica, por continuidad, se llama Marc Bernal. Ya asumió el relevo de Rodri tras el descanso en el contundente 3-0 ante Aston Villa. Y no fue una aparición aislada: Flick también apostó por él frente a Paris Saint-Germain, el día que decidió dar descanso a su mediocentro titular. El mensaje es claro: el técnico ve en Bernal un recurso fiable para partidos de exigencia.
Mientras tanto, De Jong empieza a acumular minutos de forma calculada. Titular ante Alavés, aunque como central para darle respiro a Gerard Martín. Su rol ha sido el de comodín de lujo: en Champions arrancó desde el banquillo y saltó al campo para los últimos veinte minutos en lugar de Pedri, aportando pausa y salida limpia de balón.
Hay un patrón que pesa. Flick acostumbra a alinear a De Jong en los encuentros más duros, esos en los que la pelota quema y la presión del rival obliga a pensar más rápido que nadie. Esa costumbre puede resultar decisiva cuando tenga que escoger quién ocupará el sitio de Rodri en un escenario de máxima tensión.
El ataque: Yamal intocable, Gordon gana la banda
Arriba, el tablero está mucho más definido. Lamine Yamal se ha convertido en pieza intocable en el extremo derecho. Es profundidad, desequilibrio y amenaza constante. Desde ese perfil, condiciona defensas enteras. A su lado, Raphinha se ha asentado en la zona más adelantada, fijando centrales y atacando el área.
Eso deja un solo interrogante: la banda izquierda. Y ahí, poco a poco, la balanza se inclina hacia un nombre propio: Anthony Gordon. No es casualidad. Cuando el partido pide carácter y despliegue, Flick ha mirado hacia él. Lo hizo en los dos duelos ante Paris Saint-Germain, en el Clásico, en la cita ante Galatasaray. Cuando el nivel sube, Gordon aparece en el once.
Karim Adeyemi, en cambio, se ha ido apagando. No marca ni firma una asistencia decisiva desde el 13 de octubre, cuando cerró el 4-1 en el fortín de Galatasaray. Demasiado tiempo sin impacto para un atacante que vive de cifras, de acciones que cambian marcadores y eliminatorias. En este contexto, su sitio en los grandes días se resiente.
Flick, fiel a una idea: juega quien se lo gana
Hay un hilo que une todas estas decisiones: el mérito. El alemán ha demostrado que respeta los galones, pero no se ata a ellos. Fariñas ha respondido cuando le han mirado. Bernal ha dado la cara cada vez que le han llamado. De Jong siempre reaparece en los momentos clave. Gordon ha sido el elegido cuando el partido se escribía en mayúsculas.
Ahora llega otro examen de altura. Con un Atlético agresivo, con Baena y Lookman acechando y un medio campo por rearmar, Flick se enfrenta a una alineación que dirá mucho de su jerarquía interna. ¿Premiará el presente o se aferrará a la confianza construida durante meses?
La respuesta se verá en el once. Y, sobre todo, en cómo resista el Barça cuando el partido se juegue donde más duele. En las bandas, en el centro, en cada duelo individual que puede decidir una noche entera.






