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Celtic logra una remontada épica ante Besiktas

En una noche que pedía épica, Martin O'Neill encontró respuestas en el banquillo. Sus cambios voltearon un partido que parecía condenado y devolvieron el pulso europeo a Celtic con un 3-2 agónico ante Besiktas en Celtic Park.

Durante casi una hora, el guion apuntaba a tragedia continental. El tanto de Junior Olaitan, aprovechando el rebote tras detener Sam Johnstone su penalti, amenazaba con empujar al club hacia una quinta derrota europea consecutiva, algo inédito en su historia. El estadio contuvo la respiración. Otro golpe más en una racha que ya pesaba demasiado.

Entonces O'Neill se la jugó.

El giro desde el banquillo

La entrada casi simultánea de Callum Osmand, Camilo Duran y Colby Donovan pasada la hora de juego cambió la noche y, quizá, el rumbo de la campaña. No fue un ajuste menor; fue un giro radical de energía, ritmo y ambición.

Osmand necesitó apenas un toque para justificar su aparición. En el minuto 65, cazó un balón en el área y lo mandó directo a la red. Primer contacto, primer disparo, primer gol. Celtic, de golpe, volvió a creer.

Besiktas acusó el impacto y el equipo local olió la sangre. Liam Scales obligó a Alexander Nubel a una gran intervención con un cabezazo desviado que el guardameta envió por encima del larguero. El ruido en las gradas crecía, y el segundo tanto parecía cuestión de tiempo.

Llegó en el 79. Osmand filtró un pase perfecto para Duran, que mantuvo la calma, sorteó a Nubel y definió con frialdad. De 0-1 a 2-1 en cuestión de minutos. De la angustia a la euforia.

Un final loco en Celtic Park

El partido, sin embargo, se negó a morir sin un último giro. A cinco del final, Orkun Kokcu apareció desde el banquillo para Besiktas y silenció el estadio con un derechazo desde unos 25 metros que se coló ajustado al palo. Un disparo seco, preciso, imposible para Johnstone. 2-2 y sensación de golpe bajo.

Pero esta vez Celtic no se derrumbó.

Apenas dos minutos después, Duran volvió a levantar al estadio. Recibió de Kieran Tierney en la frontal, encaró, se tomó un segundo vital dentro del área y, con un toque sutil, empujó el balón a la red. 3-2. La grada estalló. El doblete del delantero coronaba una actuación descomunal de los suplentes y sellaba una remontada que puede valer mucho más que tres puntos.

Una noche que puede marcar un antes y un después

El choque ya había dejado señales de vida desde el inicio. Sebastian Tounekti había liderado las primeras aproximaciones con calidad por banda, sirviendo un balón que Benjamin Nygren no acertó a dirigir entre palos. Kasper Hogh también se quedó cerca de rematar un centro del propio Tounekti, desviado finalmente a córner.

Besiktas respondió con la amenaza constante de Leandro Trossard, frenado a tiempo por un corte providencial de Cameron Carter-Vickers. Tras el descanso, James Forrest obligó a Nubel a la primera gran parada con un disparo raso, preludio de un segundo tiempo mucho más eléctrico.

El penalti provocado por una entrada innecesaria de Jordan Lotomba sobre Ernest Poku encendió las alarmas. Johnstone adivinó la intención de Olaitan, rechazó el lanzamiento, pero el delantero no perdonó el rebote. Parecía la típica noche europea en la que todo sale cruzado.

Lotomba intentó redimirse con una carrera de área a área que se quedó sin remate. Fue la última escena antes del golpe maestro de O'Neill desde la banda.

Carácter, nombres propios y una tabla que aún permite soñar

O'Neill no escondió su satisfacción tras el pitido final. Habló de carácter, de respuesta colectiva, de un equipo que “vino rugiendo de vuelta” tras el penalti encajado. Subrayó el impacto de los cambios, la velocidad añadida arriba, el peso de los veteranos y la irrupción de los recién llegados.

Tierney firmó una actuación enorme por banda, sosteniendo y empujando al equipo en los momentos más delicados. La zaga respondió con solidez cuando el partido se rompió, mientras Colby Donovan fue creciendo con el paso de los minutos. En el centro del campo, Mika Baur se multiplicó para darle aire y criterio a la salida de balón.

Arriba, las cifras hablan por sí solas: dos goles de Duran, un gol y una asistencia de Osmand. Todo desde el banquillo. Difícil pedir más impacto en un partido que Celtic no podía permitirse perder.

La victoria no disimula la realidad de la clasificación: el equipo sigue en la parte baja de la tabla de la Europa League. Sin embargo, con cuatro jornadas por delante, el panorama ya no es el de una misión imposible. Este 5 de noviembre queda grabado en la memoria de la afición como la noche en la que el equipo decidió no rendirse.

La cuestión ahora es clara: ¿será este solo un fogonazo o el verdadero punto de partida de la reacción europea de Celtic?