Caso de John Setka y el CFMEU: Violaciones de la Ley Laboral
John Setka, exjefe del poderoso brazo victoriano del sindicato de la construcción CFMEU, no se arrepiente. Admitió haber violado la ley laboral, pero a través de su abogada dejó claro que no piensa agachar la cabeza, ni siquiera ante la posibilidad de una multa considerable y una factura legal aún más dolorosa.
El caso, ventilado este viernes en el Tribunal Federal, gira en torno a su intento de presionar a la AFL para que despidiera a su responsable de arbitraje, Stephen McBurney, a mediados de 2024. No se trataba solo de un dirigente deportivo: McBurney fue antes comisionado de la Australian Building and Construction Commission y participó en más de 50 procesos judiciales contra el CFMEU entre 2018 y 2023. Viejas heridas, viejas batallas, trasladadas al terreno del fútbol.
Presión pública y amenazas a proyectos de la AFL
Según escuchó el tribunal, Setka, aún como líder sindical en ese momento, utilizó redes sociales, ruedas de prensa y entrevistas en radio y televisión durante un periodo de dos semanas para lanzar una amenaza clara: si la AFL no se deshacía de McBurney, el CFMEU haría la vida imposible a sus proyectos de construcción.
“Esto le va a costar a la AFL un montón de maldito dinero. Espero que valga la pena”, se le citó diciendo. “Los proyectos sin nuestra plena cooperación van a ser una maldita miseria para ellos. Se van a arrepentir del día en que lo contrataron”.
La Fair Work Ombudsman llevó a Setka y al CFMEU ante la justicia, argumentando que las exigencias de despido se vinculaban directamente al trabajo legítimo de McBurney como comisionado del ABCC. Esa conexión convierte una campaña de presión en una violación de la Fair Work Act.
Este viernes, los abogados de Setka y del CFMEU admitieron las infracciones. El caso ya no gira en torno a la culpabilidad, sino al castigo.
“No fue una campaña deliberada”, insiste la defensa
La abogada de Setka, Margo Harris, pidió al juez que evitara una sanción severa. Pintó el retrato de un hombre en retirada: jubilado, en pleno proceso de divorcio y dedicado en gran parte al cuidado de su madre anciana. No acudió a la audiencia.
Harris sostuvo que no hay pruebas de que su cliente “buscara activamente” la atención mediática, pese a haber concedido entrevistas y haber hecho declaraciones en varios medios donde reclamaba el despido de McBurney.
También defendió que Setka no se embarcó “deliberadamente” en una campaña pública contra el jefe de árbitros, un matiz que llevó al juez John Snaden a pedirle una aclaración. Harris respondió con una metáfora llamativa: “Cuando digo deliberado, hay un rango de deliberación. No es una cuestión de estar embarazada o no estarlo. Surge en el flujo de la entrevista. Le hacen una pregunta y él la responde”.
El argumento no convenció al representante de la FWO, el abogado Marc Felman. Para él, no hay duda: nadie obligó a Setka a ponerse frente a los micrófonos.
“No puede haber ninguna duda de que esto es una campaña mediática”, replicó.
En una rueda de prensa, Setka llegó a describir a McBurney como “un fanático. Odia a los sindicatos. Odia a los trabajadores en general”. También publicó una imagen en redes sociales en la que McBurney aparecía en un falso cartel con la leyenda: “(Not) Wanted Dead or Alive”.
Multas elevadas y un sindicato que intenta cambiar de piel
Felman subrayó que las violaciones de la Fair Work Act cometidas por Setka son “muy, muy graves”. No es el primer personaje público que pide la cabeza de un árbitro de la AFL, pero lo que cruza la línea es el motivo: vincular la exigencia de despido a actuaciones legales pasadas de McBurney en otro cargo.
La AFL respaldó a su hombre en su momento, y McBurney, que ha arbitrado cuatro finales, sigue hoy como máximo responsable del arbitraje de la liga.
Para Setka, la sanción económica podría llegar hasta los 18.730 dólares. El golpe real, sin embargo, puede venir por otro lado: el sindicato se ha negado a cubrir sus costes legales, lo que abre la puerta a una factura mucho más pesada que la propia multa.
El CFMEU, ahora bajo administración externa tras la salida de Setka y la purga de cientos de cuadros de su era, se expone a una sanción de hasta 93.900 dólares. Su abogado, Andrew White, pidió al tribunal que moderara el castigo, alegando que el sindicato vive un giro cultural profundo.
Según White, la nueva dirección ya no considera romper la ley como “el coste de hacer negocios”, una frase que durante años definió la fama combativa —y muchas veces ilegal— del sindicato en el sector de la construcción. “Está arraigándose una nueva cultura de sindicalismo legal pero robusto”, afirmó.
El contexto no ayuda: todo esto estalla apenas tres días antes del inicio de las audiencias de la Royal Commission en Victoria sobre los proyectos de infraestructura del “Big Build”, marcados por denuncias de corrupción y crimen organizado. El nombre de Setka, que dejó el CFMEU pocas semanas después de sus ataques verbales a McBurney, vuelve a aparecer también en ese frente: afronta cargos penales separados por presunto acoso a los administradores del sindicato.
Mientras tanto, el último capítulo de esta batalla legal queda en manos del juez Snaden. Él fijará más adelante las sanciones para Setka y el CFMEU. Lo que decida no solo marcará el futuro inmediato del exlíder sindical, sino que pondrá a prueba si ese “nuevo” CFMEU realmente ha dejado atrás la vieja lógica de que violar la ley era solo parte del juego.






