Cánticos antisemitas de aficionados de Hajduk Split: la condena institucional
La policía croata investiga cánticos antisemitas de aficionados de Hajduk Split antes del duelo de Conference League ante Ajax, un episodio que vuelve a manchar el fútbol del país y reabre heridas que Europa creía superadas.
Una marcha convertida en provocación
Horas antes del partido del jueves, las imágenes comenzaron a circular en redes: grupos de seguidores de Hajduk, concentrados en las inmediaciones del estadio, entonando cánticos sobre Auschwitz y expresando apoyo a Adolf Hitler. No eran consignas aisladas. Formaban parte del ambiente de una gran marcha de aficionados hacia el campo.
Al frente de esa columna de hinchas, un coche amarillo encabezaba el cortejo. Sobre el techo, un ataúd con la palabra “Ajax” escrita de forma bien visible. Una escenografía pensada para humillar al rival, históricamente asociado a la comunidad judía de Ámsterdam, y que cruzó todas las líneas de lo tolerable.
Condena institucional inmediata
La reacción institucional en Croacia no tardó. La defensora del pueblo, Tena Simonovic Einwalter, nombrada por el Parlamento para velar por los derechos humanos, calificó el episodio como una “manifestación de odio e intolerancia”. No habló de exceso, ni de provocación puntual. Habló de odio.
El Gobierno croata también se pronunció con dureza. En un comunicado difundido en X, el Ejecutivo afirmó: “Condenamos enérgicamente los cánticos inaceptables que glorifican el régimen nazi, registrados entre una parte de los aficionados antes del partido de hoy en Split”. Y añadió que un comportamiento así supone una negación del deporte y de los valores democráticos que la Croacia moderna dice defender.
Mientras tanto, la policía local confirmó a BBC Sport que ya se habían producido detenciones relacionadas con los cánticos de la víspera, y que varias personas más habían sido identificadas y estaban siendo rastreadas.
El partido, eclipsado
Sobre el césped, Hajduk, subcampeón de la liga croata la pasada temporada, se impuso por 2-1 a Ajax. El resultado, sin embargo, quedó en un segundo plano. El encuentro se detuvo unos diez minutos por el lanzamiento de fuegos artificiales desde la grada, otra muestra de un clima enrarecido que nada tiene que ver con la pasión sana por el juego.
Tras el pitido final, el club croata publicó una disculpa en sus redes sociales. El mensaje no mencionó de forma explícita los cánticos antisemitas, pero sí asumió la obligación moral de pedir perdón.
“Cuando ocurren situaciones como la de hoy, estamos obligados a disculparnos ante quienes vinieron al estadio para animar al equipo, que regresaba a las competiciones europeas después de 16 años”, señaló el comunicado. “También pedimos disculpas al organizador de la competición y a la directiva y jugadores de Ajax, que fueron testigos de escenas por las que no queremos que Europa nos recuerde”.
El margen de actuación de Uefa
El marco disciplinario añade otro matiz incómodo. Uefa no tiene jurisdicción sobre lo que sucede fuera del estadio, por lo que los cánticos en la marcha previa escapan a su radio de acción. Sí puede intervenir, en cambio, ante incidentes dentro de las gradas o en el perímetro del recinto.
Ese matiz legal no borra la imagen. La agrava. Porque dibuja un espacio —las calles que llevan al estadio— donde el odio se siente impune, protegido por el vacío normativo y por una cultura de tolerancia a la discriminación que el fútbol croata arrastra desde hace años.
Un historial que no se cierra
No es la primera vez que el país se ve señalado por comportamientos de este tipo. En 2015, la Federación Croata de Fútbol tuvo que pedir disculpas después de que apareciera una esvástica marcada sobre el césped antes del clasificatorio para la Euro 2016 ante Italia, un escándalo que dio la vuelta al continente.
Más recientemente, un castigo por conductas discriminatorias de aficionados ante Francia provocó que el duelo de la Nations League contra Inglaterra se disputara a puerta cerrada. Solo se permitió la presencia de niños y adultos acompañantes, un intento de castigo ejemplarizante que no ha frenado la deriva.
La propia Simonovic Einwalter lo expresó con crudeza: “Lamentablemente, en lugar de disminuir y detenerse, estos fenómenos se extienden con más libertad y se intensifican, lo cual no sorprende después de que comportamientos similares anteriores se hayan encontrado con reacciones insuficientes por parte de altos cargos y organismos competentes”.
¿Hasta dónde puede mirar hacia otro lado el fútbol croata?
La pregunta ya no es si se trata de casos aislados, sino qué está dispuesto a hacer el sistema para cortar la raíz del problema. Las detenciones, las notas de condena y las disculpas públicas llegan siempre después. El daño, también a la reputación internacional del fútbol croata, ya está hecho.
Hajduk ganó a Ajax en el marcador, pero la noche dejó otra derrota, mucho más profunda: la de un club y un país que vuelven a ver cómo el ruido del odio tapa el sonido del balón. La próxima vez que Europa mire a Split, ¿verá un equipo competitivo o una grada que no aprende la lección de la historia?






