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Harriet Dart alcanza su primera final WTA en Guangzhou

Harriet Dart se derrumbó al final, pero no por agotamiento. Lloró de emoción. A los 30 años, tras casi una década dando vueltas por el circuito, la británica se metió por fin en su primera final individual de la WTA Tour al derrotar a la china Sun Xinran, invitada del torneo, en un duelo tenso, largo y lleno de giros: 5-7, 7-6 (7-1), 6-0 en algo menos de dos horas y media en el Guangzhou Open.

“Significa el mundo”, dijo, aún con la voz quebrada, tras sellar el pase. No era una frase hecha. Era la síntesis de un camino lleno de tropiezos, dudas y segundas oportunidades.

Un arranque torcido y una reacción furiosa

El partido empezó cuesta arriba para Dart. Doble falta en bola de break en su primer turno de saque, 0-3 en el marcador y sensaciones de partido grande que se le escapaba demasiado pronto. Desde el fondo, sin embargo, comenzó a ajustar, a encontrar ritmo, a mandar.

Encadenó cuatro juegos seguidos, se puso 5-4 y pasó a controlar los intercambios desde la línea de fondo. Parecía haber dado la vuelta al set. Pero el servicio, su talón de Aquiles en la manga inicial, volvió a traicionarla: dos nuevas dobles faltas cuando sacaba para cerrar y la frustración escrita en la cara.

Sun, campeona júnior del US Open con solo 16 años, no perdonó. Mantuvo su saque con autoridad, a 15, y rompió por tercera vez a la británica para llevarse el primer parcial. Fría, precisa, sin titubear en el tramo decisivo. La veterana sufría, la adolescente sonreía.

Nervios, quejas y un tie-break liberador

El segundo set fue una montaña rusa. Dart pegó primero, rompiendo en el juego inicial. Sun respondió de inmediato. Lo mismo en el quinto y el sexto: break de la británica, contra-break de la china. Nada de control, solo tensión.

En medio de ese pulso, Dart empezó también a pelearse con el ambiente. Se quejó en varias ocasiones a la juez de silla por el ruido del público local, incómoda, al límite emocional. Aun así, cuando el partido se acercó al borde del abismo, resistió.

Tuvo que sacar dos veces para seguir viva en el segundo set. Dos veces lo hizo. Ahí cambió todo. Llegado el tie-break, la británica se soltó. De repente, el brazo fluyó. Golpes más limpios, decisiones más claras. Lo ganó por 7-1, en un estallido de autoridad que silenció a la grada y la devolvió de golpe al partido.

“Fue una montaña rusa. Estaba luchando conmigo misma”, reconoció después. “Estoy orgullosa del segundo set y de cómo pude darle la vuelta rápido”.

Un 6-0 con mensaje

El golpe psicológico fue demoledor para Sun. La joven china, que ya venía tocada física y emocionalmente, pidió un tiempo médico para tratarse la pierna izquierda. El cuerpo empezaba a pasar factura a sus 16 años y a un torneo de alta exigencia.

Dart olió la sangre. Con la experiencia de tantas batallas menores en el circuito, no dejó escapar la oportunidad. Se adueñó del tercer set desde el primer punto. Dominó los peloteos, leyó cada segundo saque de su rival, cerró la red cuando tocaba. No concedió ni una rendija.

El marcador final del parcial lo dice todo: 6-0, 28 puntos ganados de 41 disputados. Un paseo solo en apariencia, porque detrás había dos horas de desgaste mental y una clasificación que se le había escapado demasiadas veces en su carrera.

Un premio a la perseverancia… y una cita con la historia personal

Dart, que debutó en la WTA Tour en Eastbourne en 2015 y que apenas disputaba su segunda semifinal a este nivel tras la de este año en el Transylvania Open, rompió por fin ese techo invisible que la había acompañado durante años.

Actual número cinco británica, llegaba a Guangzhou desde la fase previa y ya se ha garantizado subir 14 puestos hasta situarse, de momento, en el 101 del ranking en vivo. Si gana el domingo, volverá al top 100. Un territorio que conoce, pero del que fue expulsada y al que ahora puede regresar con una final como carta de presentación.

En la lucha por el título la espera la cuarta cabeza de serie, Lilli Tagger, o Kaitlin Quevedo. Un duelo que no solo vale un trofeo: para Dart, es la oportunidad de poner un punto y aparte a su carrera, de convertir años de resistencia silenciosa en una historia que, por fin, se escribe en mayúsculas.

Harriet Dart alcanza su primera final WTA en Guangzhou