Gasperini responde a Mourinho tras el colapso de Roma
Durante 80 minutos, Roma jugó el partido que había soñado. Mandó en el ritmo, mandó en las áreas, mandó en las sensaciones. El Olímpico rugía, el Madrid sufría. Parecía una noche grande para el fútbol italiano.
Luego llegaron los saques de esquina. Y con ellos, el naufragio.
El giro final del guion encendió la mecha de una polémica que explotó nada más acabar el encuentro. José Mourinho, fiel a su estilo, no tuvo piedad en su análisis. El técnico portugués apuntó directamente al colapso físico y mental de los jugadores de Roma tras el 3-1, una frase que encendió a Gian Piero Gasperini.
“En el 3-1 pensaron que el partido estaba muerto, pero en realidad los jugadores de Roma estaban muertos”, dijo Mourinho en Amazon Prime, resumiendo el tramo final como una rendición total del equipo italiano ante la presión blanca y su batería de jugadas a balón parado.
La respuesta de Gasperini no tardó. Ni fue suave.
El entrenador de Roma, aún con la rabia fresca de haber visto a su equipo encajar tres goles de córner en un final de pesadilla, defendió con firmeza la actuación de los suyos y dio la vuelta al relato propuesto por el portugués. “No lo creo. Me parece que, si alguien no podía más, eran ellos. Podríamos haber marcado algunos goles más. Fueron superados en todos los aspectos”, lanzó en rueda de prensa.
El italiano no negó la evidencia del marcador, pero se agarró a lo que había visto durante la mayor parte del choque. “Ellos marcaron los goles y eso cuenta, hicieron bien en usar su físico. Por lo demás, desde luego no estuvieron a la altura”, remató, subrayando que, para él, el resultado no reflejó la diferencia de juego mostrada durante largos tramos.
Un final paralizado
La herida de Gasperini no es solo el resultado. Es el cómo. Roma controló el partido durante 80 minutos y, de pronto, se quedó rígida, bloqueada, justo cuando Madrid decidió volcar toda su potencia aérea en el área italiana.
“Nos quedamos clavados en la línea de meta, paralizados”, confesó en Sky Sport Italia. Lo que más le desconcierta es que los avisos ya estaban ahí. “Incluso en la primera parte ellos habían tenido córners y no habíamos mostrado esta fragilidad”, recordó. Por eso el desplome defensivo del tramo final le resulta tan difícil de digerir.
Los goles, admitió, llegaron con una facilidad inadmisible a este nivel. “Marcaron goles con demasiada facilidad; en un partido así, estos episodios no deberían haberse dado. Es difícil levantarse después de una derrota como esta”, reconoció. Aun así, marcó el camino para el vestuario: “Debemos volver a empezar desde el partido hasta los goles encajados, debemos reaccionar, de lo contrario todo lo bueno que hemos hecho queda anulado”.
Lesiones y personalidad en cuestión
La noche se volvió aún más amarga con los problemas físicos de dos piezas clave: Manu Koné y Paulo Dybala. Ambos tuvieron que abandonar el campo durante el encuentro, añadiendo preocupación a la frustración deportiva.
Gasperini detalló el parte médico inicial: “Para Koné es un problema muscular, mientras que Dybala sintió que se le cargaba un poco el gemelo. El problema de Koné parece un poco más serio. En estos partidos de alta intensidad, las pequeñas lesiones son inevitables, pero reaccionaremos con fuerza a este contratiempo”.
El técnico no escondió que, más allá de las piernas, falló la cabeza. El tramo final dejó la sensación de un equipo que no supo leer el momento. “Quizá faltó personalidad y no entendimos que el momento era crucial. Esto forma parte del fútbol, aunque sea inusual. Tenemos que encontrar la fuerza para empezar de nuevo desde esos 80 buenos minutos y responder”, explicó.
Ahí, en esa mezcla de cansancio, presión y falta de temple, Gasperini sitúa la clave del desplome. No habló de un equipo fundido físicamente, sino de un grupo que no supo gestionar la embestida final de un rival que vive cómodo en el caos del área.
La vieja herida del balón parado
Cuando Madrid empezó a llenar el área de cuerpos y centímetros, Roma se encogió. Gasperini lo reconoció sin rodeos y lo señaló como un defecto recurrente de su equipo. “Algunos equipos simplemente lanzan hombres hacia adelante. Somos vulnerables en esas situaciones. Pasa contra estos equipos con una gran fisicidad, y es una situación en la que debemos mejorar”, admitió.
No lo dijo como excusa, sino como diagnóstico. Roma fue mejor con la pelota, más limpia en la circulación, más clara en las ocasiones. Pero Madrid encontró una puerta de entrada muy concreta: el balón parado. Por ahí se escapó todo.
Gasperini insistió en que el derrumbe no fue producto de un bajón físico general. “No fue una caída física porque incluso con 3-1 seguimos jugando y podríamos haber finalizado mejor algunas jugadas”, defendió. Para él, la diferencia estuvo en esos detalles en el área propia, donde el Madrid impuso su ley. “Los goles llegaron en esas acciones a balón parado, que es mérito de ellos”, concedió.
Entre la euforia y el golpe
La sensación que queda en Roma es esquizofrénica: un equipo que se vio superior durante casi todo el partido, pero que se marcha con una derrota que duele como pocas. “Nos vamos decepcionados, pero fuimos mejores que el Real. Ellos solo tenían esa arma”, afirmó Gasperini, todavía con el eco del Olímpico en la cabeza.
De la euforia a la decepción en cuestión de minutos. El propio técnico lo resumió así: “Pasamos de la euforia a la desilusión, y debe digerirse rápidamente”.
Esa digestión marcará el próximo tramo de la temporada. O Roma convierte estos 80 minutos de autoridad y 10 de colapso en una lección que la acerque a la élite, o esta noche quedará archivada como otra oportunidad perdida ante un gigante que, incluso cuando parece superado, sabe cómo golpear donde más duele.





