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Carlos Alcaraz avanza a semifinales en Viena y se enfrenta a Daniil Medvedev

Carlos Alcaraz ya está en las semifinales de Viena. El número uno del mundo superó a Tommy Paul por 6-4 y 7-6(2) en un duelo exigente, intenso, con más trampas de las que sugería el marcador en sets corridos, y se ganó un cruce de alto voltaje ante Daniil Medvedev por un lugar en la final.

El triunfo le lleva, además, a la 50ª semifinal de su carrera profesional. Una cifra que habla de regularidad y de jerarquía… y que llega en una noche en la que el español tuvo que remangarse más de una vez.

Un arranque espeso, un cierre de campeón

Alcaraz tardó en encontrar el ritmo. Su derecha, normalmente afilada, se le fue larga en varios momentos del primer set. Paul lo notó y se agarró al partido, variando alturas, cambiando direcciones, obligando al murciano a golpear siempre una bola más.

El estadounidense incomodó, resistió, estiró los intercambios y aprovechó cada pequeña desconexión del español. Durante algunos juegos, Alcaraz encadenó errores poco habituales, lo justo para que se abriera la puerta a una posible reacción de Paul.

Pero cuando el set se acercaba a la zona caliente, el número uno apretó. Ajustó el resto, subió un punto la agresividad con el primer golpe y comenzó a mandar en los peloteos largos. El quiebre llegó en el momento oportuno y el 6-4 cayó de su lado con la frialdad de quien está acostumbrado a resolver bajo presión.

Un segundo set al límite

El segundo parcial fue otra historia. Más cerrado, más tenso. Ninguno de los dos quiso ceder terreno y el saque se convirtió en un escudo. Paul siguió firme, sin regalar nada, y Alcaraz alternó ráfagas de brillantez con pequeños baches que mantuvieron vivo al americano.

Hubo puntos de alta intensidad, con ambos intercambiando golpes pesados desde el fondo y subidas oportunas a la red. El público disfrutó y el partido se fue, casi inevitablemente, al desempate.

Ahí apareció el Alcaraz que marca diferencias. Entró al ‘tie-break’ con decisión, tomó la iniciativa desde el primer punto y no soltó el mando. Aceleró con la derecha, leyó bien el saque de Paul y se adueñó del marcador hasta cerrarlo por 7-2. Sin necesidad de tercer set, sin concesiones en el momento clave.

Medvedev, la vieja espina

Ahora espera Daniil Medvedev. No es un rival más. El ruso llega a Viena lanzado tras coronarse en Almaty y después de superar varios partidos duros en su camino hasta semifinales. Viene en buena forma, con confianza y con un historial reciente favorable ante el español.

Ahí está el matiz personal del duelo. Alcaraz no vence a Medvedev desde su enfrentamiento de semifinales en Beijing en 2024. Desde entonces, el ruso ha inclinado la balanza a su favor, incluida su última cita en Indian Wells, donde volvió a imponerse.

Para el murciano, el cruce en Viena va mucho más allá de una simple plaza en la final. Es una oportunidad para romper la racha, para superar de nuevo ese muro táctico y mental que supone Medvedev, y para reforzar su autoridad frente a un rival directo en la cima del circuito.

Quiere alargar su camino en la capital austríaca. Quiere, sobre todo, recuperar esa sensación de tener la mano ganadora en esta rivalidad. Porque si consigue derribar de nuevo a Medvedev, no solo se plantará en otra final: enviará un mensaje claro de quién manda en esta generación.