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La sombra del poder: Burnham y las reuniones ocultas con Manchester City

El terremoto por los “contratos falsos” que sacude a Manchester City ya no se limita a los despachos de la Premier League. Ha llegado al corazón de Downing Street. Andy Burnham, hoy primer ministro británico y durante casi una década alcalde del Gran Manchester, se ve atrapado en una maraña de reuniones, registros borrados y explicaciones que ya no encajan.

Durante días, Burnham intentó contener la presión. Bajo el fuego de la oposición, prometió transparencia total sobre sus tratos con los dueños emiratíes del club. Aseguró haber mantenido solo una reunión significativa con la cúpula de Manchester City. Una vez. Nada más.

El problema es que los papeles cuentan otra historia.

Seis reuniones, no una

Según reveló The Sun, Burnham se reunió al menos seis veces con dirigentes de Manchester City durante su etapa como alcalde, entre mayo de 2017 y junio de 2026, justo cuando el grupo de Abu Dabi aceleraba sus inversiones en la ciudad.

Ese número dinamita su versión ante los diputados. Y abre una grieta política en el momento más delicado, con el club declarado culpable de más de 100 infracciones graves de las normas financieras de la Premier League, el mayor caso de este tipo en la historia de la competición.

La advertencia al primer ministro fue clara: las preguntas sobre su relación con los propietarios del club inmerso en un escándalo de manipulación financiera “no van a desaparecer”.

The Sun publicó un antiguo registro de intereses —posteriormente eliminado— que mostraba que Burnham fue agasajado en dos ocasiones por el presidente de Manchester City, Khaldoon Al Mubarak. Dos cenas de alto nivel que contradicen su afirmación en la Cámara de los Comunes de haber realizado solo una reunión relevante con responsables del club.

A la vez, salieron a la luz nuevos vínculos desde el propio Ayuntamiento. Su sucesora como alcaldesa de Manchester, Bev Craig, llevó a un representante del club en un viaje oficial a Delhi y Mumbai, organizado por el secretario de Empresa, Jonathan Reynolds. El club, una vez más, sentado en la mesa del poder.

La preocupación por Abu Dabi… y los 30.000 millones

Burnham quedó bajo el microscopio cuando declaró que le preocuparía “muchísimo” perder a los propietarios de Abu Dabi. Esa frase, en medio de la tormenta regulatoria, sonó a confesión de dependencia económica.

Fuentes en Emiratos Árabes Unidos apuntan a que el castigo que se cierne sobre Manchester City podría poner en riesgo hasta 30.000 millones de libras en inversiones británicas vinculadas al grupo. Una cifra que explica por qué el debate ya no es solo deportivo, sino estratégico para el Reino Unido.

Ayer, en la Cámara de los Comunes, Burnham trató de afinar su relato. Aseguró que su comentario sobre visitas gratuitas al Etihad Stadium “en unas pocas ocasiones” incluía esas dos cenas con Al Mubarak. Y remarcó que nunca hablaron de la investigación que lleva a cabo la comisión independiente sobre el club.

La líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, no compró la explicación: “No creo que su respuesta, cuidadosamente redactada, vaya a ser suficiente”, replicó. El tono dejó claro que la oposición huele sangre.

Reuniones privadas, arena Co-op Live y registros borrados

Los documentos no solo hablan de cenas. Otros registros muestran reuniones privadas con la cúpula ejecutiva del club en fechas muy recientes.

En 2023, Burnham se reunió con Ferran Soriano, director ejecutivo de Manchester City. En 2025, hizo lo propio con Roel de Vries, antiguo director de operaciones. Ambas citas, según se entiende, tuvieron lugar en el recinto Co-op Live, el nuevo pabellón multiusos de la ciudad, del que una parte pertenece al Abu Dhabi United Group de Sheikh Mansour.

La reunión con Soriano, también director de Co-op Live, llegó justo después de finalizar las obras del techo del recinto. La cita con De Vries se enmarcó en la celebración de que Manchester acogiera los Brit Awards. Política local, grandes eventos y los mismos actores financieros en la misma mesa.

Mientras tanto, un vídeo difundido anoche añadió otra pieza incómoda. En las imágenes se ve a Burnham el 15 de diciembre de 2018 en un partido de Manchester City ante Everton, el equipo de sus amores. El bloguero Ian Cheeseman lo entrevistó a las puertas del exclusivo Tunnel Club, la zona de hospitalidad premium del estadio.

La duda clave sigue sin respuesta: ¿pagó Burnham de su bolsillo esa experiencia? Ninguna visita de ese tipo figura en los registros de intereses.

En 2020 sí firmó un registro que recogía las dos cenas con Al Mubarak. Ese documento, sin embargo, fue eliminado de la web de la Greater Manchester Combined Authority. La BBC explicó que la política oficial es publicar solo las entradas correspondientes al mandato actual del alcalde. Pero hay un matiz que alimenta las sospechas: siguen accesibles registros de 2022, pese a que el mandato actual comenzó en 2024.

Castigo al club, beneficios para el barrio

En este tablero, Bev Craig ha intentado marcar distancia. Preguntada por The Guardian sobre la inversión de Abu Dabi en el entorno del estadio de City, la alcaldesa fue tajante en lo deportivo:

“Si un club de fútbol ha roto las reglas, entonces un club de fútbol debe ser castigado por romper las reglas”, afirmó.

Luego añadió otra capa al debate, la que sienten los vecinos del este de Manchester. “Creo que también puede ser cierto al mismo tiempo que, si preguntas a la gente del este de Manchester si se han beneficiado de una nueva biblioteca, un nuevo centro de ocio o un nuevo instituto de educación postobligatoria, habrán sentido ese beneficio”.

Ahí está la tensión de fondo: un club acusado de violaciones financieras masivas, un entramado de reuniones políticas sin registrar con sus dueños y ejecutivos, y una ciudad que ha visto cómo el dinero de Abu Dabi transformaba barrios enteros.

Mientras Manchester City espera sanciones históricas y la Premier League defiende su credibilidad, Burnham ya no solo lucha por el relato deportivo o económico. Lucha por algo mucho más frágil: la percepción de hasta dónde puede llegar la cercanía entre el poder político y el poder del fútbol cuando hay miles de millones en juego.