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Alexander Zverev alcanza el número uno del mundo en tenis

Alexander Zverev ya está en la cima que parecía vetada para su generación. El alemán, durante años atrapado entre el final de la era de los gigantes y el estallido de una nueva hornada de prodigios, se convertirá el lunes en el número uno del mundo. Tarde, a los 29. Pero en el momento en que, por fin, todo encaja.

Durante casi una década fue el eterno “siguiente”. El talento que irrumpió en la década de 2010, pero que chocó una y otra vez contra el muro más alto que ha conocido el tenis: Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic y Andy Murray. Ese cuarteto monopolizó títulos, semanas en el trono y espacio mental. Zverev crecía, ganaba, se acercaba… pero siempre encontraba una sombra más grande.

Ni siquiera sus dos títulos de las ATP Finals, conquistados en años distintos, ni el oro olímpico de 2021 lograron cambiar el relato. Mientras él tropezaba en los grandes escenarios de los Grand Slams, la escena se reordenaba. Cuando los miembros del llamado “Big Four” empezaban a ceder terreno, aparecieron Jannik Sinner y Carlos Alcaraz para levantar otro muro justo delante de él.

Este año, sin embargo, el guion dio un giro. Zverev aprovechó las lesiones de sus grandes rivales y encontró un nivel sostenido que durante mucho tiempo se le había negado en los majors. Ganó Roland Garros. Ganó el US Open. Alcanzó la final de Wimbledon. Y con esa regularidad, con ese cuerpo por fin resistente, escaló hasta la cumbre del ranking.

“Es increíblemente especial”, confesó el alemán, que desbancará a Sinner y se convertirá en el trigésimo hombre que lidera la clasificación mundial desde su creación en 1973. “Es algo por lo que he trabajado durante años y tienes que mostrar un gran tenis todo el año para estar en esta posición”.

Su nombre entra en una lista selecta y, a la vez, revela una brecha generacional peculiar. Zverev será solo el segundo número uno mundial —tras Daniil Medvedev— de esa camada de jugadores que hoy ronda la treintena, moldeada a la sombra de Federer, Nadal, Djokovic y Murray, pero incapaz de destronarlos en su apogeo. El techo siempre estuvo cerca; nunca tan cerca como en 2022, cuando una grave lesión de tobillo en Roland Garros cortó en seco su asalto definitivo.

Aquel percance no solo frenó su progresión. Al volver, el escenario había cambiado. Sinner y Alcaraz empezaban a repartirse los grandes títulos hasta acumular 12 Grand Slams entre ambos, mientras Zverev seguía buscando su primera gran corona. El tiempo parecía haberse puesto en su contra.

Este curso, el contexto se abrió. La temporada de Alcaraz se vio interrumpida por un problema de muñeca. Sinner lidió con una lesión de rodilla. Ahí apareció la otra cara de Zverev: la del jugador resistente, constante, capaz de estar siempre en la pista cuando el resto se cae. Su fiabilidad física y mental marcó la diferencia. Roland Garros, Flushing Meadows, final en Wimbledon. Un año que, en sus palabras, roza lo onírico.

“He tenido muchos momentos difíciles en mi carrera: finales de Grand Slam perdidas, la lesión de 2022”, recordó. “Pero de alguna manera siempre seguí creyendo, seguí adelante. Este año también di el paso de cambiar un poco mi juego y reconstruirlo, con 29 años. La forma en que ha ido esta temporada es un sueño”.

Su ascenso, sin embargo, no se entiende solo desde la línea de fondo. La trayectoria de Zverev ha estado marcada también por episodios turbulentos lejos de la pista. En Alemania, un tribunal cerró en 2024 un caso relacionado con su ex pareja Brenda Patea tras un acuerdo, sin declaración de culpabilidad. La ATP, por su parte, dio por concluida en 2023 una investigación independiente sobre las acusaciones de Olga Sharypova por falta de pruebas suficientes. Zverev ha negado de forma reiterada todas las acusaciones de malos tratos.

En lo estrictamente deportivo, su condición de número uno no acallará todos los debates. Su balance de 3-8 ante rivales del top-10 esta temporada alimenta la discusión sobre si la cima del ranking refleja de manera automática quién es “el mejor” del circuito en este momento. El reputado técnico Patrick Mouratoglou introdujo otro ángulo en la conversación: la salud como talento.

“Un jugador no solo rinde en la pista, también consiste en estar sano, gestionar tu cuerpo”, apuntó el entrenador. “Si alguien nunca se lesiona y otros se lesionan a menudo, el que no se lesiona probablemente acabará con un ranking más alto… mantenerse sano cuando eres un deportista profesional es una habilidad real”.

En el caso de Zverev, esa habilidad tiene un matiz añadido. Convive con una diabetes tipo 1 desde la infancia, un desafío constante para un deportista de élite que exige todavía más disciplina en la gestión del esfuerzo. Su durabilidad nunca fue un detalle menor; hoy es uno de los pilares de su coronación.

El propio jugador admite que llegar al número uno a esta edad le da una perspectiva distinta sobre lo que implica ese estatus. Ya no es el joven que irrumpe sin cargas, sino un tenista maduro, consciente del peso del escaparate y del objetivo que lleva ahora en la espalda.

“La posición de número uno trae muchas cosas consigo”, subrayó Zverev, que se convierte en el segundo alemán en alcanzar la cima del ranking masculino tras Boris Becker en 1991. “Tienes que ser un buen modelo a seguir, hacer muchas cosas bien y, en la pista, eso significa más que restar y sacar bien. Todavía tengo a Carlos y a Jannik. Ojalá pueda seguir compitiendo con ellos en los próximos años”.

La vieja generación se resiste a desaparecer, la nueva empuja con hambre y el hombre que durante tanto tiempo vivió en tierra de nadie ha encontrado, por fin, su lugar en lo más alto. Ahora queda por ver cuánto tiempo puede resistir ahí, rodeado por dos rivales que no entienden de concesiones.