West Ham y la frustración de un empate ante QPR
Jarrod Bowen rozó la gloria y acabó mordiéndose la rabia. Minuto 91, balón en el punto de penalti, opción de colocar a West Ham en lo más alto del Sky Bet Championship. Golpeó fuerte, abajo, a su lado bueno. Y allí apareció Pierce Charles, felino, para negar el triunfo y convertir una noche de remontada en un 1-1 frustrante ante QPR en el Este de Londres.
El portero no solo adivinó la intención. Blocó abajo, se levantó como un resorte y, cuando Arne Engels se lanzó al rechace, voló de nuevo para desviar el segundo disparo por encima del larguero. Dos paradas en un suspiro. Dos paradas que valen un punto y empujan a QPR hasta la quinta plaza.
Un penalti que encendió el partido… y a Soucek
Hasta entonces, el encuentro había sido espeso, muy lejos del 6-0 de West Ham sobre Wrexham en su último partido en casa. El equipo de Nuno Espirito Santo arrancó plano, sin ritmo, casi anestesiado. Dos tiros en toda la primera parte, un xG de 0,07 y sensación de equipo pesado tras el parón internacional.
Y en el minuto 18 llegó la jugada que cambió el tono de la noche. Tomas Soucek, en su primer partido de la temporada tras recuperarse de una lesión de tobillo sufrida en el Mundial, se lanzó al suelo para frenar la carrera de Paul Smyth, chispa permanente de QPR, al borde del área.
El checo tocó balón. Él lo tuvo clarísimo. Pero Ruebyn Ricardo vio otra cosa. Señaló el punto de penalti sin dudar. Soucek se llevó las manos a la cabeza, incrédulo. Desde la cabina, Lee Hendrie no se guardó nada: “Eso no es penalti. De ninguna manera. Es un error absoluto”, sentenció en co-comentario. En el descanso, Rob Green fue igual de contundente al analizar la acción: el árbitro no dejó “respirar” la jugada, no se dio un segundo para pensar qué había ocurrido realmente.
Sobre el césped ya no había marcha atrás. Nicolas Madsen se plantó frente a la pelota y ejecutó con frialdad, raso, ajustado, sin dar opción. 0-1 y West Ham obligado a remar contra una decisión que, según Soucek, el propio árbitro reconocería después como errónea.
“Estaba tan contento de haber ganado el balón”, explicó el centrocampista a Sky Sports tras el encuentro. “Desde mi perspectiva es un error enorme. Cuando lo vi por dentro, aún peor. Después del partido me dijo que se había equivocado, pero durante el juego no quiso hablar conmigo. Me decepcionó, tuvo un gran impacto en mí y en el equipo. Al menos sacamos un punto”.
West Ham despierta tarde, Bowen enciende al estadio
Hasta el minuto 70, ese penalti era la única diferencia real entre los dos. QPR se sentía cómodo, West Ham circulaba sin filo. El público empezaba a impacientarse. Entonces, Bowen decidió cambiar el guion.
El capitán atacó el espacio, se despegó de Tariq Lamptey, armó un primer disparo que se estrelló en un defensor, y no dudó en repetir. El segundo zurdazo fue seco, violento, imposible para Charles. Séptimo gol de la temporada, rugido del estadio y sensación de que el partido, por fin, pertenecía al equipo de Nuno.
Bowen olió sangre. Probó de nuevo y volvió a encontrarse con un Charles muy atento, que evitó el segundo con una parada firme. QPR, que había vivido tranquilo durante una hora, empezó a defender cada centro como si fuera el último. El reloj corría y el área visitante se llenaba de camisetas locales.
Otro penalti, otro giro, otro héroe
El asedio tuvo premio en el minuto 90. Amadou Mbengue se enredó con Pablo dentro del área, agarrón claro de camiseta, y los árbitros no dudaron esta vez. Nuevo penalti. Mismo ejecutor. Misma portería.
Bowen tomó aire. Tenía en sus botas el liderato del Championship y la posibilidad de firmar una remontada de manual. Pero la noche ya tenía dueño: Pierce Charles. Se lanzó bajo a su izquierda, repelió el disparo y, cuando Engels llegó al rechace con todo a favor, reaccionó con una mano salvadora que desató el festejo de los jugadores de QPR. Para West Ham, fue un golpe seco. Para Charles, la consagración.
Nuno lo resumió sin rodeos ante las cámaras: “Podríamos haber ganado al final, pero no empezamos bien. No fuimos precisos en el pase, el juego no fluyó. La primera parte no fue buena. Reaccionamos desde el 0-1 y tuvimos ocasiones para ganar. Después de un parón siempre hay incógnitas con los jugadores, pero esperamos mucho más. Tenemos calidad de sobra para hacerlo mejor”. Sobre el penalti a Soucek, fue igual de claro: “No es una buena decisión. El árbitro no acertó. Las imágenes son claras”.
El punto deja a West Ham sin el liderato que rozó dos veces desde los once metros, con la sensación de haber regalado una hora y de depender demasiado del impulso de su capitán. QPR, en cambio, se marcha con la certeza de que puede resistir bajo fuego intenso y con un guardameta que, al menos por una noche, sostuvo él solo el peso de la clasificación.
La pregunta es sencilla y brutal para los de Nuno: ¿cuántas oportunidades así se pueden desperdiciar en una carrera tan larga como el Championship sin pagarlo caro al final?






