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Tottenham recupera a Kulusevski y rompe la racha

Tottenham Hotspur ganó. En casa. Y eso, en este momento de su historia reciente, pesa casi tanto como un título menor. No fue una exhibición perfecta, hubo nervios, dudas y alguna que otra concesión, pero también destellos de talento que recuerdan por qué este equipo sigue obsesionado con la belleza del gol.

James Maddison y Omar Marmoush firmaron acciones que rozan la categoría de postal. Tottenham parece abonado a los goles imposibles, a esos remates que no solo suben al marcador, sino que se quedan en la memoria. Y como si el guion necesitara un giro más, apareció Ben Davies con una trivela digna de repetición constante. Un golpeo de pura técnica, más propio de un vídeo recopilatorio que de un partido cargado de tensión.

Pero nada de lo que ocurrió sobre el césped fue tan significativo como el momento que se venía esperando desde hacía más de un año: el regreso de Dejan Kulusevski.

El regreso que muchos pensaron que nunca llegaría

Más de 500 días fuera. Una eternidad en la vida de un futbolista. Tiempo suficiente para que se hablara, en voz baja, de un posible final prematuro. Para que los aficionados se acostumbraran a no verlo en las alineaciones. Para que doliera.

Esta vez, sin embargo, la historia se inclinó del lado de la resistencia. El trabajo de médicos, fisioterapeutas y del propio jugador encontró su recompensa en una noche que se sintió casi catártica en el estadio. Cuando Roberto De Zerbi anunció que Kulusevski estaría en el banquillo, muchos pensaron que sería un gesto simbólico, un guiño al vestuario y a la grada. Puro mensaje emocional.

Luego llegó el partido ante Coventry. Tottenham, de forma casi improbable, se encontró por delante en el marcador. Y en ese contexto, con el nerviosismo flotando en el ambiente, De Zerbi miró al banquillo y decidió que había llegado el momento.

Kulusevski cruzó la línea de banda y el estadio explotó. No era solo la entrada de un futbolista. Era la reaparición de una figura que, en su mejor versión, había dado identidad al ataque de los Spurs.

El propio De Zerbi lo explicó después, subrayando el peso del vínculo entre jugador y afición, y recordando el sufrimiento acumulado durante las últimas temporadas. El mensaje era claro: la gente merecía volver a verlo sobre el césped; él merecía volver a escuchar ese reconocimiento.

Señales de vida… y de futuro

Kulusevski no se limitó a saludar a la grada. Dejó detalles. Esa carrera en la recta final del segundo tiempo, con su clásica conducción hacia dentro, recordó al extremo incisivo que tantas veces había amenazado desde la frontal. Le faltó el remate de siempre, ese disparo que parece teleguiado. Esta vez no llegó. Quizá la próxima sí.

Más allá de la carga emocional, el análisis frío del encuentro también ofrece motivos para el optimismo. De Zerbi fue honesto: ha visto actuaciones mejores del equipo esta temporada. Pero las victorias mandan, y esta, por contexto y por nombres propios, puede marcar un punto de inflexión.

Maddison estuvo a un nivel altísimo, manejando los tiempos, inventando líneas de pase donde no parecía haber espacio y asumiendo el protagonismo en los momentos calientes. Marmoush respondió con personalidad, aportando movilidad y pegada. Entre ambos sostuvieron buena parte del peso ofensivo.

Hubo también espacio para mirar al medio plazo. Sandro Tonali dejó sensaciones interesantes, aportando criterio en la circulación y carácter en los duelos. Mateus Fernandes mostró detalles que invitan a seguirlo de cerca. No todas las dudas se despejaron: Jan Paul van Hecke sigue sin convencer del todo, todavía lejos de transmitir la seguridad que exige el puesto.

Pero, por encima de nombres y matices tácticos, quedó una certeza: Tottenham recuperó a Kulusevski.

Y con él, algo más que un extremo. Recuperó una parte de su identidad. La pregunta, ahora, es cuánto puede cambiar su temporada con Deki de nuevo sobre el césped.