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Roberto De Zerbi y la reconstrucción del Tottenham Hotspur

Roberto De Zerbi puede acabar rozando los 400 millones de libras en su reconstrucción del Tottenham Hotspur. Pero bastó el primer partido de la nueva Premier League para recordar una verdad incómoda: no hay chequera que compre carácter ganador.

El italiano ya sabía dónde se metía. Cuando llegó en marzo, con solo siete jornadas por delante y el equipo mirando de reojo al abismo, se definió casi más psicólogo que entrenador. Cumplió el encargo por los pelos, con una agónica salvación en la última fecha ante el Everton. Desde entonces, el club le ha puesto sobre la mesa un presupuesto descomunal para evitar otro curso de pesadilla.

Y, sin embargo, el estreno fue precisamente eso: una pesadilla.

Un baño de realidad en el oeste de Londres

El plan era otro. Nuevo proyecto, fichajes de campanillas, discurso renovado y un aire de ilusión que se notaba en el rincón visitante del Gtech Community Stadium. La afición de los Spurs recibió a sus nuevas caras con un entusiasmo atronador.

En menos de una hora, ese mismo sector se vaciaba a ojos vista.

Brentford olió sangre desde el primer minuto. Cada vez que el Tottenham se veía sometido a un mínimo de presión, se resquebrajaba. El 3-0 de Michael Kayode en el 49’ fue la señal para la desbandada: muchos aficionados se levantaron y se marcharon sin esperar a ver si el castigo aumentaba.

Pudo hacerlo. Igor Thiago, normalmente fiable desde los once metros, estrelló un penalti en el poste. Ni siquiera ese alivio parcial suaviza lo que fue, para De Zerbi y su plantilla, un día de auténtico escarmiento.

En la grada, un invitado ilustre: Jon Bon Jovi. El rockero se marchó con material de sobra para varios discos de baladas tristes. El Tottenham arrancó mal y se desmoronó a toda velocidad.

Fichajes de lujo, respuesta de cristal

De Zerbi apostó fuerte desde el inicio: debut para cuatro de sus grandes incorporaciones, Andrew Robertson, Marcos Senesi, Jan Paul van Hecke y Sandro Tonali. Sobre el papel, un salto de calidad. Sobre el césped, un desplome colectivo. Ninguno destacó. Tampoco sus compañeros.

Tonali, fichado por 100 millones de libras procedente del Newcastle United, fue el símbolo de la tarde. Llegaba como pieza angular del nuevo proyecto y acabó completamente superado por Mamadou Sangare, el fichaje récord del Brentford y el mejor futbolista del encuentro. El italiano dejó solo una acción para el recuerdo: un disparo en la primera parte que se marchó altísimo, suficiente para que la grada local cantara que el Tottenham había tirado el dinero.

Matheus Fernades, 85 millones desde el West Ham United, entró desde el banquillo. Savinho y quizá Omar Marmoush deben añadir profundidad y alternativas. Pero el problema no estuvo en la nómina, sino en el alma: faltó corazón, faltó pelea, faltó orgullo.

Y eso inquieta más que cualquier desajuste táctico.

“No podemos jugar así”

El propio De Zerbi no se escondió ante los micrófonos de BBC Sport:

«Mal partido. Perdimos y sufrimos la diferencia en los duelos. Fue la clave del partido. No luchamos de la manera correcta. Quizá mérito de ellos, porque es la mejor cualidad que tiene Brentford.

»Nuestra condición física no estaba al nivel adecuado para todos los jugadores porque muchos llegaron más tarde tras el Mundial y había muchos nuevos en la plantilla y en el once inicial. Pero tenemos que analizar este partido mejor porque no podemos jugar así en este tipo de encuentros».

El técnico apuntó a la falta de preparación de varios futbolistas, entre ellos Senesi, Van Hecke y el propio Tonali, y admitió que ya sabía que no estaban en su mejor momento físico. Lo físico, sin embargo, no explica la ausencia de fundamentos básicos, la escasa resiliencia y la superioridad absoluta del Brentford en cada sector del campo.

«Estoy sorprendido por el resultado y la actuación. Sabía que no estábamos en la condición adecuada. No podemos buscar excusas. Lo siento por el resultado y la actuación. Estamos empezando un nuevo proyecto y no encontramos el principio», añadió.

Viejos fantasmas en un nuevo proyecto

El arranque fue un déjà vu inquietante. Desde el primer minuto, el “nuevo” Tottenham se pareció demasiado al viejo: nervioso, blando en los choques, sin respuestas cuando el rival subía una marcha. Brentford detectó la fragilidad y fue a por ellos sin contemplaciones.

Y los expuso.

Antes de que Keane Lewis-Potter abriera el marcador en el minuto 12, los locales ya habían tenido opciones claras. Cuando Vitaly Janelt hizo el 2-0 antes del descanso, el partido parecía sentenciado. El Tottenham no daba señales de tener el carácter para levantarse.

En la banda, De Zerbi gesticulaba, gritaba, intentaba encender a los suyos. En el césped, cabezas gachas, duelos perdidos, un equipo que se aferraba más a la desesperación que a la convicción. Conor Gallagher y Lucas Bergvall no salieron tras el descanso, aunque bien podrían haber tenido compañía en el camino al vestuario.

El italiano tiene por delante un trabajo que va mucho más allá de ajustar un sistema o elegir un once. Debe entrar en la mente de un grupo que lleva dos temporadas terminando 17º en la Premier League y que parece haber normalizado la derrota.

Y eso no se arregla con otro fichaje.

Más que nombres, hace falta cultura

Para contextualizar, es solo la primera jornada. Muchos equipos con aspiraciones altas han firmado estrenos horribles y luego han terminado compitiendo arriba. Pero lo del Tottenham no pareció un simple tropiezo de agosto, sino la continuación de una secuencia peligrosa de derrotas y abatimiento.

Esa dinámica ha teñido de gris las últimas temporadas del club, incluso en etapas donde hubo éxitos parciales. Ange Postecoglou dejó una Europa League en las vitrinas, pero no logró desterrar del todo la sensación de fragilidad. Después llegaron Thomas Frank y, fugazmente, Igor Tudor, sin alterar el guion de fondo.

De Zerbi lo resumió así: «No quiero la excusa de que el once inicial no era suficiente para competir y sacar un resultado. El espíritu del Brentford en el campo fue grande, tiene que ser el ejemplo correcto para nosotros».

El club sigue abierto a más incorporaciones. Pero el propio entrenador lo sabe: no se trata solo de sumar nombres a la plantilla. Este debut en el Gtech Stadium dejó claro que el problema es más profundo que una lista de altas y bajas.

No necesita cambiar solo de jugadores. Necesita cambiar una cultura en la que tardes como esta se han vuelto costumbre. Y el tiempo, en la Premier League, no suele esperar a nadie.