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El United se estrella en Hull: un debut gris para Tielemans y Santos

El arranque de temporada que muchos señalaban como “cómodo” para el United ya ha estallado por los aires. El equipo de Michael Carrick cayó con estrépito en el MKM Stadium ante un Hull que regresaba a la élite con hambre, fe… y un plan claro.

El técnico, que días atrás se reía de las insinuaciones sobre un calendario amable —viaje a Hull y después Ipswich en casa, dos recién ascendidos—, vio cómo su advertencia interna se hacía realidad: no hay partidos fáciles cuando tu equipo defiende como lo hizo el United.

Tielemans y Santos, invisibles en un estreno plano

Youri Tielemans y Andrey Santos, recién llegados de Aston Villa y Chelsea, firmaron un debut para olvidar. Perdidos en un centro del campo sin ritmo ni colmillo, apenas dejaron rastro en el juego antes de ser sustituidos mediada la segunda parte.

El United necesitaba personalidad en la medular. No la encontró. Necesitaba control. Tampoco apareció. Y el castigo llegó muy pronto.

Avisos, desconexiones y un gol que desató a Hull

El encuentro, paradójicamente, arrancó con dominio visitante. Un centro de Luke Shaw encontró a Bryan Mbeumo, cuyo derechazo obligó a intervenir al debutante Konstantinos Tzolakis. Poco después, Noussair Mazraoui habilitó a Matheus Cunha, que probó de nuevo al guardameta griego con un disparo raso y ajustado.

El United parecía tener el duelo bajo control. Parecía.

Hull respondió con un aviso serio: centro de Ryan Giles y cabezazo de Oli McBurnie que exigió una buena parada de Senne Lammens. Aquello no fue un susto aislado, sino la antesala del desastre defensivo que se avecinaba.

En el minuto 17, el United volvió a exhibir uno de sus viejos males: la fragilidad en las jugadas a balón parado. En un córner mal defendido, McBurnie se desmarcó con una facilidad alarmante y su disparo, rechazado a duras penas por Lammens, cayó a los pies del nigeriano Ajayi, que empujó a placer desde el área pequeña.

El primer gol de Hull en la Premier League en nueve años desató un rugido ensordecedor en las gradas. El MKM Stadium se convirtió en una caldera naranja y negra. El United, en cambio, se encogió.

Defensa de cristal, ataque sin filo

La ocasión para silenciar al estadio la tuvo Patrick Dorgu, que desperdició una oportunidad clarísima tras un buen pase de Harry Maguire, cruzando en exceso su disparo. Fue un espejismo.

El equipo de Carrick se fue deshilachando. Sin ideas con el balón, roto sin él. Hull olió la sangre y atacó sin complejos.

En el minuto 38, otro golpe. Falta lateral botada con precisión por Regan Slater, defensa del United desordenada y un cabezazo imponente del senegalés Mendy, que superó sin piedad a Lammens. 2-0 y sensación de derrumbe.

Desde la grada, el cántico fue directo y cruel: “you’re getting mauled by the Tigers”. Carrick, inmóvil en la banda, parecía aturdido ante el desplome de un equipo llamado a pelear por el título.

Carrick, del bálsamo al foco

La figura del técnico queda ahora bajo una lupa distinta. Su serenidad durante el turbulento final de la era Ruben Amorim fue clave en la reacción del United la temporada pasada. Como interino, su papel era el de estabilizador.

Ahora el contexto ha cambiado. Instalado como entrenador permanente, se le exige competir por el primer título de liga del club desde 2013. Y actuaciones como la de Hull no solo no acercan ese objetivo: lo alejan a pasos agigantados.

Alan Shearer lo resumió sin anestesia en la BBC: “Man United han estado horribles, sin hambre, han sido terribles”. Un veredicto que retrata el sentir general alrededor del equipo tras el tropiezo.

Carrick, que lleva semanas pidiendo más fichajes, ya tiene acordada con el club la llegada del centrocampista de Brighton, Carlos Baleba. Después de este partido, su demanda de refuerzos sonará todavía más urgente.

Rashford no cambia el guion y Hull se lo cree

En el descanso, Carrick movió el banquillo con un mensaje claro: Marcus Rashford al campo. El delantero, que la temporada pasada jugó cedido en Barcelona, entró para agitar el ataque.

No lo logró. El United siguió plano, sin chispa, sin capacidad de someter a un Hull cada vez más confiado.

El conjunto local, lejos de encerrarse, mantuvo la amenaza. Mohamed Belloumi rozó el tercero con un disparo lejano que se marchó besando el poste. La sensación era inequívoca: Hull tenía más fe, más piernas y más claridad.

Tielemans y Santos abandonaron el césped a mitad del segundo tiempo, sacrificados en un intento de reanimar a un equipo que nunca llegó a reaccionar. Los cambios no alteraron nada. El United se rindió sin apenas resistencia.

Hull desafía a los pronósticos, el United a sus propios fantasmas

La victoria tiene un peso simbólico enorme para Hull. El club, que la temporada pasada se convirtió en el primero en ascender desde el sexto puesto del Championship vía play-offs desde Blackpool en 2010, llegaba señalado por muchos analistas como candidato firme al descenso.

Su entrenador, Sergej Jakirovic, había insistido en los días previos en que su equipo podía callar bocas. Esta primera victoria sobre el United desde 2017 le da argumentos y confianza. No fue un golpe de suerte: fue un plan ejecutado con disciplina y valentía.

En el otro lado, el United se marcha con una actuación “miserable”, como la definirán muchos en el entorno del club, y con más dudas que certezas. La temporada apenas empieza, pero la exigencia es máxima y el margen de paciencia, mínimo.

Si este es el nivel defensivo y la actitud competitiva con la que pretende pelear por la liga, la pregunta no es si el United puede ser campeón. La pregunta es cuánto tardará en encenderse del todo la alarma en Old Trafford.