Marink Reedijk inicia su aventura en Hibernian: un reto en la Premiership
Marink Reedijk necesitó solo una reunión para saber que su próximo paso estaba en Easter Road. Eso sí, no fue cualquier reunión: siete horas cara a cara con la directiva de Hibernian en Londres, desmenuzando fútbol, gestión y futuro hasta el último detalle.
A sus 35 años, el neerlandés se estrenará este sábado al mando de Hibs en Tannadice, ante Dundee United, en su primera prueba en la Premiership escocesa. Llega tras dos semanas de inmersión total en su nuevo club y un campamento de entrenamiento en clima cálido en España que, según él mismo, fue “muy intenso”.
Intenso y necesario. En poco tiempo, Reedijk ha querido absorberlo todo.
“Había mucho por hacer, mucho por descubrir, pero fue realmente bueno”, explicó. “Pudimos transmitir bien las ideas, conocer a los jugadores, al cuerpo técnico, al club un poco mejor día a día. Días largos, pero muy fructíferos para mí”.
De un Zoom a siete horas de conversación
Su fichaje fue un pequeño torbellino. Primero, una llamada por Zoom. Pocos días después, ya estaba sentado en una sala en Londres con la cúpula del club.
Siete horas.
“Fueron conversaciones muy buenas y muy intensas sobre todo: mi manera de jugar al fútbol, el propio club, cómo vemos la gestión, cómo vemos hacer las cosas juntos”, relató el técnico.
Ahí, en ese maratón de ideas, Reedijk encontró lo que buscaba: un proyecto con identidad, un club que no solo le ofrecía un banquillo, sino un sentido de pertenencia.
“También fue una de las razones para venir aquí, porque es un club especial. Hice mi investigación, tiene muchos aficionados que son una especie de familia. Cuando entré por primera vez en el edificio y desde que estoy aquí, se siente como una familia”.
Hibs en apuros, un técnico que detesta perder
El contexto deportivo no engaña: Hibernian es décimo en la tabla de la Premiership. No es un aterrizaje cómodo. Es un reto.
Reedijk no lo disfraza. Lo reduce a lo esencial.
“Ganar tantos partidos como sea posible para mí”, dijo sin rodeos. “No me gusta no ganar”.
Su ejemplo lo pinta de cuerpo entero: “Incluso si juego contra mi primo de cinco años al Monopoly o algo así, quiero ganar. A veces no es un comportamiento muy bueno hacia él, pero en el fútbol es útil tenerlo”.
Competitivo hasta el extremo, pero con una idea que va más allá del marcador.
Identidad, familia y una grada implicada
El nuevo entrenador insiste en que los resultados no pueden ir desligados de algo más profundo: una identidad compartida.
“Este es quizá uno de los pilares clave para mí: que nos convirtamos aún más en una familia y hagamos las cosas juntos”, subrayó. “Que todo el mundo se sienta implicado, que tenga la identidad y la lleve dentro y fuera del campo y en las gradas de este club tan bonito”.
No habla solo de jugadores. Habla de empleados, de cuerpo técnico, de afición. De un ecosistema completo empujando en la misma dirección.
De Beveren a Escocia: un salto de categoría y de exigencia
Reedijk llega a Edimburgo tras dejar Beveren, el equipo belga al que guio al ascenso la pasada temporada. Allí se ganó un nombre. Aquí se juega su consolidación en una primera división.
Es su primera aventura como primer entrenador en una liga de máximo nivel, pero no ve a Escocia como un simple escaparate. La ve como un examen serio.
“Hay mucho potencial, mucha pasión, mucha tradición en este país”, apuntó. Desde Países Bajos, admite, la mirada suele centrarse en unos pocos clubes, pero su análisis de la liga le dejó otra impresión.
“No es una liga fácil para jugar. Todos pueden ganar a todos, como se ve en este momento, y por eso es un reto tan bueno para crecer también como ser humano”.
Ese es el terreno que pisa ahora: una liga imprevisible, un club herido, una grada exigente y un entrenador joven con hambre de demostrar que sus siete horas en Londres no fueron una apuesta a ciegas, sino el inicio de algo mucho más grande.






