Louis Saha sorprendido por posible venta de Everton
Louis Saha no entiende nada. Menos de dos años después de que The Friedkin Group se hiciera con el control de Everton, el exdelantero francés asiste con sorpresa al anuncio de que el grupo texano está explorando nuevas vías de inversión, incluida la venta de una participación mayoritaria en el club.
Para alguien que conoce Goodison Park por dentro, el movimiento desconcierta.
Sorpresa por la decisión de los Friedkin
El 9 de octubre, The Friedkin Group confirmó que estudiará opciones, entre ellas desprenderse del control de Everton. Todo ello en un contexto llamativo: el presidente Dan Friedkin no ha visto aún un partido del equipo en directo ni ha hablado con el técnico David Moyes.
Saha, fichado precisamente por Moyes en 2008 durante su primera etapa en el banquillo blue, admite que la noticia le ha dejado perplejo. Hablando para el ECHO, el exinternacional francés fue directo al punto: está “extremadamente sorprendido” de que los propietarios quieran vender.
Su extrañeza no es casual. Saha creía que el club se encontraba en plena inercia positiva desde la llegada de Moyes y la mudanza al nuevo y flamante estadio, un proyecto que, sobre el papel, debía apuntalar el futuro deportivo y económico de la entidad.
Un pasado reciente de competitividad
El delantero parisino dejó huella en Liverpool. Marcó 35 goles en 115 partidos con Everton, incluido aquel tanto histórico a los 25 segundos de la final de la FA Cup de 2009. Formó parte de un equipo que, con Moyes al mando, firmó tres temporadas sólidas en la Premier League: quinto, octavo y séptimo puesto.
Para Saha, ese periodo simboliza lo que el club puede ser cuando se alinea la ambición deportiva con una estructura estable. Por eso le sorprende aún más la sensación de ruptura que transmite el posible cambio de manos.
Reconoce que Moyes ha sabido convivir con plantillas cortas, exprimir recursos, competir contra presupuestos muy superiores. Pero subraya que el técnico necesitaba más respaldo en el mercado de fichajes y que esa apuesta no ha terminado de llegar.
Aun así, Saha no cree que la agitación en los despachos vaya a golpear de inmediato al rendimiento del equipo sobre el césped. Lo que le inquieta es el mensaje que envía: “no es una gran señal” por parte de la propiedad.
Un multimillonario que ve oro en Goodison
Retirado desde hace años, Saha no es solo un exfutbolista con buena memoria de su etapa en Merseyside. A sus 48 años, ha construido una segunda carrera como empresario, fundando la red social Axis Stars y amasando una fortuna estimada en más de 4.000 millones de libras.
Habla, por tanto, también con el ojo del inversor. Y desde esa óptica, su veredicto es claro: Everton es, para él, una “gran oportunidad de inversión”.
El francés destaca varios pilares. Un estadio de primer nivel. El peso de la Premier League como escaparate global. La estabilidad histórica del club en la máxima categoría inglesa. Y, sobre todo, una base social masiva, apasionada, con una rivalidad local que siempre capta focos y genera valor.
En su análisis, todo eso conforma “material” más que suficiente para que cualquier grupo inversor se plantee seriamente entrar en el accionariado. En un campeonato donde la trayectoria de un club puede cambiar de forma drástica en pocos años, Saha ve en Everton un proyecto con margen para crecer y revalorizarse.
Una decisión que llega en un momento extraño
Ahí está el gran interrogante que le ronda la cabeza. Si el club mantiene una posición que él percibe como fuerte, con un estadio nuevo, una marca consolidada y un técnico capaz de competir con recursos limitados, ¿por qué ahora?
Saha admite que sigue dándole vueltas al “por qué” de este giro. La oportunidad de negocio le parece evidente. El timing, en cambio, le resulta “muy extraño”.
Everton, un histórico acostumbrado a vivir al filo entre la ambición europea y el miedo a quedar atrapado en la zona baja, vuelve a asomarse a un cruce de caminos. Esta vez, no solo deportivo, sino corporativo. Y mientras The Friedkin Group decide si se queda o se va, una pregunta flota en el aire de Goodison Park: ¿quién se atreverá a tomar el relevo en uno de los clubes más singulares —y potencialmente más rentables— de la Premier League?






