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Lorenzo Pellegrini se queda en la Roma y busca la Champions

Lorenzo Pellegrini, otra vez el dueño de casa

La escena es conocida, pero llevaba demasiado tiempo en pausa: Lorenzo Pellegrini sentado ante los micrófonos, escudo de la Roma en el pecho, hablando del futuro… y, esta vez, hablando de quedarse.

A las puertas del duelo de la UEFA Champions League ante Slovan Bratislava en el Stadio Olimpico, el capitán giallorosso se presentó como un jugador que ha cerrado un círculo: físicamente listo, mentalmente despejado y con un nuevo contrato que lo ata un año más al club de su vida.

Del borde de la salida al centro del proyecto

Pellegrini no escondió que hace apenas unos meses su historia pudo haber tomado un giro muy distinto. Antes de la llegada de Gian Piero Gasperini, el adiós parecía casi asumido.

“El míster fue clave porque al inicio de la temporada pasada parecía casi normal que tomáramos caminos distintos”, reconoció el centrocampista, recordando ese verano en el que su continuidad estaba en duda.

Todo cambió en una conversación. Una reunión cara a cara que redefinió su rol.

“La primera vez que me senté con el entrenador la temporada pasada, estuvimos de acuerdo de inmediato sobre lo que podía hacer aquí con él”, explicó. Desde ahí, el relato cambió de ruptura a reconstrucción. El diálogo con el club, el cuerpo técnico y el vestuario terminó por sellar el rumbo: “Hablé con el club, el entrenador, el staff y mis compañeros el verano pasado y todos me dijeron que me querían aquí. Así que fue muy natural”.

El resultado está a la vista: renovación por un año y un Pellegrini que vuelve a sentirse pieza central de la Roma que quiere Gasperini.

Seis meses fuera, paciencia y un regreso medido

Su reaparición ante Como, tras seis meses sin competir, fue el primer paso. No fue un regreso explosivo, sino calculado. Él mismo admitió que recuperar el ritmo de partido le exigió paciencia, horas viendo a sus compañeros desde la banda, tragando frustración y esperando el momento adecuado.

Ahora, asegura, ese momento ha llegado. A sus 29 años, se declara tranquilo, preparado y decidido a empujar a la Roma en Europa. Nada de medias tintas: se siente listo para sostener la exigencia de la Champions y el peso del brazalete.

El ambiente interno, dice, acompaña: “El clima general es tranquilo y relajado. Venimos, entrenamos y trabajamos duro para preparar los partidos”. Sin estridencias, sin dramatismos, pero con una idea clara: competir.

El comodín de Gasperini

Gasperini gana mucho más que un nombre en la lista de convocados. Recupera a su jugador más moldeable. Pellegrini se ofrece donde haga falta: en el corazón del centro del campo o unos metros más arriba, entre líneas, donde puede marcar diferencias en el último tercio.

“Mi calidad es jugar con el balón en los pies”, explicó. “Esté en el centro del campo o de mediapunta, lo importante es encontrar el espacio que tienes y explotarlo”.

En una Roma golpeada por las lesiones, esa flexibilidad táctica se vuelve oro. Gasperini puede ajustar alturas, presiones y estructuras sabiendo que su capitán entiende los matices del sistema y se adapta sin perder personalidad. Es el jugador que enlaza, que da pausa cuando el partido se acelera y acelera cuando el partido se duerme.

Un rival que no se encoge

Al otro lado, Slovan Bratislava llega sin complejos. Su entrenador, Yaya Touré, conoce bien lo que significa medirse a un grande europeo en un estadio que impone. Respeta, pero no se rinde.

“Nos enfrentamos a un equipo muy fuerte. Tienen algunas ausencias, pero siguen siendo fuertes y pueden hacerte mucho daño”, advirtió el técnico, consciente de la calidad que presenta la Roma incluso con bajas.

Su mensaje, sin embargo, fue de desafío, no de resignación: “Aprendimos mucho de los dos últimos partidos y ahora queremos mostrar nuestro carácter sin miedo”. El plan es claro: no venir a hacer turismo al Olimpico, sino a discutirle la noche a un equipo que todavía está afinando su versión bajo Gasperini.

Una noche para marcar territorio

El partido del martes por la noche no es solo otro capítulo de la fase de grupos. Para la Roma, es una oportunidad para afianzar sus opciones de clasificación y, sobre todo, para enviar una señal: este equipo quiere volver a ser protagonista en Europa, no un invitado de paso.

Para Pellegrini, el significado es aún más íntimo. Después de meses de dudas físicas, de rumores de salida y de conversaciones decisivas, vuelve a mirar al césped del Olimpico sabiendo que sigue siendo su casa y que el club le ha vuelto a poner las llaves en la mano.

La pregunta ya no es si se irá. La cuestión, a partir de ahora, es hasta dónde puede llevar a esta Roma en la Champions con el brazalete bien ajustado y el balón, una vez más, pegado a sus pies.