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Lautaro Martínez habla sobre la derrota ante España: "El rival fue superior"

Lautaro Martínez ya no esquiva el tema. A casi nada de aquella final del Mundial 2026 que España le arrebató a Argentina con un gol histórico de Ferran Torres, el delantero del Inter pone el cuerpo, las palabras y la memoria para desarmar las teorías conspirativas que crecieron en su país tras el 1-0 en el partido decisivo.

En Argentina no solo se lloró la derrota. Se dudó. Se puso bajo sospecha el compromiso de los campeones del 2022, se habló de “falta de actitud” y hasta se deslizaron teorías sobre un equipo que no habría dejado la vida en la cancha. Lautaro, uno de los líderes de este ciclo y tercer máximo goleador de la historia de la Albiceleste, responde con fastidio, pero también con una certeza que no admite maquillaje.

“Cuando se habla de esas teorías, molesta. El rival fue superior y en algún momento iba a pasar”, lanza, sin rodeos, en AFA Estudio.

La frase pesa más viniendo de quien no jugó un solo minuto en la final por decisión de Lionel Scaloni, apenas días después de haber sido decisivo con un gol ante Inglaterra en semifinales.

El desgaste invisible

Para entender el tono de Lautaro hay que volver un partido atrás. “El partido con Inglaterra nos sacó muchísima energía. Dimos hasta lo que no teníamos, y en la final también”, explica. No es una excusa: es una radiografía de un equipo que llegó al límite físico y emocional.

El delantero enumera nombres y escenas que quedaron puertas adentro del vestuario: “Ver jugadores como Nico (Otamendi), como Cuti (Romero), como Licha (Martínez), que tuvieron que salir, pero que dieron todo, hasta lo que no tenían, como Gonzalo (Montiel), Leo (Messi), Julián (Álvarez)… y podría seguir nombrando, porque al final dejamos todo ahí, incluso lo que no teníamos, y se notó”.

La imagen se repite en su relato: futbolistas que apenas podían caminar y, sin embargo, seguían corriendo. “Había gente que no podía ni caminar y seguía corriendo, y hasta la última jugada tuvimos chance de ganarlo”, recuerda. No hay épica vacía: hay un equipo exhausto que aun así se sostuvo en pie hasta el final.

Por eso duelen tanto las teorías que se dispararon después. “Cuando se hablan de esas teorías, da bronca, pero bronca en el sentido de que se ve que dimos todo y eso es lo que nos deja tranquilos; no se dio. El rival fue superior y en algún momento iba a pasar”, insiste Lautaro, clavando la idea de que no hubo traición, ni desinterés, ni relajación. Hubo un rival mejor en la noche más grande.

Lesiones, prórrogas y una mochila gigante

El contexto que describe el delantero ayuda a entender el cuadro completo. “Muchos llegamos en condiciones difíciles. Yo tuve una lesión que me dejó dos meses afuera”, admite. No fue el único. Varias piezas clave arrastraban molestias, sobrecargas, fatiga acumulada tras una temporada larga y un Mundial exigente desde el primer día.

La fase eliminatoria terminó de vaciar los tanques. Prórrogas, remontadas, partidos que se definieron al filo del abismo. “En la fase de eliminación directa, el tiempo extra te consume energía. Tener que ir de atrás, sabiendo que tenés que dar vuelta los partidos, la ansiedad de la gente, los nervios, todo lo que se vivía, todas las miradas estaban puestas en Argentina”, describe Lautaro.

La presión no venía solo del césped. Era una selección que cargaba con la obligación de repetir el título, con el foco mundial sobre cada gesto de Messi, con un país entero esperando otra vuelta olímpica. Cada minuto de juego sumaba desgaste físico y mental.

“Creo que hasta el pitazo final del último partido, donde no pudimos volver a traer la copa a casa, se vio que el equipo dio incluso lo que ya no le quedaba”, resume el delantero. No hay autocompasión, hay constatación: Argentina murió de pie en la final.

Sin excusas, sin conspiraciones

Lautaro no se refugia en el cansancio para justificar la derrota. Lo menciona, lo contextualiza, pero siempre vuelve al mismo punto: España fue mejor. No hubo mano negra, ni arreglo, ni desinterés. Hubo un rival que jugó un gran partido y aprovechó su momento.

En tiempos en los que cualquier caída grande se cubre rápido con sospechas, el delantero elige el camino más incómodo: aceptar que, aun dando todo, a veces no alcanza. Y que perder una final del mundo no convierte en sospechosos a los mismos que dos años antes llevaron a un país entero a la gloria.

La Albiceleste no pudo coronar de nuevo. Pero dejó una certeza en la voz de uno de sus referentes: el compromiso no se negoció. La pregunta, de cara a lo que viene, ya no es si este grupo se entregó. Es si tendrá fuerza, cuerpo y cabeza para ir por otra final con la misma voracidad.