James Maddison: el renacer del Tottenham tras la adversidad
La nueva temporada de The Football Interview arranca con un invitado que llega con cicatrices físicas y emocionales. James Maddison se sienta con Kelly Somers en BBC One para repasar el año que él mismo define como “el más duro de su vida”. No habla solo de fútbol. Habla de trincheras.
Mientras Tottenham Hotspur sufría sobre el césped, él libraba otra batalla en casa. Cinco niños de cuatro años o menos, dos pares de gemelos, una rodilla destrozada y un calendario vacío de partidos.
“Estábamos en las trincheras”, admite el centrocampista de 29 años al recordar los meses posteriores a la rotura del ligamento cruzado anterior que sufrió en agosto. La lesión le dejó fuera prácticamente toda la temporada 2025-26. En medio de la rehabilitación, su pareja dio a luz a su segundo par de gemelos. Alegría y agotamiento a la vez.
“Necesitaba esa distracción positiva de que mi pareja estuviera embarazada y tener que estar ahí para ella y olvidarme de mí, aunque yo estuviera pasando por una experiencia traumática con mi rodilla”, explica. El contraste era brutal: horas de trabajo en el gimnasio y, al llegar a casa, otra maratón.
“Muchos pañales volando, muchos accidentes en casa, pero valdrá la pena”, cuenta entre risas. Y remata: “Lo seguimos disfrutando. No lo cambiaría por nada del mundo”.
La lesión no solo alteró su día a día. También cambió la forma en que su propio hijo le veía. Su ausencia fue tan larga que su hijo mayor, Leo, llegó a pensar que ya no jugaba en el Tottenham.
“Me perdí un año de fútbol, y un año en la vida de un niño –de tres años y medio a cuatro y medio– es obviamente enorme”, explica Maddison. “Ni siquiera podía recordar hace más de un año, cuando venía a todos los partidos”.
El deseo ahora es sencillo y muy humano: volver a compartir estadio con él. “Será bonito que vuelva a los partidos y que realmente recuerde a papá jugando, en vez de solo a papá sentado en casa viéndolos con una máquina en la rodilla”.
Un Tottenham al límite y un creador ausente
Mientras Maddison peleaba por doblar la rodilla, el Tottenham se doblaba por no caer. El equipo aseguró la permanencia en la última jornada, apenas dos puntos por encima del descenso. Un final angustioso para un club acostumbrado a mirar hacia arriba.
Desde la distancia, el ‘10’ sufría doblemente. “Probablemente nos faltó un poco de creatividad y yo veía los partidos pensando: ‘¿qué estaría haciendo yo ahí?’”, reconoce. Sabía que su perfil podía ayudar. No podía hacer nada.
La temporada se convirtió en una cuenta atrás: para el alta médica, para el alivio del vestuario, para un cambio de rumbo. Ese giro llegó con un nuevo rostro en el banquillo.
De Zerbi, la cena, el vino y la sonrisa perdida
En marzo aterrizó Roberto De Zerbi. Y el ambiente en el Tottenham Hotspur Stadium cambió de tono. Maddison no escatima elogios: “Es muy listo. Es muy táctico. Está obsesionado con el fútbol, se le nota”.
Pero el italiano no llegó con un manual de 200 páginas bajo el brazo. Llegó con una idea clara: antes de hablar de sistemas, había que recuperar el gusto por jugar. “Cuando llegó, comparado con la pretemporada y con lo que entrenamos ahora, no quiso hacerlo demasiado complicado. Solo quería que volviéramos a amar jugar al fútbol”, cuenta el centrocampista.
El primer gesto del técnico fue revelador. Nada de charlas interminables ni dobles sesiones. Organizó una cena de equipo. Con alcohol permitido. Sin prohibiciones, sin caras largas.
Según relata Maddison, De Zerbi fue directo: “Vamos a beber alcohol todos, vamos a pasar una buena noche”. El mensaje no iba de copas. Iba de liberar tensiones. De volver a mirarse a los ojos sin la presión del marcador.
“Quería que tuviéramos una noche en la que todos simplemente nos relajáramos”, explica el jugador. “Esa sensación que tuvimos hizo que todos nos sintiéramos más unidos, de inmediato”. Un grupo tocado por el miedo al descenso empezaba a reconocerse como equipo.
Un banquillo en zapatillas y un elogio encubierto
Otro detalle del italiano marcó a Maddison. Nada más llegar, lo quiso en el banquillo. Aunque no estuviera listo para jugar.
“Yo estaba casi en plan: ‘no estoy listo para jugar todavía, míster’”, recuerda. La respuesta de De Zerbi fue tan gráfica como contundente: le dijo que podía ir al banquillo “en zapatillas” si quería. Lo importante era que estuviera con el grupo.
“No le importaba que no pudiera jugar. Solo quería tenerme cerca y pensaba que eso beneficiaría al grupo”, explica. Maddison lo interpretó como un elogio enorme. “Lo tomé como un gran cumplido y actué como si fuera parte del banquillo, parte del equipo”.
El equipo, con su ‘10’ aún en la sombra pero presente, logró esquivar el desastre. “No digo que fuera por eso”, matiza, “pero conseguimos mantenernos alejados del peligro, y fue una buena sensación”.
El regreso y el gran objetivo: un año normal
El 11 de mayo, ante Leeds, Maddison volvió por fin a jugar. Un día marcado en rojo después de meses de soledad en la sala de rehabilitación. Desde entonces, el club no ha querido arriesgar en pretemporada. Cautela total con una rodilla que ya ha sufrido bastante.
Él, sin embargo, mira hacia adelante con una mezcla de ambición y alivio. “Estoy trabajando muy duro para intentar estar totalmente en forma y disponible para la mayor parte de la temporada”, asegura.
Su deseo no suena grandilocuente. Suena casi cotidiano para un futbolista de élite, pero con un peso especial después del último año: “Quiero solo una temporada completa, sano, en la que pueda simplemente disfrutar del fútbol”.
Y ahí, cuando habla de lo que puede ofrecer si el físico le respeta, reaparece el James Maddison competitivo de siempre: “Porque si estoy totalmente en forma y sano, sé de lo que soy capaz. Y sé que puedo influir en los partidos más que muchos jugadores de esta liga. Así que, esperemos que sea así”.
Entre pañales, máquinas de recuperación y noches sin dormir, el creador de juego de los Spurs solo pide eso: una temporada normal. Si la rodilla responde, la pregunta ya no será si puede volver. Será hasta dónde puede llevar a este Tottenham que acaba de redescubrir el gusto por jugar.






