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Inglaterra se enfrenta a Nueva Zelanda en Tampa: último ensayo antes del Mundial

La cuenta atrás ya no se mide en meses ni en semanas. Son partidos. Y para Inglaterra apenas quedan dos. El primero, este sábado en el Raymond James Stadium de Tampa, ante una Nueva Zelanda que llega herida, orgullosa y con ganas de demostrar que no ha viajado a Estados Unidos para hacer de sparring.

Thomas Tuchel sabe que este amistoso tiene muy poco de amistoso. La derrota contra Japón en marzo sacudió al vestuario y al entorno: primera vez en la historia que una selección asiática doblegaba a la absoluta inglesa masculina. El técnico alemán exige reacción inmediata. El margen de error, a estas alturas, es mínimo.

Un ensayo sin el bloque del Arsenal

El contexto no ayuda. Tuchel afronta este penúltimo ensayo sin buena parte de su columna vertebral procedente del Arsenal. Bukayo Saka, Declan Rice, Eberechi Eze y Noni Madueke siguen fuera de la convocatoria tras la final de la Champions League y no estarán disponibles en Tampa.

Ese vacío abre una puerta interesante en la mediapunta: Morgan Rogers y Jude Bellingham pelean por minutos en la zona de tres cuartos, un duelo silencioso pero clave para el dibujo definitivo del seleccionador. Por fuera, Marcus Rashford y Anthony Gordon apuntan a intercambiar bandas para tapar el agujero en la derecha y probar automatismos que Tuchel quiere ver a máxima velocidad.

En la portería se suma una cara nueva al grupo de trabajo: Dean Henderson, flamante campeón de la Conference League con Crystal Palace, ya se ha incorporado a la concentración en Florida. Entrena, aprieta y añade competencia, aunque el once proyectado mantiene a Jordan Pickford como titular.

El futuro también se asoma, aunque sin billete para el Mundial. Los jóvenes Ethan Nwaneri, Josh King, Rio Ngumoha, Jason Steele y Alex Scott se ejercitan con la absoluta, respiran ambiente de gran torneo, pero se quedan fuera de la lista definitiva. Ensayo general para unos, master acelerado para otros.

Nueva Zelanda, entre la herida y el desafío

Enfrente, una Nueva Zelanda que llega tocada por un amistoso reciente que dolió más de lo previsto. La goleada encajada ante Haití en Fort Lauderdale expuso todas sus grietas defensivas, pese a que el equipo igualó en número de remates. La fragilidad atrás volvió a condenar a los All Whites.

Darren Bazeley tampoco llega con todo. Los centrocampistas Ryan Thomas y Joe Bell se perdieron el choque ante Haití por molestias en las piernas. Bell mantiene una ligera opción de reaparecer en la lista de convocados este sábado, pero no llega en plenitud. Cada minuto que sume será casi un test médico.

Arriba, la referencia es de sobra conocida. Chris Wood, 45 goles con su selección, se convirtió en el último partido en el jugador masculino con más internacionalidades de la historia de Nueva Zelanda al alcanzar las 89. No hay debate: seguirá liderando el ataque, anclado en la punta, como faro ofensivo y voz de experiencia en un equipo que necesita certezas.

En la portería, la presión sube. Max Crocombe aprieta para arrebatar el puesto a Alex Paulsen tras el desplome defensivo ante Haití. El mensaje es claro: nadie tiene el sitio garantizado.

Inglaterra, entre el tropiezo y la racha oculta

El presente inmediato de Inglaterra mezcla preocupación y autoridad estadística. Por un lado, dos partidos sin ganar y esa derrota histórica contra Japón. Por otro, un dato que explica por qué el favoritismo sigue siendo suyo: 37 victorias consecutivas frente a selecciones situadas en el puesto 85 o inferior del ranking FIFA.

Nueva Zelanda entra de lleno en ese grupo. Y ahí aparece Harry Kane como argumento definitivo. El capitán llega desatado tras cerrar la temporada con 61 goles con Bayern Munich y con una racha de 10 tantos en sus últimos 10 encuentros internacionales. Es el tipo de delantero que convierte un amistoso de preparación en un examen real para cualquier defensa.

La pregunta no es solo si Inglaterra ganará, sino cómo lo hará y qué sensaciones dejará. Tuchel necesita ver un equipo reconocible, dominante y, sobre todo, fiable atrás tras los sustos de la ventana de marzo.

La cuesta arriba de los All Whites

Para Nueva Zelanda, el panorama reciente es mucho más sombrío. Ocho derrotas en los últimos diez partidos oficiales y amistosos marcan la tendencia. El equipo compite a ratos, genera ocasiones, pero se desmorona cuando le castigan atrás.

Su gran asignatura pendiente está clara: lleva 16 encuentros consecutivos sin ganar a rivales europeos. No derrota a una selección del Viejo Continente desde un 1-0 ante Serbia en un amistoso en mayo de 2010. Demasiado tiempo. Demasiadas generaciones de por medio.

En medio de esa sequía, Chris Wood se erige como casi única gran amenaza ofensiva. Firmó nueve goles en la fase de clasificación y se mantiene como el recurso más fiable en área rival. Todo lo que pase por sus botas o su cabeza será oro para Bazeley.

Once previstos y tablero táctico

Con las piezas disponibles, el guion previo dibuja a Inglaterra con un once muy reconocible:

Pickford; James, Konsa, Guehi, O’Reilly; Anderson, Mainoo; Rogers, Bellingham, Rashford; Kane.

Un equipo pensado para mandar con balón, con doble pivote joven y dinámico, Bellingham llegando desde atrás y Kane como eje de casi todo. Las bandas, con Rogers y Rashford, ofrecen desborde y diagonales constantes hacia dentro.

Nueva Zelanda, por su parte, se perfila con:

Crocombe; Payne, Surman, Bindon, Cacace; Stamenic, Rufer; Just, McCowatt, Randall; Wood.

Líneas juntas, doble escudo en el medio, tres mediapuntas con libertad por detrás de Wood y mucha responsabilidad para los laterales, especialmente Liberato Cacace, a la hora de salir desde atrás y no quedar hundidos en su propio campo.

35 años después

El partido también tiene un toque de nostalgia. Inglaterra y Nueva Zelanda no se ven las caras desde junio de 1991, cuando los ingleses se impusieron 0-2 en un amistoso. Han pasado 35 años, varias generaciones y un fútbol que ya casi no se parece al de entonces.

Ahora el escenario es Florida, el clima es de Mundial y el reloj aprieta. Para Inglaterra, es la ocasión perfecta para limpiar dudas, ajustar piezas y recuperar la autoridad que se le presupone. Para Nueva Zelanda, una oportunidad rara de medirse a la élite y romper rachas que pesan demasiado.

Cuando el balón ruede en Tampa, no será solo otro amistoso de preparación. Será una radiografía en directo de hasta dónde está cada uno… y de cuánto tiempo les queda para corregir lo que aún no funciona antes de que empiece el torneo que lo cambia todo.