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Liverpool en la recta final del mercado de fichajes

Liverpool entra en las dos últimas semanas de mercado con una cuerda al cuello: necesita fichar, pero el reglamento le ata las manos. El club de Anfield sigue intentando cerrar a los jugadores de Paris Saint-Germain Bradley Barcola e Ibrahim Mbaye, una operación que podría dispararse por encima de los 150 millones de libras. El problema es que, ahora mismo, no tiene hueco para más futbolistas no formados en casa.

El préstamo de Ronald Araujo le ha convertido en el decimoséptimo jugador sénior no homegrown de la plantilla. Es el límite permitido por la Premier League. El resto, hasta completar los 25 inscritos, deben ser futbolistas considerados formados en Inglaterra o Gales. Ocho en total. No hay margen: a partir de aquí, cualquier llegada implica una salida. Puro “uno dentro, uno fuera”.

En este escenario, cada movimiento cuenta. Y obliga a mirar con otros ojos el mercado de talento homegrown. Sobre la mesa aparecen varias opciones tan ambiciosas como caras.

Ethan Nwaneri, el heredero ideal para el costado derecho

Ethan Nwaneri sería un golpe de efecto. Y una guerra abierta con Arsenal. El extremo de 19 años, internacional sub-21 con Inglaterra, está muy bien valorado en el Emirates. Todo apunta a que saldrá este mismo mes, pero los Gunners no tienen intención de reforzar a un rival directo.

Ahí entra Liverpool. Si el club estuviera dispuesto a poner una cantidad muy elevada, la ecuación cambiaría. Nwaneri encaja como relevo a largo plazo de Mohamed Salah: actúa en la derecha, es zurdo y también puede moverse como mediapunta, ocupando el rol de un 10 creativo.

Por edad, ni siquiera ocuparía plaza en la lista de 25 esta temporada, algo clave para esquivar de momento el bloqueo de las normas. Más adelante sí contaría como homegrown, un detalle que gana peso si se confirma lo que muchos en el club dan por hecho: que Joe Gomez y Curtis Jones podrían salir en los próximos 12 meses. Ficharlo ahora sería adelantarse a un problema que viene de camino.

Ivan Toney, gol inmediato y un riesgo extradeportivo

El otro perfil es completamente distinto. Ivan Toney no es un proyecto, es rendimiento inmediato. Aficionado de Liverpool desde niño, el delantero vive un momento dulce en Arabia Saudí, donde marca con una facilidad que recuerda a sus mejores días en Brentford.

Sería una mejora evidente respecto a Federico Chiesa como principal alternativa a Alexander Isak. Tanto el italiano como el sueco arrastran historiales de lesiones, y Toney ofrecería un seguro de gol cuando la enfermería se llene. Ya ha demostrado en la Premier que puede liderar un ataque y soportar la presión.

El problema es doble. Por un lado, el coste: los clubes saudíes no venden barato y el salario del delantero sería elevado. Por otro, la situación judicial del jugador. Toney ha sido acusado de agresión en una discoteca de Londres y debe comparecer ante el tribunal el próximo mes. Cualquier decisión deportiva queda inevitablemente teñida por ese contexto.

Qué significa realmente ser homegrown

La etiqueta homegrown no tiene que ver con el pasaporte, sino con la formación. Un jugador, sea de la nacionalidad que sea, debe haber estado afiliado a un club inglés o galés durante tres temporadas completas —o 36 meses— antes de cumplir 21 años para ser considerado como tal.

También se acepta a quienes completan esas tres temporadas o 36 meses como jugador registrado antes de que termine la campaña en la que cumplen 21. Los menores de 21 años, además, no cuentan para la lista de 25, lo que abre pequeñas ventanas de maniobra para clubes como Liverpool en situaciones de bloqueo.

Archie Gray, el comodín que lo hace todo

En esa categoría de talento joven formado en casa aparece Archie Gray, un auténtico navaja suiza. Con 20 años —cumple 21 en marzo— ya ha jugado en la Premier League como mediocentro, pivote defensivo, lateral derecho, lateral izquierdo e incluso central. Un perfil que seduce a cualquier entrenador que quiera plantillas cortas pero versátiles.

Tottenham, que pagó 40 millones por él hace dos años, no quiere desprenderse de su internacional sub-21 inglés. Sin embargo, ha invertido fuerte en el centro del campo y eso abre una rendija. Newcastle ya ha visto cómo sus ofertas eran rechazadas este verano, y todo apunta a que haría falta una propuesta superior a los 70 millones para que los Spurs se sienten a negociar.

Es una inversión enorme, sí, pero también un jugador con un techo altísimo. Para un Liverpool que busca rejuvenecer y equilibrar su plantilla, un perfil capaz de cubrir varias posiciones con nivel de élite tiene un valor difícil de medir solo en cifras.

Adam Wharton, el cerebro caro que encaja en Anfield

El último nombre de la lista es Adam Wharton, quizá el más caro de todos. Se calcula que harían falta 80 millones o más para sacarlo de su actual club. A cambio, Liverpool se llevaría un mediocampista con una virtud muy concreta que encaja con la identidad del equipo: la capacidad de filtrar pases tensos y precisos a los pies de los delanteros.

Con solo 22 años, tiene condiciones para ocupar el lugar de Ryan Gravenberch y asentarse junto a Dominik Szoboszlai como pieza central del centro del campo. La dirección deportiva confía mucho en el desarrollo de Trey Nyoni, y eso hace que hoy la operación parezca poco probable.

Pero el interés de Liverpool por Wharton viene de lejos. No es un nombre improvisado para los últimos días de mercado. Un movimiento tardío no se puede descartar del todo, aunque a estas alturas del verano cada millón pesa el doble.

Quedan dos semanas. Las normas de la Premier aprietan, los precios se disparan y el margen de error es mínimo. La pregunta ya no es solo a quién puede fichar Liverpool, sino a quién está dispuesto a sacrificar para abrir la puerta al siguiente paso del proyecto.