Carlos Baleba: El nuevo mediocentro del Manchester United
Carlos Baleba tuvo que elegir entre un examen de clase y un partido de Copa en Camerún. Aquel día, el colegio ganó. Años después, sus exámenes ya no se escriben en papel: se juegan sobre césped, y el siguiente se llama Old Trafford.
Tiene 22 años, una etiqueta de 70 millones de libras y un club desorientado que mira a su nuevo mediocentro como algo más que un simple fichaje. Es injusto cargarle el peso de la temporada del Manchester United, pero la realidad de la tabla no perdona: duodécimos en la Premier League, una sola victoria, cinco puntos en cinco jornadas y eliminados de la EFL Cup en casa por un Brighton que remontó un 0-2. El escenario no admite timideces.
El vacío en el centro del campo
Michael Carrick lleva meses buscando un ancla fiable desde la marcha de Casemiro en mayo. El plan es claro: ese puesto es para Baleba. El problema es que el camerunés llegó lesionado del tobillo desde Brighton el 25 de agosto y todavía no ha debutado. Es posible que el estreno tenga que esperar hasta después del parón internacional. Mientras tanto, el equipo se desangra.
Los números son tozudos. El United es uno de los cuatro equipos de la Premier que aún no ha dejado su portería a cero. Ha encajado dos goles en cuatro de sus siete partidos oficiales. El equipo es fácil de atravesar, detecta tarde el peligro, llega siempre un segundo después. Con esa fragilidad, cualquier remontada se convierte en una quimera.
En ese contexto, la primera impresión interna sobre Baleba suena casi como una necesidad táctica: “Muy rápido. Cubre mucho campo”, dicen desde el club. Un puñado de entrenamientos antes de sentarse en el banquillo en el 1-1 ante Fulham el 20 de septiembre y un amistoso a puerta cerrada frente a Lausanne-Sports el 2 de octubre es poco material para un veredicto, pero suficiente para detectar algo que el equipo no tiene: velocidad para corregir, cerrar líneas, apagar fuegos.
Andrey Santos ofrece algo similar. Kobbie Mainoo y Youri Tielemans, titulares en los últimos cuatro partidos de liga, compensan con técnica lo que les falta en zancada. El resultado, sin embargo, no engaña: el United se parte en dos con demasiada facilidad.
Más que correr
Baleba no puede limitarse a ser el hombre que llega antes al choque. Su impacto debe sentirse también en el vestuario. Al principio, la timidez y los nervios eran visibles. Su inglés no era el mejor cuando dejó Lille en 2023 para fichar por Brighton por 23,2 millones de libras, pero ha mejorado mucho desde entonces. Se le nota más suelto, más integrado.
En Carrington ha encontrado refugio en Amad Diallo. Dos jóvenes africanos, dos procesos de recuperación, un mismo pasillo de gimnasio. La conexión ha sido natural. Hace unos días, Amad se reía en un vídeo en redes sociales mientras Baleba se burlaba del resultado del amistoso entre Camerún y Costa de Marfil del 3 de octubre. Pequeños gestos que cuentan en un vestuario que necesita energía fresca.
No es el único lazo inesperado. En Lille compartió vestuario con Leny Yoro, ahora internacional francés, y en la selección camerunesa coincidió con Bryan Mbeumo. En el propio United ya se le vio bromeando con Patrick Dorgu tras el último partido de la pasada temporada en el Amex Stadium. Baleba no llega solo: trae consigo una red de relaciones y una personalidad naturalmente bromista que puede aliviar tensiones en un entorno crispado.
Pero la clave no está en la risa, sino en el rendimiento. El United quiere ver al Baleba que encendió su campaña 2024-25 y generó rumores de un posible salto al Real Madrid, no al del curso anterior, más irregular y con tramos claramente por debajo de su nivel. Desde Brighton niegan que el interés tardío del United en el verano de 2025 le distrajera, aunque tampoco ofrecen una explicación alternativa a esa bajada de prestaciones.
Un fichaje caro, una apuesta calculada
En Carrington llevan un año trabajando su nombre. Los departamentos de datos y reclutamiento ya lo tenían marcado cuando se escaparon otras opciones como Elliot Anderson y Mateus Fernandes, y descartaron alternativas que no encajaban. Tras la sorprendente derrota en el debut liguero ante Hull, el United apretó el botón y cerró el acuerdo.
El precio impresiona: 70 millones de libras. Hace poco más de un año, en agosto de 2025, los clubes que llamaban por él recibían respuestas que superaban los 100 millones. En Old Trafford están convencidos de haber aprovechado una ventana de oportunidad. Claro que, sin un solo minuto jugado, cualquier juicio sobre si es “buen negocio” queda suspendido. El ejemplo de Fernandes en Tottenham, con un arranque decepcionante, invita a la prudencia.
Por eso el duelo de este fin de semana en Old Trafford tiene un morbo añadido. United recibe al colista Tottenham, con Fernandes en el punto de mira. Si ambos son titulares, el partido se convertirá en un examen paralelo para dos mediocentros que simbolizan la apuesta de dos gigantes inquietos. Una derrota para cualquiera de los dos puede transformar un mal inicio en algo mucho más oscuro.
La cicatriz y la motivación
Baleba llega a esta cita con algo más que piernas rápidas. Trae una determinación forjada lejos de los focos. Su padre le sometió a entrenamientos durísimos cuando era niño. Él mismo ha contado que esas sesiones le hicieron profesional. Detrás de esa dureza había un objetivo: construir un futuro que ya tiene una imagen muy concreta, una casa levantada en Douala para su madre.
Cumplió la promesa. Pero ella murió unos meses antes de que él dejara Lille. Nunca vio la casa. Desde entonces, Baleba juega con una ausencia a cuestas. En una entrevista en abril de 2025 relató cómo esa pérdida le sigue empujando. No es un tópico: es un motor.
Si se rebobina aún más, hasta su conversación con la revista francesa Onze Mondial en septiembre de 2023, aparece otra pieza del rompecabezas. Baleba hablaba entonces de su pasión por el manga. Su serie favorita: Fist of the North Star. Su héroe: Kenshiro.
“Cuando empezó, todo el mundo le pegaba, estaba lleno de cicatrices, luego se hizo fuerte. Después, era él quien pegaba a todo el mundo. Nunca se rindió. Me gusta esa actitud”, explicó.
Difícil encontrar una metáfora más clara para el momento que vive. Llega a un United herido, sin red de seguridad defensiva, con un técnico buscando respuestas y una grada que ya ha agotado la paciencia con los experimentos. Su personalidad alegre le ayudará a soportar el foco. Su famoso mortal hacia atrás tras marcar gol quizá aparezca algún día en Old Trafford, aunque no le hayan fichado para eso.
Lo que sí le han pedido es algo más complejo: ordenar el caos, tapar grietas, adelantar un segundo la lectura de cada jugada. Convertir las cicatrices del equipo en fortaleza. El próximo examen no se corrige con bolígrafo, sino con la mirada de un estadio entero. Y en Manchester están a punto de descubrir si su propio Kenshiro está listo para empezar a golpear.






