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Australia pierde ante Alemania en amistoso: Un aviso serio para las Matildas

Por un instante, pareció que las Matildas volvían a ser las Matildas. Ellie Carpenter arrancó por la banda derecha, devoró metros con el balón pegado al pie, combinó de pared con Hayley Raso y colgó un centro preciso al primer palo para que Sam Kerr lo peinara hacia el segundo. Gol de manual. Recuerdo de tiempos mejores.

Solo que llegó tarde. Muy tarde. Australia ya perdía 2-0, llevaba 45 minutos sometida y ese destello fue la excepción en una noche en la que fue superada en casi todo: juego, físico, ritmo y ambición. El 4-2 ante una joven y enérgica Alemania en Karlsruhe no fue un simple amistoso más. Sonó a aviso serio con el Mundial 2027 asomando en el horizonte y la próxima cita grande en Brasil a la vuelta de la esquina.

Una generación dorada que envejece

Las ausencias eran importantes: sin Mary Fowler, Kyra Cooney-Cross ni Alanna Kennedy, el once de Joe Montemurro se apoyó en la vieja guardia. Entre todas, más de 1.000 internacionalidades, con el tridente veterano de Kerr, Caitlin Foord y Raso como bandera. Al otro lado, una Alemania en reconstrucción que apenas sumaba 325 partidos entre todas sus titulares.

Sobre el césped, la diferencia parecía justo la contraria.

Las locales se adueñaron del balón desde el pitido inicial. Se instalaron en campo rival, encontraron líneas de pase por dentro y por fuera, y castigaron por las dos bandas. Cora Zicai y Klara Bühl abrieron la lata táctica desde el minuto 2, combinando para el primer disparo serio de la noche. Australia, mientras tanto, reculaba y se encogía.

En menos de 20 minutos, el balance de remates lo decía todo: siete para Alemania, dos para Australia. Y esas dos llegadas apenas inquietaron. Un taconazo forzado de Kerr tras un centro de Carpenter y un tímido intento de Amy Sayer en el 6', que se fue apagando hasta desaparecer del partido.

La sensación era de asedio. Y el marcador terminó reflejándolo.

Kossler castiga, Australia mira

El primer golpe llegó desde la banda derecha alemana. Un centro profundo de Carlotta Wamser, lateral del Manchester City, cayó al segundo palo. Franziska Kett ganó el duelo aéreo a Carpenter y cabeceó por encima de Mackenzie Arnold. El balón quedó servido para que Melissa Kossler empujara a puerta vacía. Estreno goleador con la selección para la atacante de Denver Summit.

No se quedó ahí.

Casi sobre la media hora, con las Matildas adelantando líneas en busca de aire, Alemania olió sangre. Una presión bien sincronizada permitió a Elisa Sens robar en pleno círculo central. Toque rápido, vertical, para Kossler. La delantera aceleró, sorprendió a Winonah Heatley, recortó hacia dentro ante Steph Catley y cruzó raso ante Arnold. 2-0 y una lección de contundencia.

Mientras las alemanas seguían sumando disparos, las australianas acumulaban frustración. Un pase blando de Foord hacia Kerr terminó interceptado con facilidad. La capitana respondió golpeándose los brazos contra el cuerpo y mirando al cielo. Apenas había entrado en juego en toda la primera parte. Símbolo de un ataque sin chispa.

Carpenter, la excepción

En medio del naufragio, una futbolista se negó a hundirse. Carpenter fue, de largo, la jugadora más en forma y creativa de Australia. Atacó los espacios a la espalda de la zaga alemana, eligió bien por dentro y por fuera, y colgó balones peligrosos cada vez que encontró una rendija. Sus centros fueron casi la única fuente de peligro real para las Matildas.

Ni Foord ni Raso lograron imponerse a las dos laterales alemanas, que las sujetaron con autoridad. El plan ofensivo australiano se fue estrechando hasta depender casi por completo de las arrancadas de Carpenter.

El susto de la noche llegó cuando Kerr, tras un pisotón de su excompañera en Chelsea, Sjoeke Nüsken, se desplomó en el césped. Se tapó la cara con los brazos, se quitó el brazalete y cojeó hacia la banda. El banquillo entró en modo emergencia, buscando soluciones a toda prisa. ¿Quién reemplaza a Kerr en esta selección, hoy?

Al final, la delantera de Gotham regresó al campo. Y en el añadido del primer tiempo, su cabezazo volvió a recordarle a todo el país una realidad incómoda: la distancia entre esta generación dorada y la que viene detrás se agranda con cada ciclo mundialista.

Los cambios desnuda la falta de relevo

La segunda parte expuso con crudeza el problema de fondo. Montemurro movió el banquillo: fuera Kerr, Catley, Sayer y Emily van Egmond; dentro Holly McNamara, Courtney Nevin, Alana Murphy y Leticia McKenna. El impacto fue inmediato, pero no en el marcador.

Se vio el hueco. Un abismo de experiencia internacional. Australia perdió peso en campo rival, le costó retener la pelota y casi no pisó con claridad el último tercio alemán. Las nuevas caras aportaron energía, pero no colmillo. No todavía.

Alemania, en cambio, utilizó sus cambios como un martillo más. Nicole Anyomi y Linda Dallmann entraron para seguir castigando una defensa cada vez más desordenada. Ambas tuvieron mano a mano claros ante Arnold, nacidos de errores australianos en salida. La guardameta, con botas y manos, salvó dos goles cantados: un disparo al palo, otro desviado por centímetros.

Cuando el partido se abrió en los últimos diez minutos, ya no se trataba solo del resultado. Era una cuestión de jerarquía.

Camilla Küver, central alemana, se elevó por encima de todas en un balón parado y firmó el 3-1 con un cabezazo imponente. Parecía la sentencia definitiva.

Australia, sin embargo, encontró un último hilo del que tirar. En el tiempo añadido, McNamara aprovechó un buen pase filtrado de Foord y definió cruzado para el 3-2. Marcador engañoso, pero vida extra para un equipo que había sufrido de principio a fin.

Duró un suspiro.

En el último minuto, un córner mal defendido terminó en los pies de Nüsken, que cazó una media volea seca y la clavó en la red. 4-2. Sin maquillaje posible.

Un espejo incómodo antes de Brasil

Más allá del resultado, el choque en Karlsruhe dejó una imagen difícil de ignorar: mientras Alemania acelera su regeneración, Australia sigue aferrada a una generación que ya no puede sostenerlo todo.

Las Matildas siguen teniendo estrellas. Siguen teniendo orgullo. Pero el fútbol internacional se mueve deprisa, y selecciones como la alemana ya han pisado el acelerador. La pregunta, a menos de dos años del Mundial, es directa y cada vez más apremiante: ¿podrá Australia encontrar relevo real para su columna vertebral antes de que el resto termine de escaparse definitivamente?