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El Barça y el reto de Flick tras la gloria de España

España levantó hace apenas unas semanas su segundo Mundial tras derrotar 1-0 a Argentina en una final áspera, tensa, casi asfixiante. Un partido de nervios, de duelos cuerpo a cuerpo, decidido por un futbolista que ni siquiera salió de inicio.

Ferran Torres, suplente al descanso, acabó escribiendo su nombre en la historia de la selección con un derechazo en el minuto 106. Un disparo seco, de delantero que no duda, que cerró una final marcada por el ajedrez táctico y la fricción constante. Con esa diana, España añadió 202— a 2010 y completó un palmarés de selección grande: Mundial, Eurocopa, Liga de Naciones. Todo.

Pero el eco de esa noche no se detiene en la selección. Retumba en Barcelona.

Un vestuario lleno de estrellas coronadas

Al menos siete jugadores del Barça han vivido esa vuelta olímpica con la medalla de oro al cuello: Joan Garcia, Eric Garcia, Pau Cubarsí, Gavi, Pedri, Dani Olmo y Lamine Yamal, además del propio Ferran Torres. Un bloque con acento blaugrana que ha tocado el cielo antes, incluso, de alcanzar la plenitud de su carrera.

La pregunta flota en el ambiente: ¿y ahora qué? Cuando conquistas el mundo tan pronto, el riesgo es evidente. Sentir que ya has llegado. Relajarte medio paso. Creer que el techo ya está ahí.

En el club lo saben. La presión mediática sobre el Barça, tras el éxito de la selección, se ha disparado. Todos miran a los campeones del mundo. Todos esperan más. Siempre más.

Hansi Flick, sin embargo, no ve un problema. Ve una oportunidad.

Flick, ante el desafío de gestionar egos… y carencias

El técnico alemán, con pasado ganador en Bayern, se ha plantado en la pretemporada con un mensaje claro: ese título debe ser gasolina, no un colchón. No teme los egos, los quiere activos, hambrientos. Asegura que se siente preparado para manejar un vestuario cargado de medallas y personalidad.

Para Flick, los campeones no se detienen. Quien sabe ganar, repite. Esa es la idea que intenta inocular en un grupo que vuelve exultante, pero que deberá demostrar en el día a día de club lo que ya ha mostrado con su selección: trabajo, concentración, constancia. No solo talento.

El discurso es ambicioso, pero el escenario no es perfecto. Ni mucho menos.

El vacío de Lewandowski y el ‘nueve’ que no llega

Entre las sonrisas por el título mundial se esconde un problema muy terrenal: el gol. La marcha de Robert Lewandowski al acabar contrato ha dejado un agujero enorme en la posición de delantero centro. Un vacío que el mercado, de momento, no ha tapado.

El club ha reforzado las bandas, ha sumado talento por fuera, desborde, uno contra uno. Pero el área sigue huérfana de un ‘nueve’ puro. Y eso preocupa al cuerpo técnico. Mucho.

Flick no lo disimula. Sabe que sin un referente claro en el área el equipo puede perder colmillo en los partidos cerrados, esos que se deciden por un detalle, por un remate, por un movimiento de delantero de oficio. El entrenador espera movimientos. Y no solo del club.

El futuro de Ferran Torres también entra en la ecuación. El interés de Paris Saint-Germain condiciona los planes del Barça y el diseño de la delantera. Flick lo asume: habrá que esperar, observar, decidir en función de lo que ocurra con el atacante valenciano. La pelota, en parte, está en el tejado del jugador.

Obstáculos en la pretemporada y un centro del campo tocado

La preparación del nuevo curso tampoco ha sido un camino limpio. Un amistoso previsto ante Preston North End se cayó del calendario por falta de efectivos en el conjunto inglés. Un contratiempo que rompe ritmos, planes de carga, probaturas tácticas.

Y en medio de ese escenario, otro golpe: la lesión de Frenkie de Jong. El neerlandés deja un hueco importante en el corazón del centro del campo, una zona clave para el fútbol que quiere Flick. Aun así, el entrenador no ha entrado en pánico.

En lugar de exigir un fichaje inmediato para esa demarcación, el técnico mira hacia dentro. Confía en la evolución de los jóvenes, en la versatilidad de su plantilla, en la capacidad de los recién coronados campeones del mundo para asumir más responsabilidades con la camiseta del Barça. Prefiere consolidar lo que tiene antes que precipitarse en el mercado.

Un examen que solo vale con los partidos oficiales

El mensaje de Flick destila seguridad en su método y en el grupo que tiene entre manos. Pero todo eso, en agosto, son palabras. Lo que cuenta llegará cuando el balón empiece a rodar en serio.

El reto es mayúsculo: gestionar un vestuario cargado de títulos y expectativas, sostener un proyecto condicionado por las limitaciones económicas y estructurales del club y, al mismo tiempo, construir un equipo reconocible, competitivo, con identidad propia.

España ya ha coronado a sus nuevos héroes. Ahora le toca al Barça demostrar si sabe convertir a esos campeones del mundo en la base de un ciclo ganador… o si el pico de sus carreras ha llegado demasiado pronto.