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Alexander Blessin logra su primera victoria en Bundesliga con Borussia Mönchengladbach

Alexander Blessin volvió a casa y se llevó mucho más que un simple triunfo. En la noche del viernes, en el MHPArena, el técnico de Borussia Mönchengladbach firmó su primera victoria en la Bundesliga al mando de los potros con un 3-2 épico ante VfB Stuttgart, remontada incluida, y puso fin a una racha negra de seis derrotas consecutivas en liga. Todo, en su ciudad natal y con parte de su familia en la grada.

El pitido final desató algo más que alivio. Blessin no se quedó en la zona técnica a saborear el resultado: trepó hacia la grada para abrazar a los suyos. Era un momento profundamente personal, pero el entrenador no quiso apropiárselo. Cuando le preguntaron qué significaba ganar por primera vez con Gladbach precisamente en Stuttgart, el discurso giró de inmediato hacia el vestuario.

“Estoy simplemente feliz por el equipo”, subrayó.

Seis jornadas sin victoria pesan, aunque él solo haya dirigido las dos últimas. El ambiente se había ido cargando, se notaba el nubarrón sobre el club, y esta vez el desahogo llegó con carácter de urgencia. El triunfo evitó que Gladbach se convirtiera en el primer equipo en la historia de la Bundesliga en perder sus siete primeros partidos de una temporada. Era una línea roja que nadie en el club quería cruzar.

El giro del partido, de la depresión al desahogo, no cambió un hecho frío: la clasificación sigue siendo un espejo incómodo. Gladbach continúa anclado al fondo de la tabla. Tres puntos valiosos, sí, pero apenas un primer ladrillo en una reconstrucción que todavía exige mucho más.

En la sala de prensa, Blessin mantuvo el mismo tono pragmático que en la banda. “Para ser totalmente honesto, realmente no me importa de dónde vengan los puntos”, insistió. Que la victoria llegara en su ciudad, con la familia presente, era un guiño del destino. Él lo redujo a lo esencial: lo importante, para el club, son esos tres puntos.

La velada invitaba a pensar en una pequeña tregua. Un periodista le preguntó si, ya que vive cerca de Stuttgart, aprovecharía para pasar algo más de tiempo en casa y disfrutar del momento. La respuesta fue seca, casi incrédula: “¿Sabe que tenemos otro partido de copa el martes, verdad?”. No había margen para la nostalgia.

El plan era claro. El equipo pasaría la noche en Stuttgart y volaría de regreso al día siguiente. Nada de día libre, nada de celebraciones prolongadas. La agenda manda: el martes espera Karlsruher SC en la DFB-Pokal, y Blessin quiere a sus jugadores de vuelta en su propio campo de entrenamiento en menos de 24 horas.

“Tenemos tres días para preparar Karlsruhe”, explicó. “Para repetir una actuación así, necesitamos una buena preparación. Por eso no habrá día libre”. En su discurso se mezclaban la satisfacción por el carácter mostrado en la remontada y una advertencia implícita: lo del viernes no puede ser una excepción aislada.

El contexto familiar, el regreso a casa, la primera victoria, todo habría dado para una noche larga en Stuttgart. Blessin eligió otro camino. Su mensaje, dentro y fuera del vestuario, fue nítido: la emoción queda en la grada; en el césped y en la ciudad deportiva solo cuenta la urgencia de salir del pozo. La temporada de Gladbach no se salvará con un momento entrañable, sino con una serie de noches como esta. Y la siguiente prueba ya tiene fecha y rival.