Zidane inicia su etapa con victoria, pero preocupa la rodilla de Mbappé
Treinta y dos años. Ese es el tiempo que Francia había tardado en ver a un seleccionador francés ganar su primer partido oficial al mando. Desde Aimé Jacquet ante Italia no se daba el caso. El siguiente en la lista es Zinedine Zidane, que arranca su etapa en el banquillo con tres puntos en Turquía y una sensación ambivalente: triunfo en el marcador, preocupación en la camilla.
No fue una obra de arte. Ni cerca. El césped, irregular y pesado, rompió el ritmo de una selección acostumbrada a mandar con el balón al pie. Francia se atascó en la circulación, perdió precisión en controles sencillos y convirtió la primera parte en un ejercicio de frustración: errores técnicos, ataques mal finalizados, poca continuidad.
El sello de Zidane: Dembélé por dentro, Mbappé abierto
Zidane, sin embargo, no tardó en enseñar sus cartas. Su primer once ofreció una pista clara de la idea que quiere implantar: Ousmane Dembélé como nueve, por dentro, en un rol que ya ha explorado con frecuencia en Paris Saint-Germain, y Kylian Mbappé arrancando desde la banda izquierda para explotar la transición y la profundidad.
La apuesta alteró la jerarquía habitual del ataque francés. Dembélé se movió entre centrales, trató de fijar y atacar espacios interiores, mientras Mbappé buscaba recibir más lejos del área pero con campo por delante. La conexión con el resto del frente ofensivo fue intermitente, con desajustes y descoordinación en los apoyos, aunque el plan empezó a encontrar grietas en la defensa turca tras el descanso.
Detrás, el bloque aguantó. La zaga respondió con sobriedad en un contexto incómodo, y Mike Maignan sostuvo el resultado cuando Turquía apretó. El guardameta firmó una intervención clave ante un potente cabezazo de Yuksek al inicio del segundo tiempo, una parada que mantuvo a Francia con vida justo antes del golpe definitivo.
Mbappé rompe el partido… y se rompe
La presión francesa terminó por abrir la puerta en el minuto 54. Jules Koundé y Rayan Cherki encadenaron una acción agresiva, mordiendo arriba, forzando el error y generando la pérdida que cambió el guion. El balón acabó en los pies de Michael Olise, que leyó a la perfección el desmarque de Mbappé dentro del área.
Ahí apareció el de siempre. Control, pausa mínima y definición quirúrgica. Disparo raso, ajustado al palo, imposible para Ugurcan Cakir. Gol número 67 de Mbappé con su selección, en su partido 107. Mismo gesto, misma frialdad, nuevo registro para una carrera internacional que no deja de acumular cifras descomunales.
Y, de inmediato, el silencio.
Pocos minutos después de marcar, Mbappé se desplomó sobre el césped. Del gesto de alivio por el 0-1 se pasó al gesto de preocupación. Entraron las asistencias, breve atención, intento de continuar… y la realidad: el capitán no podía sostener la intensidad. Zidane ordenó el cambio en el 59 y dio entrada a Désiré Doué. Mbappé se marchó directo al vestuario, cojeando de forma visible. El gol, sí. Pero también una mueca que heló al banquillo francés.
Superioridad numérica, nervios en el marcador
Con la ventaja en el luminoso, Francia no logró cerrar el encuentro. Turquía, empujada por su público, buscó el empate con balones frontales y ritmo alto. Maignan respondió, la defensa no se descompuso, pero el 0-1 nunca dejó de ser un resultado frágil.
El tramo final trajo otro giro. Una carrera a campo abierto de Bradley Barcola obligó a salir a la desesperada a Cakir, que terminó tocando el balón con la mano fuera del área. El árbitro recurrió al VAR y, tras revisar la acción, mostró la tarjeta roja al guardameta turco por mano deliberada. Turquía se quedó con diez y Francia, con media hora larga para matar el partido.
La selección de Zidane, sin embargo, no encontró el segundo. Koundé se topó con el poste en una llegada que parecía sentenciar la noche. Doué, ya en plena búsqueda de espacios ante un rival en inferioridad, vio cómo su disparo final era repelido por el nuevo portero local. Ocasiones hubo; puntería, no tanta.
El 0-1 se defendió con oficio, pero también con la sensación de que el marcador no reflejaba del todo la superioridad numérica. El contexto —debut del seleccionador, desplazamiento complicado, rival intenso— da valor a los tres puntos. El juego, en cambio, dejó claro que el margen de mejora es amplio mientras el grupo asimila las nuevas órdenes de Zidane.
La victoria se celebra, la rodilla de Mbappé preocupa
Con el pitido final, las miradas se desplazaron del marcador a la enfermería. El parte médico de Mbappé se ha convertido en la prioridad absoluta del cuerpo técnico. Las primeras informaciones apuntan a que el delantero se someterá a pruebas exhaustivas en las próximas 24 horas para evaluar el alcance del problema en la rodilla.
Según la comunicación oficial, el capitán pasará un primer examen en las próximas horas que determinará si continúa concentrado con Francia o si debe regresar a Madrid para seguir el tratamiento con su club. El caso de Mbappé se suma a una lista de contratiempos físicos que ya incluye a Ibrahima Konaté, recientemente devuelto también a España tras sufrir un esguince leve de rodilla en un entrenamiento.
Zidane, en pleno arranque de proyecto, se ve obligado a caminar por una delgada línea: construir una identidad reconocible, competitiva, mientras gestiona la presión de un país que exige resultados inmediatos y, al mismo tiempo, la fragilidad física de piezas clave. La primera victoria ya está en el bolsillo. La verdadera incógnita, ahora, es cuánto tiempo podrá escribir este nuevo seleccionador su libreto con Mbappé como protagonista sobre el césped.






