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Zidane y el futuro de Francia sin Mbappé

Zinedine Zidane lleva demasiados años en la élite como para engañarse: el tiempo en el fútbol no se detiene. Ni para los genios.

“Hay que disfrutar el momento porque el fútbol va muy rápido”, repite el seleccionador de Francia. A sus 54 años, ya no pisa el césped como aquel mediocentro que gobernó el mundo, pero el mensaje que lanza a su vestuario tiene la misma precisión que sus antiguos controles orientados. “Ya no puedo jugar. Les digo a los jugadores que disfruten porque se les va volando. La selección de Francia es algo tan bonito que quiero que vivan estos momentos”.

No es una frase hecha. Es casi un programa de gobierno.

Un inicio sobrio… y un golpe inesperado

Zidane tomó el relevo de Didier Deschamps en julio y abrió su etapa en el banquillo de Les Bleus con una victoria mínima, pero cargada de significado: 1-0 ante Turquía en el debut en la Nations League, en el Grupo 1 de la Liga A.

El guion parecía escrito para Kylian Mbappé. El delantero firmó su gol número 67 con la camiseta de la selección al inicio de la segunda parte, otro registro que alimenta una carrera internacional descomunal para un jugador de 27 años. Gol, ventaja, sensación de control.

Y, de pronto, el silencio.

Mbappé se marchó lesionado, con molestias en la rodilla, poco después de marcar. El diagnóstico ha sido contundente: se pierde los otros tres partidos de Francia en esta ventana internacional de la Nations League. Un vacío enorme en lo deportivo y en lo simbólico, justo cuando arrancaba la era Zidane.

El brazalete, sin embargo, no cayó al césped. Lo recogió Ousmane Dembélé.

Dembélé, de escudero a capitán

El extremo, que heredó la capitanía en cuanto Mbappé abandonó el campo, será el encargado de liderar al equipo este lunes en el Koning Boudewijnstadion de Bruselas. Una escena que hace unos años habría sorprendido a muchos. A Zidane, no.

“Ousmane es un buen tipo”, explica el técnico. “Siempre está para los demás y tenemos que aprovechar su experiencia. Lo interesante es que tiene un ritmo de trabajo impresionante. Pone una energía increíble”.

No es solo una cuestión de talento ofensivo. En el discurso de Zidane hay una pista clara: quiere un capitán que corra, que se sacrifique, que marque el tono. Dembélé, Mbappé, Olise… el frente de ataque ilusiona, pero el seleccionador no olvida a quien sostiene todo desde atrás: Mike Maignan. El guardameta, con sus intervenciones, sostuvo el 1-0 ante Turquía y dio forma a una victoria que, sin él, habría tenido otro relato.

Bélgica se presenta con autoridad

Al otro lado, Bélgica también estrena ciclo. Mark van Bommel se sentó por primera vez en el banquillo de los Diablos Rojos el viernes y no pudo arrancar con más fuerza: 2-0 en Roma frente a Italia, amargando el regreso de Roberto Mancini al banquillo azzurro.

Los goles llevaron firma de Paris Saint-Germain y Benfica: el delantero Mika Godts y el atacante Dodi Lukébakio sellaron un triunfo que avisa de inmediato al continente. Bélgica ya no es solo la selección de una generación dorada que se apaga; empieza a dibujar otra cara.

Zidane no se engaña con los nombres ni con el contexto.

“Bélgica es un muy buen equipo”, subraya. “Hizo un gran Mundial y sabemos que tiene individuos excepcionales. Y colectivamente sabemos que vamos a tener un partido difícil, pero eso es lo que me parece interesante. Hay grandes partidos. Eso es lo que quieres cuando eres competitivo y disfrutas jugando al fútbol. Quieres partidos grandes, y este es otro”.

El desafío le estimula. Se le nota.

El regreso a casa: Italia y Bélgica en el Stade de France

Tras el duelo en Bruselas, Francia regresará a París. Ahí espera otro capítulo cargado de memoria para Zidane: el 2 de octubre dirigirá su primer partido como seleccionador en casa, frente a Italia, en el Stade de France.

El mismo estadio en el que, en 1998, sus dos goles de cabeza en la final del Mundial abrieron el camino del 3-0 ante Brasil y del primer título mundial de la historia de Francia. El círculo no se cierra, pero se estrecha.

Tres días después, el 5 de octubre, Francia volverá a recibir a Bélgica en el mismo escenario para su cuarto encuentro del grupo. Dos partidos en casa, dos rivales de peso, un escaparate perfecto para medir la velocidad del proyecto Zidane… y para comprobar cómo sobrevive el equipo sin Mbappé en el corto plazo.

Bajo los focos, sin buscarlos

Zidane sabe que el ruido crecerá cuando la selección pise territorio francés. Lo ha vivido como jugador, como entrenador de Real Madrid y ahora como seleccionador de un país que examina cada gesto.

“No, no me molesta”, asegura. “Creo que hay que aceptar las cosas como son. No busco la atención. No estoy aquí por eso. Voy a intentar hacer mi trabajo con mis jugadores, intentar poner algo en marcha que nos permita ganar partidos. Eso es lo que me interesa. Eso es lo que más me interesa”.

Nada de grandes declaraciones de intenciones. Nada de promesas vacías. Ganar partidos. Construir algo reconocible. Competir en cada gran cita.

El formato de la Nations League no concede demasiado margen: los dos primeros de cada uno de los cuatro grupos de la Liga A avanzan a la fase final, que se disputará el próximo marzo. Las semifinales están programadas para el 9 y 10 de junio de 2027 y la final, para el 13 de junio.

Tiempo hay. Pero no tanto como parece.

Zidane lo sabe mejor que nadie. Por eso insiste: hay que disfrutar el momento. La cuestión, para Francia, es si sabrá hacerlo mientras corre detrás de los títulos sin su gran estrella… y con un nuevo jefe en el banquillo que ya conoce lo que es tocar el cielo con esta camiseta.