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Tom Cleverley celebra victoria clave de Plymouth Argyle en League One

Tom Cleverley saborea uno de sus grandes momentos desde que colgó las botas. Y no fue en Old Trafford ni en Wembley, sino en un Home Park en ebullición, cuando un gol en el último suspiro mantuvo a Plymouth Argyle en lo más alto de la League One.

Xavier Amaechi apareció en el quinto minuto del añadido de la segunda parte para firmar el 2-1 ante AFC Wimbledon y desatar el delirio. Un remate tardío, algo desordenado, pero decisivo. Justo como describiría después su propio entrenador el partido: “un poco feo, pero suficiente para hacer el trabajo”.

Un subidón de entrenador, no de jugador

Cleverley, excentrocampista de la selección de Inglaterra y de clubes como Manchester United, Everton y Watford, no ocultó lo que significó la victoria.

Le costó incluso encontrar comparaciones desde que se retiró. Esa explosión de júbilo, ese rugido de la grada en el 95, esa carrera hacia el banquillo. Para él, se acerca como pocas cosas a la adrenalina que sentía cuando era futbolista. Es justo ese tipo de momentos por los que ahora vive desde la banda.

Argyle encadenó así su quinta victoria en los últimos seis partidos y abrió una pequeña brecha: dos puntos de ventaja sobre Bradford City, que todavía tiene un partido pendiente tras su 0-0 frente a Leyton Orient. La tabla se aprieta, pero de momento el liderato sigue teñido de verde.

Un líder que gana sin brillar

El propio Cleverley admitió que el equipo estuvo lejos de su mejor versión. No fue una exhibición. Hubo imprecisiones, tramos de juego espeso y fases en las que Wimbledon se sintió demasiado cómodo.

Sin embargo, el técnico se agarró a un dato: sus jugadores fabricaron 18 ocasiones. Dieciocho. Varias de ellas muy claras. Para un entrenador, eso pesa más que la estética del juego en una tarde complicada.

Prefiere corregir la puntería antes que lamentarse por un ataque inofensivo. Si el equipo se queda en seis o siete tiros, la preocupación sería otra. Ahora, el diagnóstico es distinto: falta afinar en la definición, no inventarse un plan nuevo.

El gol de Amaechi terminó siendo el espejo perfecto del encuentro. Una acción algo sucia, con rebotes, sin el trazo fino de un manual de academia. Pero dentro. Tres puntos más. Y un vestuario que sale reforzado por la sensación de que, incluso cuando no domina, sabe morder al final.

Trabajo, suerte y Huddersfield en el horizonte

Cleverley subrayó el carácter del grupo. Habla de un equipo que no negocia el esfuerzo y que, de vez en cuando, recibe la recompensa en forma de ese “poquito de suerte” que todo aspirante al ascenso necesita durante una temporada larga.

El mensaje, sin embargo, no se quedó en la euforia. El técnico dejó claro que la semana que viene habrá trabajo duro antes de medirse a Huddersfield. Sabe que el liderato no se sostiene eternamente a base de arreones finales y victorias agónicas.

Plymouth Argyle sigue arriba, empujado por un estadio que ya se ha acostumbrado a vivir finales dramáticos. La cuestión ahora es otra: ¿convertirá este equipo esa mezcla de oficio, sufrimiento y goles sobre la bocina en un billete definitivo hacia el ascenso?