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United se desploma ante Brighton: Carrick al borde del abismo

Durante 25 minutos, Old Trafford volvió a creer. Un adolescente, Shea Lacey, marcó en su primer partido como titular. Mason Mount amplió la ventaja poco después. 2-0, fútbol fluido, ritmo alto, la grada enchufada. El guion soñado.

Y entonces, el derrumbe.

Brighton remontó hasta el 3-2 y silenció el Theatre of Dreams, firmando una noche que se va directa a la lista negra del club: es la primera vez desde 1976 que un United desperdicia una ventaja de dos goles y acaba perdiendo en casa en liga. Cincuenta años de historia tirados por la borda en 90 minutos.

Las caras en la grada lo decían todo. Abucheos al pitido final, incredulidad, rabia. La sensación de déjà vu de un equipo que se descompone en cuanto recibe el primer golpe serio.

Un Carrick aturdido y bajo fuego

Michael Carrick apareció ante los medios con gesto vacío, como si aún estuviera intentando recomponer el partido en su cabeza.

“La forma en que empezamos el partido, a los 20-25 minutos estábamos en una posición tan buena, jugando bien, haciendo todo lo que queríamos hacer, y ahora parece que fue hace mucho tiempo”, admitió. “La sensación al inicio del partido y la sensación al final no podrían estar más alejadas”.

El contraste le golpea de lleno. Su equipo pasó de dominar y ejecutar el plan a la perfección a hundirse sin respuesta ante un Brighton que olió el miedo y no perdonó. El vestuario, otra vez, se fue roto. Y el técnico, otra vez, tuvo que dar explicaciones.

El ambiente se ha vuelto tóxico. Las casas de apuestas ya le colocan entre los principales candidatos a ser el próximo entrenador destituido en la Premier League. Aun así, Carrick no se mueve ni un milímetro de su discurso: está convencido de que puede darle la vuelta a la situación.

No lo dice desde la teoría. Tomó a un equipo en crisis en enero y lo llevó a un meritorio tercer puesto la temporada pasada. Para él, esa reacción no fue un espejismo, sino la prueba de que el núcleo de esta plantilla sigue teniendo nivel.

Fe en el vestuario y urgencia en el calendario

Cuestionado directamente por su futuro, Carrick respondió con firmeza. Nada de medias tintas.

“Por supuesto que podemos darle la vuelta”, aseguró. “Tenemos jugadores realmente buenos y ahora se siente todo muy mal porque no hemos tenido una buena semana, ni dos ni tres semanas. Pero eso no significa que no puedas volver a ganar un partido de fútbol rápido. Los jugadores ya han demostrado antes de lo que son capaces y nosotros como grupo también”.

La realidad, sin embargo, no le concede tiempo para lamentos. El calendario aprieta y el margen de error se ha evaporado. Antes del parón internacional, el United visita Craven Cottage para medirse a un Fulham hundido en la tabla, 18º, y también en plena tormenta.

Al otro lado estará Álvaro Arbeloa, otro técnico bajo enorme presión tras no haber logrado aún una sola victoria liguera desde su llegada en verano. El encuentro ya se vende como un “partido de vida o muerte” para ambos banquillos. Pero la dimensión del United y el peso histórico del batacazo ante Brighton convierten este duelo, para Carrick, en algo todavía más extremo.

“Todo va de lo que haces después y de cómo gestionas los momentos, los altos y los bajos”, explicó. “Ahora tenemos que afrontar este momento de la forma correcta”.

Volver a lo básico… y hacerlo ya

El objetivo último sigue siendo devolver al United a la élite de Inglaterra y de Europa. Hoy suena casi lejano. Carrick, consciente de ello, ha bajado el foco: antes de pensar en títulos o grandes noches europeas, su prioridad es encadenar resultados, recuperar hábitos, estabilizar un equipo que se desmorona con demasiada facilidad.

Ha pedido simplicidad. Menos ruido, menos complicaciones tácticas, más eficacia. Volver a la versión del segundo tramo del pasado curso, cuando el United sumaba victorias con una inercia casi automática.

“Tenemos que volver a encadenar una buena racha”, subrayó. “Así de simple. Tenemos que ganar partidos de fútbol, y podemos hacerlo, y creo firmemente que lo haremos. Pero obviamente tenemos que hacerlo bastante rápido y el domingo es el punto de partida”.

El mensaje es claro. El tiempo de las excusas se ha terminado. El domingo en Craven Cottage no se juega solo un partido: se juega la credibilidad de un proyecto y, quizá, el futuro inmediato de Michael Carrick.