El último día negro de Chelsea: adiós a Europa y un vestuario complicado
La derrota en Sunderland no solo cerró una temporada decepcionante para Chelsea. Cerró también la puerta de Europa y abrió un verano que promete ser áspero en Stamford Bridge.
Sin competición UEFA por segunda vez en cuatro temporadas bajo los actuales propietarios, el golpe es doble: prestigio dañado y un agujero económico importante. El club deja de ingresar el impulso de unos 80 millones de libras que trajo la Champions esta campaña. Y ese vacío se nota en cada decisión que se avecina.
Estrellas inquietas, club bajo presión
Desde la directiva de BlueCo insisten en que no necesitan vender a sus joyas. Enzo Fernández, tentado por Manchester City, o el máximo goleador Joao Pedro, seguido de cerca por Barcelona, figuran en la lista de intocables oficiales.
Sobre el papel, los contratos largos de Cole Palmer, Fernández, Pedro o Moisés Caicedo blindan el proyecto. En la realidad, la historia del fútbol reciente es clara: cuando las grandes estrellas y sus agentes quieren moverse, suelen encontrar la puerta.
El ambiente tampoco ayuda. Tras la dura goleada en Champions frente a Paris Saint-Germain, Marc Cucurella admitió que los jugadores más veteranos se sentían “desanimados” por la incapacidad del club para competir con la élite. Y ahora, como mínimo, el equipo está a una temporada de volver a la máxima competición continental.
Mantener a futbolistas ambiciosos en un club que no responde a sus expectativas nunca es sencillo. Y este verano Chelsea no solo tendrá que convencer a sus mejores hombres de quedarse, también deberá encontrar salida a un grupo numeroso de jugadores que amenazan con formar una nueva “bomb squad”.
Xabi Alonso, poder y bisturí
En medio de este paisaje llega Xabi Alonso. No como simple entrenador, sino con el título de “manager”, un matiz que en Londres significa algo muy concreto: más voz en los fichajes, más peso en la remodelación del vestuario.
El plan es claro. Alonso debe ser el rostro que convenza a los que él considera esenciales para que apuesten por el proyecto. Pero también el que impulse una limpieza profunda. Hacen falta refuerzos de alto nivel, caros. Y hace falta espacio, físico y financiero.
Los números del vestuario son elocuentes. Según Transfermarkt, Chelsea cuenta con 31 jugadores en la primera plantilla. Con las llegadas ya confirmadas de Geovany Quenda y Emmanuel Emegha, y la probable incorporación de Valentín Barco, la cifra subiría a 34.
Treinta y cuatro futbolistas en un equipo sin Europa es una barbaridad. Esta temporada, Enzo Maresca pudo repartir minutos con una segunda unidad reforzada por jóvenes gracias a la Conference League. La próxima, muchos simplemente “sobrarían” en Cobham.
Pocos, muy pocos, de los que han participado en esta campaña tan pobre podrían alegar injusticia si aparecen en la lista de transferibles. Desde el portero Robert Sánchez hasta Liam Delap, hay material suficiente para formar un once completo de jugadores en el alambre.
El mercado sabe que Chelsea tiene prisa
La dirección deportiva se movió con acierto el verano pasado para vender. Esta vez el reto es mayor. Todo el mundo sabe que Chelsea llega al mercado con la necesidad de aligerar plantilla, y los compradores apretarán al máximo.
Los contratos largos, tan útiles para amortizar traspasos en los libros de cuentas, se convierten ahora en una trampa. Si un fichaje no funciona, su valor contable cae despacio. Y eso complica encontrar compradores dispuestos a pagar lo que el club necesita para no registrar pérdidas.
El caso de Alejandro Garnacho es ilustrativo. Fichado por 40 millones de libras el verano pasado con un contrato de siete años, su valor en los libros del club sigue por encima de los 34 millones. Resulta difícil imaginar a alguien pagando esa cifra, y aún más que llegue una oferta que genere beneficio.
Romeo Lavia se encuentra en una situación similar, aunque por motivos distintos. Sus problemas físicos continuos hacen casi imposible que otro club arriesgue más de 30 millones de libras por un jugador cuya disponibilidad es una incógnita.
En otros casos, la salida parece más sencilla. Andrey Santos, Marc Guiu e incluso Nicolas Jackson podrían dejar beneficios importantes si el club decide hacer caja con ellos. Alonso y la directiva tendrán que elegir bien: no quieren vender a los tres delanteros centro –Jackson, Guiu y Delap–, pero es probable que dos de ellos terminen marchándose.
Una defensa en el escaparate
Donde sí se espera un movimiento masivo es en el centro de la zaga. Wesley Fofana, tras una temporada muy floja, aparece señalado. Junto a él, Benoît Badiashile, Tosin Adarabioyo y Axel Disasi, que regresa de su cesión en West Ham, también podrían salir si llega la oferta adecuada.
El caso de Trevoh Chalobah es especialmente delicado. Ha sido, con diferencia, el central más fiable del equipo en términos de rendimiento y estado físico. Sin embargo, su condición de canterano lo convierte en una pieza muy valiosa desde el punto de vista contable: una venta en torno a los 40 millones de libras sería beneficio puro, como ocurrió con Mason Mount y Conor Gallagher en veranos anteriores.
Josh Acheampong, otro producto de la Academia con muy pocos minutos pese a su buena reputación interna, entra en la misma categoría. Igual que el extremo Tyrique George, si Everton no convierte en definitiva su cesión.
El mensaje es evidente: la cantera, orgullo histórico de Chelsea, puede convertirse otra vez en la vía más rápida para cuadrar números.
El fantasma de la “bomb squad”
Mientras la cúpula trabaja para convencer a las figuras de que se queden y al mismo tiempo empuja a muchos otros hacia la puerta, en Cobham flota un recuerdo incómodo: la “bomb squad” del verano pasado.
Maresca y los directores deportivos no dudaron entonces. Los jugadores que no entraban en los planes, pero que no encontraron salida, fueron apartados. Entrenaban separados, se cambiaban separados y ni siquiera podían comer con el resto del primer equipo.
Las imágenes que dejó Axel Disasi desde su alojamiento temporal se convirtieron en símbolo de una política que recibió duras críticas, incluidas las del sindicato de jugadores, la PFA. El mensaje era claro: o encuentras club, o quedas fuera del grupo.
Ahora la pregunta es inevitable. Si las ventas no llegan al ritmo que el club necesita, ¿se verá Xabi Alonso obligado a repetir el mismo método cuando la plantilla regrese de la gira de pretemporada por Australia y el Lejano Oriente?
En Stamford Bridge preparan un verano de salidas masivas. Si los despachos no se mueven rápido, el nuevo técnico podría descubrir muy pronto que, en Cobham, no solo falta Europa. Falta también espacio para tanto futbolista. Y quizá, como ya bromean algunos dentro del club, haya que ir pensando en un portakabin aún más grande.






