Tyrell Malacia: De Manchester a renacer en Cincinnati
Tyrell Malacia sonríe de nuevo. Lejos de Old Trafford, lejos de la etiqueta de “bomb squad”, el lateral zurdo neerlandés vuelve a sentirse futbolista en FC Cincinnati, en la Major League Soccer, después de que su contrato con Manchester United expirara este verano. Tiene 27 años, las rodillas operadas dos veces y una certeza que repite sin dudar: no cambiaría nada de lo que ha vivido.
“No me arrepiento de nada, ni un poco. Incluso si pudiera repetirlo, haría lo mismo, porque si no, no sería el hombre que soy ahora”, confesó en una entrevista con BBC Sport.
Del pico en Old Trafford al parón más duro
El arranque de su aventura en Manchester fue prometedor. Llegó desde Feyenoord en 2022 por 13 millones de libras, de la mano de Erik ten Hag, y su primera temporada fue, en sus palabras, “buena”. Los números lo respaldan: 39 partidos en todas las competiciones. Para un recién llegado, en la Premier League y en un gigante como United, era un impacto inmediato.
Y luego, el frenazo.
Terminó la campaña 2022-23 con molestias en la rodilla izquierda. Pensó que el verano lo curaría todo. No fue así. Volvió a Países Bajos para operarse, pero la recuperación se torció y necesitó una segunda intervención. Un año y medio fuera. Un abismo para cualquier jugador, más aún para un lateral cuya carrera depende de la explosividad, los apoyos, la confianza en cada giro.
Malacia evita los detalles más crudos de su rehabilitación, pero deja claro que “pasaron ciertas cosas” durante ese proceso. Lo importante, para él, es que desde noviembre de 2024 se siente totalmente en forma. Llevaba tiempo listo, aunque el fútbol de élite ya no le abría la puerta con la misma facilidad.
Su regreso llegó en un escenario menor: un partido con el equipo sub-21 en la EFL Trophy, derrota ante Huddersfield. Para él, era el primer paso del camino de vuelta al primer equipo. Pero ya nada era igual. Ten Hag había sido despedido y el banquillo lo ocupaba Ruben Amorim.
Amorim, pocas oportunidades y una cesión necesaria
“Ruben llegó justo cuando yo volvía de la lesión. Me dio un par de partidos, pero yo venía de un año y medio sin jugar. Imagínate adaptarte de nuevo a todo, en la mejor liga del mundo y en un club tan grande. Lleva tiempo”, explica. Tiempo que, reconoce, un jugador en un gigante como Manchester United rara vez tiene.
Ocho apariciones. Eso fue todo antes de que se abriera una puerta de escape: una cesión al PSV Eindhoven para el resto de la temporada 2024-25. No estaba al cien por cien, lo admite, pero necesitaba minutos, ritmo, volver a sentir la competición.
Seis meses después, regresó en verano a Manchester con una idea clara: “Pensé: ‘OK, ahora va a pasar, voy a tener una oportunidad justa’”. No la tuvo.
La lista negra y el exilio interno
Justo antes del inicio de la pretemporada, el club emitió un mensaje contundente: Tyrell Malacia, Marcus Rashford, Jadon Sancho, Alejandro Garnacho y Antony entrenarían al margen del grupo de Amorim y podrían salir si llegaba una oferta adecuada.
En el caso de Malacia, nadie supo explicar qué había hecho mal. Fuentes internas insistían en que no era un jugador problemático ni una mala influencia. Simplemente, quedó fuera.
Los otros cuatro acabaron encontrando salida. Él no. Y empezó su etapa más extraña en Carrington: entrenamientos con los sub-21, y, a petición propia, incluso con los sub-18 y sub-17 para mantenerse en forma. Grupos de cinco, luego de uno solo. Un internacional neerlandés moviéndose entre adolescentes para no perder el tono competitivo.
“No sé de dónde vino eso, no sé si fue cosa de Ruben o de más arriba, pero nunca dije nada. Seguí trabajando y haciendo lo mío, aunque a veces fuera difícil entrenar en un grupo de cinco”, cuenta. Uno a uno, Rashford, Garnacho y Antony se marcharon. Él se quedó solo.
“Podría haber dicho: ‘No voy a entrenar’. Pero pensé: ‘Eso no me va a ayudar’. Sería una razón para que dijeran: ‘Por esto estás ahí o entrenando solo’. Bajé la cabeza y trabajé. Siempre estuve en forma desde que volví de la lesión, pero la gente no lo sabía. Se preguntaban: ‘¿Por qué no juega?’”.
La llamada de Carrick y un papel residual
Su situación cambió ligeramente a finales de septiembre de 2025, cuando regresó al grupo. Entró en la convocatoria para el partido del 25 de octubre ante Brighton y estuvo en todas las listas de partido desde el 24 de noviembre. Pero su participación fue simbólica.
Jugó los últimos dos minutos en el duelo del Boxing Day ante Newcastle, otros cinco en la vuelta en St James’ Park el 5 de marzo y se despidió con unos minutos en Brighton el 24 de mayo. Eran apariciones testimoniales, pero al menos volvía a pisar el césped de la Premier League.
Con la llegada de Michael Carrick al banquillo, Malacia pidió salir. Quería jugar. Una vez más, las circunstancias del equipo lo ataron.
“Tuve una buena conversación con Michael cuando llegó. Obviamente, yo quería irme, luego llegaron algunas lesiones y ya no pude salir por el tema de los números en la plantilla”, relata. “Fue difícil de aceptar. Pensaba: ‘No voy a jugar, pero no me dejan ir, ¿cuál es el sentido de que me quede aquí?’”. Carrick le explicó su postura. Necesitaba fondo de armario, necesitaba protegerse como entrenador.
Malacia lo entendió, aunque no le gustara. “Al final del día, todos están ahí por sí mismos. Yo estoy por mí, obviamente primero, y luego por el equipo, pero el entrenador también está por sí mismo, necesita salvar su trabajo o hacerlo bien”, resume con crudeza, sin rencor.
Aun así, cuando mira atrás, no encuentra amargura: “No me arrepiento de nada. Disfruté mucho mi primera temporada y la gente que trabajaba allí y los jugadores que conocí fueron increíbles. De verdad, disfruté mi tiempo”.
Renacer en FC Cincinnati
Hoy, su escenario es otro. Césped estadounidense, camiseta de FC Cincinnati, octava posición en la Conferencia Este y una carrera que vuelve a moverse. El 21 de octubre, en la victoria 2-1 ante DC United, encadenó su cuarto partido seguido como titular. No lo lograba desde septiembre de 2022, en los primeros compases de su etapa en Manchester.
Esa continuidad vale oro para alguien que ha pasado tanto tiempo fuera. “Como futbolista quieres jugar. Ahora puedo hacerlo y de forma constante, así que estoy feliz”, afirma. Ha firmado para la temporada de “sprint” de 2027, con opción de seguir en 2027-28, la primera que se alineará con el calendario europeo.
Cincinnati pelea por mantenerse en la zona de play-offs: los nueve primeros se clasifican, quedan cuatro jornadas de fase regular y Malacia quiere exprimir cada minuto. “Esta oportunidad apareció en mi camino y la gente con la que hablé fue muy positiva. Eso me dio una buena sensación”, explica.
Su currículum pesa. “He jugado para Man Utd, he jugado para Feyenoord, he jugado para PSV, así que tengo mucha experiencia. Quiero traer eso al club. Quiero traer mi energía, quiero traer mi calidad”, dice. Sabe que, si el equipo entra en play-offs, el margen de error desaparece: “Al final del día, son todas finales. El que mejor se presente ese día es el que va a llegar hasta el final.”
Después de tanto tiempo parado, lo tiene claro: cuantos más partidos, mejor. “He estado fuera tanto tiempo que solo quiero jugar la mayor cantidad de partidos posible”.
En Cincinnati ha encontrado minutos, confianza y un balón que vuelve a buscar su banda izquierda. La pregunta ya no es qué pasó en Manchester. La verdadera incógnita es hasta dónde puede llegar ahora que, por fin, vuelve a correr sin mirar atrás.






