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Torquay United cae ante Billericay Town y Jimmy Ball estalla

Torquay United viajó a Essex con la confianza alta tras golear 6-1 en la FA Cup. Volvió con un baño de realidad, un 3-0 incontestable en casa de Billericay Town y un entrenador desatado, furioso con los suyos y con la sensación de haber retrocedido varios pasos en su proyecto.

El golpe llega pronto. Demasiado pronto para un equipo que aspiraba a asentarse en la zona alta de la National League South. A los cuatro minutos, Macauley Bonne adelanta a los locales y desnuda a un Torquay blando, sin intensidad, irreconocible respecto al equipo que había enlazado tres jornadas invicto en liga.

Desde ahí, el partido se le hace larguísimo a los Gulls.

De la buena racha al retroceso

Torquay aterrizaba en Essex con tres victorias y tres derrotas en sus primeros 10 partidos, una trayectoria irregular pero con señales de mejora en las últimas semanas. Jimmy Ball lo tenía claro: el equipo estaba creciendo. Por eso el 3-0 duele más.

“Estoy furioso. Estoy enfadado con los rendimientos y con los jugadores y extremadamente frustrado con lo que acabamos de poner sobre el césped”, confesó el técnico a BBC Radio Devon, sin rodeos.

El marcador lo agrava todo. Callum Watts firma el 2-0 antes de la media hora con una volea que hunde aún más a Torquay. Sin respuesta, sin rebeldía. La sentencia llega en la recta final: un disparo de Jon Benton, desviado, se convierte en el 3-0 con 20 minutos por jugar. Partido acabado, orgullo tocado.

Con la derrota, Torquay cae al 13º puesto, se queda a seis puntos del líder Maidstone United y a cuatro de la última plaza de play-off. Para un club que la temporada pasada perdió el ascenso en una dramática final de play-off en Hornchurch, la imagen en Billericay escuece todavía más.

Cara a cara con su propia afición

El pitido final no cierra la noche. La abre. Ball camina hacia el fondo visitante, donde le espera un grupo de aficionados furiosos. El técnico no se esconde.

“Lo entiendo absolutamente”, admite. “Ellos se ganan el derecho a decirme las cosas que me dicen, pero yo no puedo obligar a los hombres a correr”.

La frase golpea tan fuerte como el resultado. Ball insiste en la idea, una y otra vez: correr, pelear, hacer “las cosas duras” del fútbol. Eso faltó en Essex.

“Puedo pedirles que corran, animarles a que corran, decirles lo importante que es esto y que no decepcionen a la gente. Pero luego tienen que salir y correr y luchar y hacer las cosas difíciles en el fútbol, y hoy eligieron no hacerlo”.

Un técnico bajo presión

La presión sobre Ball crece. Llegó en marzo, tras el despido de Paul Wotton por una mala racha de resultados, y en pocos meses llevó al equipo a una final de play-off que se escapó en los últimos instantes. Ese impulso alimentó las expectativas: muchos veían a Torquay este curso instalado en la parte alta.

La realidad, de momento, va por otro lado.

El propio Ball reconoce que el vestuario le ha fallado en Billericay y promete una revisión sin filtros del partido. Nada de paños calientes.

“Tengo que decirles la verdad y ser lo bastante hombres como para estar enfadados por su rendimiento de hoy, y lo bastante hombres como para hacer algo al respecto. Lo bastante hombres como para no dejar que otro hombre corra más que tú, que no te supere en la entrada, en la pelea, en el físico”, dispara.

El mensaje es directo, casi obsesivo: carácter, orgullo, responsabilidad. Ser “hombres”, como repite el técnico.

“Eso es lo que les voy a pedir: que salgan y sean hombres, que hagan una actuación que nuestros aficionados merecen, porque viajan de forma increíble, y que muestren un poco de carácter, que hagan más”.

Aviso a navegantes dentro del vestuario

La noche en Essex deja también una advertencia muy clara para quienes se relajen: nadie tiene el puesto garantizado.

“Si no están motivados para correr por el campo, entonces tendré que cambiarlos, así de simple. Ahí está la motivación, porque hoy no vi nada de lo que pudiera tirar para motivarles”, sentencia Ball.

No hay promesas de protección, ni escudos. Solo una línea marcada: el que no corra, se va fuera.

“Seré honesto, diré la verdad y tendrán que ser hombres. Eso es lo que exige el fútbol: hombres en un terreno de juego. Así que esta semana tendrán que salir y serlo”.

Torquay se marcha de Billericay con un 3-0 que pesa más por la forma que por los números. La respuesta ya no está en las ruedas de prensa ni en los discursos. Está en el próximo once, en la próxima carrera, en la próxima disputa dividida. Ahí se sabrá si este toque de atención de Jimmy Ball fue un simple estallido de rabia o el punto de giro de la temporada.