Stuttgart derrota a un Everton sin puntería
En el MHPArena, en la tarde que debía cerrar con buenas sensaciones la gira alemana de Everton, lo que quedó fue una certeza incómoda: el equipo genera, corre, compite… pero no marca. Stuttgart ganó 3-1 un amistoso que pudo tener un guion muy distinto si los delanteros ingleses hubieran tenido un mínimo de puntería.
Un inicio atropellado y un aviso constante
Jarrad Branthwaite salió como capitán al frente de un once con rotaciones, sin Christian Nørgaard —ausente de la gira— y con Röhl improvisado como lateral derecho. Stuttgart tomó el balón desde el primer segundo y lo protegió con autoridad, obligando a Everton a perseguir sombras durante varios minutos.
El primer gran aviso llegó pronto: una acción muy peligrosa del conjunto local que Branthwaite cortó con un cruce impecable. De ese robo nació una carrera poderosa de Beto, que se abrió paso a empujones hasta que su último toque, demasiado largo, regaló la pelota a un defensa. Fue el primer síntoma de lo que se repetiría durante todo el partido: buena intención, pésima ejecución.
O’Brien tuvo que conceder un córner que casi acaba en gol, con un remate final cruzado que se fue desviado por poco. Dibling intentó responder con una conducción tímida, sin confianza, mientras Hayden Hackney forzaba un pase vertical imposible que soltó de nuevo a Stuttgart en ataque.
Con el paso de los minutos, Everton empezó a pisar más campo rival. Un error grotesco del portero alemán dejó el balón en los pies de Alcaraz, que cedió a Beto. El portugués, solo, disparó muy desviado. Entre pérdidas y recuperaciones en el centro del campo, el equipo inglés se fue asentando, pero sin colmillo.
Hackney rozó el gol con un disparo cruzado que se marchó por el lado equivocado del poste. Fue la antesala del castigo. Stuttgart, que llevaba tiempo avisando, encontró el 1-0: Nartey apareció con decisión en la frontal y fusiló a Travers con un disparo alto, seco, directo al techo de la portería.
Ocasiones por un lado, gol por el otro
El partido se torció aún más cuando Iroegbunam tuvo que retirarse lesionado a los 18 minutos, dando entrada a Keane y rompiendo la pareja inicial de centrales O’Brien-Branthwaite. Everton protestó un posible penalti sobre Dibling al borde del área rival; el árbitro dejó seguir y Stuttgart respondió con una contra que terminó en un tiro muy desviado.
Branthwaite, enorme en salida de balón, fabricó una contra desde atrás, Alcaraz condujo y Röhl vio su disparo bloqueado. Beto probó una chilena tan espectacular como ineficaz. Alcaraz encontró espacio por derecha y puso un centro raso y tenso que Beto no alcanzó por milímetros.
Dibling mejoró con el paso de los minutos, pero sus centros salían sin la fuerza necesaria, fáciles para los centrales alemanes. Everton encadenó una serie de llegadas claras sin remate final. Röhl filtró un gran balón a Beto, que esta vez decidió centrar al segundo palo en lugar de tirar. Dibling, demasiado lejos, nunca tuvo opción de llegar.
La jugada que definió la tarde de Beto llegó en un balón largo de Travers. El delantero ganó el duelo aéreo, peinó perfecto hacia Röhl y se fue al área. Röhl devolvió el regalo con un centro medido. Solo, de cara a gol, Beto se quedó literalmente pateando aire. El fallo, clamoroso, dejó helado al banquillo.
Everton siguió insistiendo. Röhl volvió a encontrar a Dibling, cuyo disparo ajustado obligó al portero a una buena estirada abajo. En el córner, Dibling puso un envío tenso y Beto, de nuevo en posición ventajosa, cabeceó alto cuando bastaba con rozar la pelota.
Stuttgart, casi desaparecido en ataque durante ese tramo, se asomó de nuevo con un disparo lejano de Mittelstädt que se marchó por encima. En el córner posterior, Travers sostuvo a los suyos: un cabezazo potente se colaba en la escuadra hasta que el portero voló y la desvió con una mano magnífica. Poco después, otra intervención con el pie evitó el segundo tanto alemán.
Everton volvió a salir a la contra con Alcaraz y Röhl, pero el último pase hacia Beto fue demasiado fuerte. Armstrong, muy serio atrás, frenó una nueva transición del Stuttgart con una entrada limpia y decisiva. Röhl, incansable por derecha, volvió a buscar a Beto en el área sin encontrar rematador.
El descanso llegó con una sensación tan clara como frustrante: el partido estaba abierto, Everton competía bien… y podría ir ganando por varios goles si sus atacantes hubieran tenido algo de puntería.
Travers sostiene, el larguero tiembla
La segunda parte arrancó sin cambios en los ingleses, con Alcaraz sacando de centro. Stuttgart, en cambio, apretó el acelerador. Travers tuvo que intervenir de inmediato en un par de acciones peligrosas y firmó otra parada clave al desviar sobre la línea un cabezazo de Alcaraz en propia puerta tras un córner.
Dibling, algo más agresivo, empezó a encarar y a ganar metros, pero Beto se vio atrapado entre dos defensas. Keane fue sancionado con falta en campo propio y Stuttgart volvió a instalarse cerca del área de Travers. Dibling insistió por banda, combinó, pero siempre le faltó un segundo menos para soltar la pelota.
En una de las pocas jugadas limpias, Dibling filtró un buen pase para la carrera de Röhl, cuyo centro no encontró remate. El propio Dibling robó arriba y forzó una falta peligrosa, que Everton decidió jugar hacia atrás, apagando su propia ventaja. Stuttgart respondió con un disparo seco al palo, con Travers ya batido.
Un penalti suave y un espejismo
Con el reloj acercándose a la hora de juego, Stuttgart introdujo una batería de cambios que dio aire fresco a su ataque. Everton resistió un par de córners, el segundo con un cabezazo blando que King, ya sobre el césped tras sustituir a Travers, vio pasar cerca.
Ndiaye, mucho más vertical en cuanto entró, soltó rápido a Barry por derecha, aunque el joven atacante acabó aislado y perdió el balón. Un susto encendió las alarmas cuando Branthwaite se llevó la mano al muslo —o quizá a la rodilla—, pero tras hablar con los fisioterapeutas decidió seguir.
En una de las pocas acciones en las que todo salió como estaba dibujado, Everton combinó con criterio, Beto atacó el espacio, llegó antes que el portero y, en un contacto mínimo, se llevó un penalti extremadamente generoso. El propio Beto asumió la responsabilidad y no falló desde los once metros: 1-1 en el 72’, y una redención parcial para un delantero que había desperdiciado ocasiones de todos los colores.
Stuttgart reaccionó con personalidad. Hackney evitó un gol cantado despejando a la desesperada en el área propia. El conjunto alemán encadenó una jugada de pases precisos que terminó con un cabezazo besando la parte superior del larguero de King. El portero, poco después, resolvió sin problemas un disparo escorado.
Desorden, castigo final y una preocupación evidente
Con los cambios acumulándose en ambos equipos, el partido perdió forma. Las líneas se estiraron, las asociaciones se diluyeron y el ritmo se hizo más caótico. Stuttgart, aun así, encontró el camino al área rival con más claridad y empezó a probar desde media distancia, aunque sin puntería.
El error definitivo llegó en un despeje defectuoso de Keane. El balón, mal sacado, volvió al área con violencia y la defensa quedó descolocada. Stuttgart no perdonó y firmó un tercer tanto demasiado sencillo para un partido que había sido mucho más igualado en juego que en marcador.
Everton aún tuvo una última oleada en el larguísimo añadido —el árbitro señaló cerca de diez minutos extra—. En un córner, Keane cabeceó y el portero salvó sobre la línea. Ndiaye tuvo dos remates consecutivos bloqueados, uno de ellos quizá dentro, aunque sin tecnología ni revisión quedó en simple sospecha. En otro saque de esquina, Dewsbury-Hall ganó el salto y su testarazo se marchó rozando el palo.
El pitido final cerró una gira alemana con conclusiones mixtas. La intensidad está, la estructura defensiva aparece por momentos, Travers dejó paradas de portero serio. Pero el dato invisible, ese que no aparece en el marcador, pesa más que cualquier otra cosa: Everton generó ocasiones suficientes para no salir de Stuttgart con una derrota, y aun así se marcha con un 3-1 que señala directamente a su gran problema.
No es la falta de oportunidades. Es la falta de gol. Y la temporada oficial no va a esperar a que los delanteros encuentren la puntería.





