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Solbakken defiende su decisión tras el 4-1 contra Francia

Stale Solbakken salió del vestuario de Boston con el marcador en contra y el plan intacto. Noruega acababa de perder 4-1 ante Francia, con un once plagado de suplentes y sin que Martin Odegaard ni Erling Haaland se levantaran del banquillo. El seleccionador no titubeó al explicar por qué.

“Fue una decisión sencilla, un no-brainer”, insistió el técnico de 58 años, firme pese al ruido exterior.

Noruega ya tenía el billete asegurado para los cruces. Ganar a Francia le habría dado el primer puesto del grupo y un cruce, a priori, más amable frente a Suecia en lugar de Costa de Marfil. Aun así, Solbakken movió el árbol: diez cambios respecto al 3-2 frente a Senegal y sus dos grandes estrellas reservadas de principio a fin.

Un vestuario al límite

La elección no nació del capricho, sino del desgaste. El propio seleccionador detalló el estado en que quedó el equipo tras el partido anterior.

“Tras Senegal hicimos un resumen y había cinco o seis jugadores muy afectados. Después de 80 minutos, toda la línea defensiva y uno o dos centrocampistas estaban muy tocados”, explicó.

El cuerpo técnico miró el calendario y no le gustó lo que vio. Entre el duelo con Senegal y el choque ante Francia, Noruega tenía la ventana de descanso más corta de todas. Tres días antes del encuentro de octavos, viajes en tren, cambios de hotel y una jornada de descanso menos que su rival. El riesgo de forzar era evidente para el área médica.

Las muestras de orina confirmaron lo que las piernas ya gritaban. “Las muestras las tomó el equipo médico y me las transmitieron. No fue una decisión que llevara mucho tiempo”, apuntó Solbakken, subrayando que médicos, fisios y varios jugadores coincidieron: el cuerpo no daba para mucho más.

Haaland vs Mbappé, el duelo que nunca fue

En las gradas de Boston, el ambiente contaba otra historia. Miles de aficionados noruegos habían cruzado el Atlántico soñando con ver a Erling Haaland frente a Kylian Mbappé. El cartel era de élite, la realidad fue otra.

Solbakken entendió la decepción, pero no la dejó condicionar su pizarra. “La afición ha estado muy bien y quieren ver a Erling y a Martin, esa es la única razón por la que puedes sentir algo por la alineación de hoy”, admitió. Su apuesta, sin embargo, mira más lejos: “Ojalá, precisamente por esto, podamos darles buenas noches de verano en las próximas semanas”.

El mensaje fue claro: el espectáculo individual cede ante la ambición colectiva. “No necesitamos ser el país ingenuo que solo juega por diversión. Estamos aquí para llegar lo más lejos posible y tengo que tomar decisiones para eso”, remarcó.

Francia celebra, Noruega calcula

Mientras Noruega gestionaba esfuerzos, Francia apretó para asegurar el liderato. El asistente Guy Stephan no escondió la importancia del primer puesto: el premio no era solo deportivo, también logístico. Un vuelo de 45 minutos a Nueva York en lugar de casi cuatro horas hasta Dallas, destino ahora de Noruega.

Para los nórdicos, el peaje es claro: más viaje, menos descanso y un rival, Costa de Marfil, que llega con la inercia de haber eliminado a Curaçao para meterse en la fase de eliminación directa.

Algunos ven en ese calendario una ventaja para los africanos. Solbakken, en cambio, cree que la rotación masiva equilibra la balanza: “No ahora, porque hicimos lo que hicimos hoy”, respondió cuando le plantearon si el calendario podía penalizarles.

El plan con Haaland y Odegaard

El técnico noruego sí reconoció que existían escenarios muy concretos en los que Haaland y Odegaard habrían entrado en juego. No estaban descartados, solo protegidos.

“Tendría que haber sido después de la última pausa de hidratación”, detalló. “Si se hubiera dado una situación en la que pudiéramos alcanzar nuestro objetivo”.

Ese “objetivo” nunca llegó. Con el partido cuesta arriba y el plan físico por encima del resultado, Solbakken mantuvo el timón. Ni un minuto para sus dos líderes.

Una decisión que marcará el torneo

El seleccionador lo resumió con una frase que retrata su convicción: “No querría sentarme en el avión de vuelta sabiendo que no hicimos todo lo posible por llegar lo más lejos posible. Fue una decisión fácil. Ni siquiera estuvo en discusión”.

Noruega viajará ahora a Dallas con piernas más frescas, un marcador doloroso pero asumido y la presión de demostrar que el riesgo mereció la pena. El juicio definitivo no llegará desde las gradas de Boston, sino desde el próximo partido a vida o muerte ante Costa de Marfil.

Si el equipo responde, la noche del 4-1 ante Francia quedará como el peaje necesario de un plan ambicioso. Si no, esa “decisión obvia” perseguirá a Solbakken durante mucho tiempo.