Logotipo completo Tribuna Gol

Sir Alex Ferguson y la cena que pudo cambiar la historia del fútbol

Sir Alex Ferguson, el hombre que moldeó al Manchester United moderno, confiesa en su nuevo libro que una cena en Nueva York en 2012 todavía le ronda la cabeza. No fue un fichaje fallido, ni una eliminatoria perdida. Fue una conversación con Pep Guardiola. Y el tiempo.

En Games of My Life, el técnico escocés repasa aquel encuentro en la Gran Manzana, un año antes de poner fin a sus 27 años al frente del United. Guardiola ya era entonces el entrenador más codiciado de Europa: acababa de firmar con el Barcelona un sextete histórico en 2009 y había conquistado LaLiga y la Champions con una naturalidad insultante. Pero, en la mesa, el futuro ya estaba prácticamente decidido: el catalán se veía en la Bundesliga, en el banquillo del Bayern Munich.

Ferguson aún no había tomado una decisión definitiva sobre su retirada. Y ahí nace el gran “¿y si…?” que recorre el libro.

“En los últimos diez años, a menudo me he preguntado qué podría haber pasado si la cena que tuve con Pep en Nueva York en 2012 hubiera tenido lugar un par de meses antes”, escribe.

En ese momento, explica, no tenía claro que fuera a retirarse. Guardiola, en cambio, sí tenía muy definido su siguiente paso tras arrasar en LaLiga con un triplete continental y un doblete de Liga y Champions: quería probarse en Alemania.

La oportunidad pasó de largo. El United eligió otro camino. En julio de 2013, David Moyes tomó el relevo en Old Trafford. Duró apenas diez meses. Mientras tanto, Guardiola aterrizó en Múnich y levantó siete grandes títulos en Alemania antes de cruzar al otro lado de la ciudad de Mánchester para dominar la Premier League con el máximo rival del United, el Manchester City.

Ferguson no esconde que, de haber sabido antes que colgaría la pizarra, habría ido a por Guardiola con todo. Sin matices. “Si pudiera rebobinar el tiempo, habríamos cenado algunos meses antes, habría servido abundante Tignanello (vino italiano) y habría hecho todo lo posible para convencerle de que su futuro estaba en Mánchester. Por desgracia para nosotros, así fue. Nada más que añadir”.

El escocés solo cerró definitivamente su decisión de dejar el banquillo tras el fallecimiento de su cuñada en diciembre de 2012. Para entonces, el tren Guardiola ya había partido hacia el Allianz Arena. Desde la distancia, Ferguson ha visto cómo el técnico catalán ha marcado una época en tres ligas distintas y no ahorra elogios hacia su manera de entender el juego.

“Pep ha establecido un estándar deslumbrante para la generación actual de futbolistas o para cualquiera que aspire a convertirse en entrenador”, subraya.

Recuerda a aquel mediocentro fino del Barcelona de los 90, “uno de los mejores centrocampistas creativos del juego”, criado desde niño entre el azul y grana, habituado no solo a saborear el éxito, sino a “darse un auténtico festín con él”.

Ferguson destaca también el laboratorio en el que Guardiola se formó como entrenador: Johan Cruyff, Bobby Robson, Louis van Gaal. Tres personalidades fuertes, tres formas distintas de mandar en un vestuario. Una escuela de élite antes de los 30 años.

Con 37, Guardiola asumió el banquillo del Barcelona. Para Ferguson, ese salto directo de estrella del césped a técnico de un gigante mundial se ha convertido en una peligrosa tendencia. “Cuando veo a algunas de las grandes estrellas del juego dejar el campo y asumir inmediatamente un puesto de entrenador sin mucha preparación o experiencia, se me cae el alma a los pies”, admite. Sabe cómo suele terminar esa historia, sobre todo en la Premier League: mal y rápido.

“La presión es enorme. Estás en el punto de mira de todos. El público espera que tu éxito en el campo se traslade automáticamente al banquillo. Los exjugadores tienen prisa por dar el salto a la élite”, advierte. Guardiola, recuerda Ferguson, es la excepción más brillante: un técnico joven que empezó directamente en un club de la cima… y estuvo a la altura.

Mientras tanto, el United vive desde 2013 en una especie de búsqueda permanente de la estabilidad perdida. Trece años de altibajos, cambios de proyecto y una sombra gigantesca en la pared: los 13 títulos de Premier League y las dos Champions que dejó Ferguson como herencia.

Al otro lado de la ciudad, Guardiola ya ha dejado su firma en piedra. Se marchó del Manchester City al final de la pasada temporada tras una década en la que conquistó seis títulos de liga y una Champions. Su influencia se nota en cada salida desde atrás, en cada rotación de posición, en cada récord que cae en el Etihad. Todo ello mientras el club sigue inmerso en el proceso de apelación por sus cargos financieros, que la entidad niega con firmeza.

Ferguson mira atrás y se permite una única licencia: imaginar a Guardiola en el banquillo de Old Trafford, con Tignanello en la mesa y la historia del fútbol girando unos grados en otra dirección. El resto, ya está escrito. Y se ha pintado, para su desgracia, de azul celeste.