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Singapur enfrenta a Tailandia en el ASEAN Championship: un reto casi imposible

SINGAPUR – El rugido de los Lions se apagó a medias en Jalan Besar, pero no del todo. Singapur cayó 3-1 ante la todopoderosa Tailandia, siete veces campeona del ASEAN Championship, y ve su sueño de regresar a una final por primera vez en 14 años colgando de un hilo antes del partido de vuelta en Bangkok.

Un golpe temprano y errores caros

El equipo de Gavin Lee salió valiente. Presión alta, ritmo intenso, la grada llena – 5.358 aficionados, entre ellos el presidente de Singapur, Tharman Shanmugaratnam, y su esposa Jane Ittogi. El ambiente empujaba. El plan parecía claro.

Pero el castigo llegó rápido.

En el minuto 14, Kyoga Nakamura perdió un balón en campo propio y Tailandia no perdonó. Teerasak Poeiphimai recibió, ajustó el cuerpo y colocó el disparo raso al rincón. Preciso, frío. El golpe desinfló a los locales.

Doce minutos después, el mismo Poeiphimai volvió a hacer daño. Esta vez, completamente solo en el área, cabeceó a placer ante Izwan Mahbud para el 2-0. Demasiado espacio, demasiada libertad para un delantero de ese nivel. Los Lions se habían metido en problemas ellos mismos.

Lee lo admitió sin rodeos. El técnico de 35 años subrayó que lo que más le dolía era no haber ofrecido una actuación y un resultado a la altura de la afición. Recordó cómo “siguieron cantando, animando y empujándonos”, y cómo el equipo se agarró al partido gracias a ese respaldo. También fue claro con el diagnóstico: Tailandia siempre tiene calidad, pero Singapur se colocó “en demasiadas situaciones innecesariamente difíciles” y se lo puso fácil al rival. Con jugadores así, el castigo llega.

Un penalti fallado que pudo cambiar la historia

La reacción local tuvo una gran oportunidad antes del descanso. El videoarbitraje detectó un empujón de Yotsakorn Burapha sobre Shawal Anuar tras un largo saque de banda de Lionel Tan que había sembrado el caos en el área tailandesa. Penalti en el minuto 35. Una puerta abierta para volver al partido.

Shawal tomó la responsabilidad. Disparó a su derecha. Kampol Pathomakkakul voló y adivinó la intención. Paradón. Otro mazazo.

Mientras Singapur lamentaba la ocasión perdida, Tailandia manejaba el partido con la frialdad de un equipo acostumbrado a estas noches. Anthony Hudson, que acabó cruzando palabras encendidas con el banquillo local tras el pitido final, movió piezas con lujo de recursos: seis cambios respecto al once que había vencido 2-0 a Myanmar el 8 de agosto, y todavía margen para sustituir a su goleador al descanso.

Poeiphimai dejó su lugar a Patrik Gustavsson al término de la primera parte. El sueco de nacimiento tardó cinco minutos en dejar huella tras la reanudación.

El tercero de Tailandia y un rayo de esperanza

Minuto 50. Gustavsson ganó la carrera a Lionel Tan, atacó el espacio y sirvió en bandeja el 3-0 a Seksan Ratree. Frialdad, potencia y eficacia. Una jugada que resumió la diferencia de pegada entre ambos equipos. El marcador parecía una sentencia.

Y aun así, Singapur se negó a bajar los brazos.

Los errores individuales habían minado la resistencia de los Lions, pero el equipo siguió corriendo, presionando alto, intentando morder. Izwan, atrás, evitó que la goleada fuera aún mayor con varias intervenciones de mérito. El 3-1 no halagó a Tailandia; reflejó, más bien, que el guardameta local sostuvo a los suyos.

El momento de oxígeno llegó tarde, pero llegó. En el minuto 84, Ilhan Fandi, que había entrado desde el banquillo, se inventó un gol que cambió el tono de la noche. Control, recorte, disparo curvado que besó el palo antes de entrar. Su cuarto tanto en el torneo. Y, sobre todo, el primero que Tailandia encaja en cuatro partidos oficiales.

El estadio despertó de golpe. Cánticos, banderas, un rugido que se aferraba a ese 3-1 como si fuera una tabla de salvación. La desventaja seguía siendo grande, pero ya no parecía definitiva.

Lee se agarró a ese detalle. Recordó en el vestuario que, si la afición no se rinde, el equipo tampoco puede hacerlo. El técnico insistió en que, con este grupo, “todo es posible” y aseguró que sus jugadores “se están dando golpes a sí mismos” por los errores, pero querrán “enmendar lo que salió mal” en Bangkok.

Hudson avisa: “Podemos jugar mejor”

En la otra área técnica, Hudson no se dejó llevar por el resultado. El inglés de 45 años reconoció que había sido un partido frustrante, cargado de entradas duras, y elogió a Singapur por complicarles la vida pese a tener solo el 28% de la posesión. Aun así, lanzó un aviso.

Tailandia, dijo, está en su mejor versión cuando conecta pases cortos, cuando las distancias entre líneas son reducidas y cuando sus atacantes pueden atacar la espalda de la defensa. Y, bajo ese prisma, el 3-1 se quedó corto para él: lamentó no haber marcado “uno o dos goles más”.

Su mensaje fue directo: en semifinales y finales lo que cuenta es ganar, recuperarse, viajar a Bangkok y ofrecer “una actuación aún mayor”.

De momento, los War Elephants, número 94 del ranking mundial, siguen firmes. Pese a acudir al torneo sin su mejor versión posible de la plantilla, enlazaron su quinta victoria consecutiva y refuerzan la etiqueta de favoritos.

Una racha rota y una misión casi imposible

Para Singapur, la derrota tiene un peso simbólico. Es la primera en nueve partidos oficiales bajo el mando de Lee, que tomó el relevo de Tsutomu Ogura en junio de 2025. Desde entonces, el equipo había crecido en competitividad y carácter.

La clasificación histórica para la Asian Cup de enero de 2027, sellada en noviembre de 2025, disparó el interés por los Lions. La campaña actual en el ASEAN Championship, con empates ante la campeona defensora Vietnam (0-0) y ante Indonesia (1-1) en la fase de grupos, reforzó la sensación de resurgimiento. El pase a semifinales alimentó la ilusión.

La respuesta del público fue inmediata. Más de 4.000 entradas de la cuota local para esta ida se agotaron en siete minutos el 12 de agosto. En las plataformas de reventa, se llegaron a ver pares de billetes de Categoría 1, valorados en unos 100 dólares, ofrecidos por hasta 2.500. Una fiebre por ver a una selección que vuelve a enganchar.

Pero la realidad del marcador es dura. El 3-1 obliga a Singapur a una gesta en el Rajamangala Stadium el 18 de agosto. El historial no ayuda: desde que se introdujeron las eliminatorias a doble partido en 2004, solo en cinco ocasiones un equipo ha remontado tras perder la ida. Ninguno lo ha hecho levantando un déficit de dos goles.

Y enfrente estará una Tailandia que, aun sin su mejor versión, no ha cedido ni un solo partido en el torneo.

Bangkok espera

Singapur, número 148 del mundo, sabe lo que es tumbar a Tailandia en grandes noches. Lo hizo en las finales de 2007 y 2012, ambas ganadas en el global. Aquellos recuerdos alimentan la esperanza, pero no maquillan la magnitud del reto.

El ganador de esta semifinal se enfrentará al que salga del cruce entre Vietnam y Malaysia, que arranca con la ida en Kuala Lumpur el 16 de agosto y se resolverá tres días después en Hanoi.

Antes de mirar tan lejos, los Lions tienen una cita con su propia historia en Bangkok. El marcador dice que la eliminatoria está casi perdida. La grada, que agotó entradas en minutos y siguió cantando con el 0-3 en contra, parece no estar de acuerdo.

La pregunta es sencilla y brutal: ¿tendrá este Singapur, renacido pero herido, otro gran golpe guardado para el Rajamangala?