El regreso de los Tennent’s Sixes: un torneo nostálgico de fútbol escocés
Hubo un tiempo en el que las estrellas de la liga escocesa recibían permiso del club para desaparecer un fin de semana y jugar… un torneo de seis contra seis a mitad de temporada. Nada de compromisos comerciales ni giras de marketing: puro fútbol reducido, sobre moqueta, con las rodillas al límite y los entrenadores mordiéndose las uñas.
Ese tiempo se llamaba Tennent’s Sixes, y marcó los años 80 y 90 del fútbol escocés.
Treinta y tres años después de su última edición, el torneo regresa. Y lo hace con lo que Ian Durrant, mito de Rangers, define con ironía como “las articulaciones oxidadas” del fútbol escocés, dispuestas a arrastrarse sobre una superficie artificial instalada encima de la pista de hielo del Braehead Arena. Un escenario insólito para una nostalgia muy seria.
Viejas glorias, nuevo escaparate
El formato mantiene el espíritu original: doce equipos representando a los doce clubes de la máxima categoría escocesa, fase de grupos el sábado y campeón coronado el domingo por la noche. Esta vez no estarán las figuras del momento, pero sí nombres que marcaron época reciente.
Barry Ferguson dirigirá a Rangers, con Ian Durrant como mano derecha y un grupo de viejos conocidos sobre el parqué: Charlie Adam, Andy Halliday y compañía. En el lado de Celtic, Aiden McGeady y Charlie Mulgrew encabezan una plantilla con suficiente talento como para encender recuerdos en Parkhead con solo tocar el balón.
Hearts contará con una leyenda de Tynecastle: Rudi Skacel, el hombre de las grandes noches en Edimburgo, también se enfundará la camiseta para el torneo. No es un partido benéfico cualquiera. No lo fue entonces, y el cartel de ahora intenta respetar esa herencia.
Porque en su día no eran veteranos en busca de una última ovación. Eran los titulares. Las estrellas. Los jugadores que el domingo se jugaban la liga y entre semana se lanzaban a una moqueta verde mal colocada, con el mismo escudo en el pecho y mucha menos protección.
Cuando las estrellas jugaban en moqueta
El nivel de compromiso que alcanzó el Tennent’s Sixes se entiende con un par de nombres. Davie Cooper, considerado por muchos el mejor jugador de Rangers, marcó el primer gol de la historia del torneo en pleno apogeo de su carrera, a mediados de los 80. No era un cameo. Era el mejor de su equipo jugando a seis bandas bajo techo.
En 1992, John Collins, probablemente el futbolista más determinante de Celtic por entonces, formó parte del equipo que levantó el trofeo. No era un lujo, era un deber. El torneo importaba.
Trasladar eso a la actualidad roza lo imposible. Imaginar a Callum McGregor y a varios titulares de Celtic desconectando dos días de la rutina de alto rendimiento para jugar un torneo de seis contra seis parece casi un experimento social. Que lo apruebe un preparador físico moderno sería ciencia ficción.
“Tu delantero de 12 millones lesionado por un fives”
Gary Harkins, que representará a Dundee en esta nueva edición, lo resume con crudeza y humor. “Imagina que alguien se lesionara hoy en día haciendo eso”, dice. “Tu delantero de 12 millones fuera toda la temporada porque básicamente ha jugado un partido de fives”.
Scott Allan, que dirigirá a Hibernian, va un paso más allá en la reflexión. “Cuando piensas que eso realmente pasaba, es increíble de verdad”, apunta. “Me encantaría verlo ahora, pero simplemente no ocurriría”.
Ahí está el corazón de la historia. El torneo no solo despierta nostalgia; expone hasta qué punto ha cambiado el fútbol de élite en este siglo. Donde antes había riesgo asumido y romanticismo competitivo, hoy hay planificación milimétrica, datos, prevención y un blindaje total sobre los activos del club.
Clough, Forest y la dimensión perdida
El Tennent’s Sixes también dejó momentos que hoy parecen de otro planeta. En 1988, Rangers decidió no participar. En su lugar, apareció un invitado de lujo: el Nottingham Forest de Brian Clough.
Un club inglés campeón de Europa, dirigido por uno de los entrenadores más icónicos de la historia, viajando al norte para disputar un torneo de seis contra seis en pista cubierta. Piénsese un segundo qué se necesitaría hoy para que un equipo de la Premier League, construido a base de millones, enviara un grupo de seis jugadores a Escocia para un torneo así.
Ni siquiera Clough logró añadir ese trofeo a las dos Copas de Europa que ya lucían en su palmarés. El Tennent’s Sixes se convirtió en “el que se escapó” para un técnico acostumbrado a ganarlo casi todo.
Ese año, Dundee se llevó el título. Sin embargo, el último campeón en los libros sigue siendo Partick Thistle, que levantó el trofeo en 1993. Y lo hizo sin su entrenador, John Lambie, ni siquiera presente en el recinto.
Para aquellos jugadores de Thistle, el torneo era casi una escapada. Un día lejos del entrenamiento, un respiro con balón. Ganar fue un extra, no el objetivo.
Tanques de cerveza y una noche en Glasgow
El premio tampoco encaja con el fútbol actual. No había cheques gigantes ni bonus descomunales. El botín eran jarras metálicas, tankards con el sello del patrocinador, Tennent’s. Objetos de recuerdo… y de uso inmediato.
Gerry Britton, exdelantero de Thistle y hoy director ejecutivo del club de Firhill, aún lo recuerda con nitidez. Cuenta cómo, tras conquistar el torneo, el equipo se fue al mítico club nocturno Savoy, en Glasgow. Allí, apoyados en la barra, levantaban sus jarras y pedían que se las llenaran de Tennent’s. Trofeo y celebración en un mismo recipiente.
Han pasado tres décadas y el Savoy sigue en pie. También la memoria de aquellas noches en las que el fútbol escocés se permitía ser menos solemne y mucho más cercano.
Este fin de semana, el Braehead Arena recuperará parte de ese espíritu. No estarán las estrellas actuales, pero sí un grupo de exjugadores dispuestos a forzar esas “articulaciones oxidadas” en nombre de un torneo que marcó una época.
Si el domingo por la noche alguien entra en el Savoy y ve a media docena de hombres de mediana edad apoyados en la barra, con las rodillas quejándose y una sonrisa de cansancio en la cara, habrá una buena posibilidad: que acaben de pasar el fin de semana persiguiendo recuerdos en Braehead. Y que, por unas horas, el fútbol escocés haya vuelto a sentirse joven.






