Rayan Cherki brilla en el Manchester City contra Crystal Palace
El espectáculo Rayan Cherki ya tiene sede fija: el Manchester City de Enzo Maresca. Y anoche, frente a un Crystal Palace voluntarioso pero frágil, el francés convirtió un partido igualado en un monólogo celeste en la segunda parte.
Maresca, obsesivo del control posicional, ha entendido algo básico: a Cherki no se le encorseta, se le suelta. Y cuando se le suelta, pasan cosas.
Cherki rompe el partido
El arranque no fue sencillo para el City. Maresca lo admitió después: “Los primeros cinco, diez minutos sufrimos porque presionábamos de forma incorrecta”. Palace, fiel a la idea agresiva de Pierre Sage, salió a morder. Adam Wharton filtró un pase delicioso para Eddie Nketiah en el minuto 2 y obligó a Gianluigi Donnarumma a trabajar desde el principio. Daichi Kamada rozó el gol, Tyrick Mitchell desperdició un buen cabezazo. El plan de Sage se veía claro: atreverse.
Pero con este City basta un descuido. En el 17, Antoine Semenyo apareció por la izquierda y puso un centro con veneno. Erling Haaland, que ya ha arrancado la temporada a pleno rendimiento, se descolgó en el área y firmó un cabezazo sutil, bombeado, imposible para Dean Henderson. El noruego, que ha marcado en sus seis partidos de liga ante el Palace, volvió a castigar a un equipo que defendió mal el área.
Pese al 1-0, Crystal Palace no se descompuso. Sage mantuvo su 3-4-2-1 heredado de Oliver Glasner, aunque con menos talento disponible. Sin Maxence Lacroix, traspasado al Chelsea, con Jean-Philippe Mateta fuera por lesión, Ismaïla Sarr presionando para irse al Galatasaray y Daniel Muñoz en el banquillo entre rumores del Nottingham Forest, las grietas eran inevitables. Aun así, el equipo compitió. Anderson, Semenyo y Phil Foden tuvieron opciones antes del descanso, pero el 1-0 dejó la sensación de partido abierto.
Lo que nadie en Selhurst Park podía prever era el nivel de tormenta que estaba a punto de desatar Cherki.
De la autocrítica al recital
El francés venía de cambiar un partido ante el Bournemouth saliendo desde el banquillo con dos asistencias. Esta vez fue titular y se superó: dos goles, una exhibición y la sensación de que, cuando entra en trance, el resto sólo puede mirar.
Lo curioso es que, mientras le llovían elogios después, Cherki se encogió de hombros y sentenció que su primera parte había sido “tan una mierda”. Autocrítico hasta el extremo. Maresca no estaba de acuerdo: “Su actuación para mí fue muy buena, no por los dos goles, sino por cómo trabajó sin balón. Tiene que presionar. Su partido fue completo. Ama el fútbol. Sabemos lo bueno que es. Sabemos la calidad que tiene”.
La segunda parte justificó cada palabra del técnico.
Palace tuvo su opción nada más volver de vestuarios: Nketiah volvió a fallar y el aire cambió. City olió la sangre. Nico O’Reilly y Foden comenzaron a morder arriba, a robar más arriba, a encerrar a Kamada. Y ahí apareció Cherki.
Recibió escorado a la izquierda, arrancó hacia dentro y el estadio se quedó en suspenso. Cada toque parecía un amago, cada giro dejaba a un defensa fuera de eje. Se fue de uno, de dos, de tres. Jaydee Canvot quedó atrás, Chris Richards llegó tarde. Por un instante el balón pareció quedar atrapado bajo sus pies, pero usó el cuerpo de Takehiro Tomiyasu como pantalla y, con el exterior de su zurda, no tanto golpeó como acarició la pelota. Un toque sutil, casi un “dab”, que dejó a Henderson clavado mientras el balón rodaba, lento, cruel, hasta besar la red.
Un gol que se ve una vez y se recuerda durante años.
Respuesta fugaz del Palace, sentencia del City
El Palace reaccionó con orgullo. Yéremy Pino lanzó una falta que se estrelló en el larguero, rebotó en Donnarumma y terminó dentro. Un gol en propia puerta que devolvía algo de vida al equipo de Sage y encendía la grada. “Visteis cómo queremos jugar hasta el minuto 65”, reivindicó el técnico. “Confiamos en nuestro proceso”.
Pero Cherki no había terminado.
En el 59, volvió a aparecer en la frontal. Esta vez sin filigranas, directo. Un disparo potente desde unos 20 metros, desviado ligeramente por Richards, descolocó a Henderson y se convirtió en el 3-1. Segundo gol del francés, partido roto, City desatado.
Maresca aprovechó para dar entrada a Ayyoub Bouaddi, fichaje de 86 millones procedente del Lille tras su irrupción con Marruecos en el Mundial. Debut en un centro del campo todavía en construcción tras las salidas de Rodri y Bernardo Silva. Falta una pieza más y el gran objetivo, antes del cierre del mercado el martes, se llama Enzo Fernández, decidido a salir del Chelsea.
Pese a esa reconstrucción en la sala de máquinas, el City no da sensación de carencia. Maresca volvió a mover el tablero: se acabó el experimento de Marc Guéhi en el mediocampo, devuelto al eje de la zaga ante su exequipo; Elliot Anderson como único pivote; O’Reilly muy alto en el 4-1-4-1; y Josko Gvardiol entrando por dentro desde el lateral izquierdo, un guiño a lo que ya hizo el italiano con Marc Cucurella en el Chelsea.
Con el partido encarrilado, el City quiso más. Foden, brillante y observado en directo por Thomas Tuchel, filtró un pase perfecto para Haaland. Y cuando el noruego encara así, el final suele ser el mismo: definición contundente y 4-1. Doblete, estadísticas intactas contra el Palace y la sensación de que el tropiezo en la Community Shield pertenece a otra vida.
Un City en transición que ya asusta
Entre la libertad salvaje de Cherki, la voracidad inagotable de Haaland y el crecimiento de Foden, el City de Maresca empieza a parecer menos un proyecto en obras y más un equipo que ya sabe a lo que juega.
El centro del campo aún espera a su última pieza. La plantilla todavía se ajusta tras un verano de salidas pesadas. Pero si este es el nivel mientras el puzzle sigue incompleto, ¿qué va a pasar cuando Maresca tenga todas las piezas sobre la mesa?






