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Raphinha, capitán del Barça en un Sevilla–Barça intenso

El Barcelona se llevó tres puntos de oro ante el Sevilla en La Liga, pero el marcador fue casi lo de menos. El partido se jugó al filo, áspero, con cada balón dividido convertido en un pequeño combate. En medio de ese ruido, una figura no dejó de alzar la voz: Raphinha.

Las cámaras de DAZN captaron al brasileño persiguiendo, una y otra vez, al colegiado Martínez Munuera. No era una queja aislada ni un gesto de frustración pasajero. Era un capitán marcando territorio, exigiendo protección para los suyos en un encuentro que se endurecía por momentos.

Raphinha, 29 años, no tragó con los métodos defensivos del Sevilla. Cada bloqueo, cada agarrón, cada pantalla ilegal en las jugadas a balón parado encendía aún más al delantero. No se limitó a protestar por protestar: pidió al árbitro que subiera el listón de las sanciones para frenar una dinámica que, a su juicio, ponía en riesgo la integridad de sus compañeros.

“They’re going to break our backs. Try to be careful with the screens and holds. There comes a point when they’re going to break our backs. Once you call one or two fouls, they’ll stop doing it”.

La tensión terminó por estallar en una acción a balón parado, con Raphinha y Youssuf Fofana enganchados dentro del área. No era un simple forcejeo de área; era la culminación de 90 minutos de fricción. Empujones, brazos, cuerpos cruzados. El árbitro tuvo que intervenir de inmediato.

Martínez Munuera no se guardó nada en su reprimenda. Señaló a uno y a otro, equiparando responsabilidades: “Both of you, he grabs and you do too. That’s not football, that’s called judo”. Una frase que retrata el nivel de dureza que había alcanzado el duelo y que, al mismo tiempo, subraya hasta qué punto Raphinha estaba dispuesto a llevar la batalla, física y verbal, al límite.

Lo más significativo es que esta versión de Raphinha ya no sorprende en Barcelona. Con el brazalete de primer capitán en el brazo, el extremo ha abrazado el rol con naturalidad. No solo tira del equipo con el balón en los pies; también ordena, protesta, protege y se planta ante los árbitros cuando siente que el equipo lo necesita.

Los números respaldan esa jerarquía. Es el jugador de campo con más minutos disputados esta temporada, una presencia casi innegociable para el cuerpo técnico. No se entiende el Barça actual sin su energía, su colmillo y esa capacidad para aparecer en todos los focos del partido, desde el área rival hasta el círculo central, donde discute, anima y corrige.

En ataque, su impacto es todavía más demoledor. Integrado en un tridente que mezcla juventud, talento y descaro junto a Lamine Yamal y Fermín López, el brasileño está firmando cifras de videojuego: 14 goles en apenas ocho encuentros. Un registro que, por pura contundencia, ya compite con lo mejor que ofreció en su temporada de debut en el club.

Raphinha vive un momento de plenitud. Marca, asiste, lidera y protesta cuando entiende que el juego se inclina hacia un terreno peligroso. En Sevilla, no solo ayudó a ganar un partido duro. Confirmó que el Barça tiene algo más que un extremo en forma: tiene un capitán dispuesto a poner el cuerpo y la voz cada vez que el equipo pisa el alambre.

Raphinha, capitán del Barça en un Sevilla–Barça intenso