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Rabbi Matondo inicia nuevo capítulo en Hibernian

Seis semanas sin club. Para un extremo que vivió en su día bajo los focos de la Premier League y de la Bundesliga, es una eternidad. Rabbi Matondo, 26 años, internacional galés, ha encontrado por fin destino: Hibernian Edinburgh. El club escocés anunció este jueves su fichaje hasta el próximo verano. Un acuerdo corto, casi un examen acelerado, en un equipo que hoy pelea desde la parte baja: Hibs marcha décimo en una liga de 12.

El entrenador Marink Reedijk no escondió su satisfacción. Ve en Matondo algo que Hibernian necesita con urgencia: velocidad, desborde, amenaza real desde la banda y un carácter capaz de animar un vestuario que ha visto demasiados golpes en los últimos meses. El mensaje es claro: el galés llega para agitar un ataque que ha perdido filo y confianza.

De promesa millonaria a carrera errante

El nombre de Rabbi Matondo no es nuevo en el fútbol europeo. Schalke 04 apostó fuerte por él en enero de 2019: nueve millones de euros a Manchester City por un chico de 18 años, acompañado incluso de una cláusula de recompra de 50 millones para el club inglés. Una cifra que hablaba más de expectativas que de realidad.

En aquel momento, en la academia del City lo consideraban una de las grandes promesas de la generación. Pero Pep Guardiola nunca le abrió la puerta del primer equipo. El técnico defendió la apuesta por los jóvenes, pero también lanzó un aviso: quien no tuviera paciencia, tendría que buscarse la vida lejos de Manchester. Matondo eligió el atajo. Schalke le dio debut pocos días después de su llegada. Nunca terminó de encender la chispa. Acabó esa temporada sin goles ni asistencias, pese a varias apariciones en Bundesliga.

Escándalo en el aire y enfado en Gelsenkirchen

Tras el final de aquella campaña, Matondo saltó a los titulares por motivos ajenos al césped. En un vuelo de Faro a Bristol, según coincidían las informaciones, se negó a abrocharse el cinturón en el despegue y llegó a insultar a una azafata llamándola “slut”. A la llegada, tres agentes de policía lo escoltaron para tomarle declaración. El jugador negó las acusaciones, pero la historia se pegó a su nombre como una etiqueta incómoda.

En el siguiente curso, al menos, dejó algo de rastro deportivo: dos goles en 21 partidos con Schalke. Demasiado poco para el coste del fichaje, suficiente para mantenerle en el radar, pero no fue eso lo que más recordaron los aficionados. La imagen que se hizo viral fue otra: Matondo entrenando con una camiseta de Jadon Sancho… del eterno rival, Borussia Dortmund.

La foto cayó como una bomba en Gelsenkirchen. El entonces director deportivo, Jochen Schneider, no se mordió la lengua y le transmitió por teléfono lo que pensaba de un gesto tan imprudente. Matondo trató de apagar el incendio explicando que no se trataba de Dortmund, sino de Sancho. Jadon era uno de sus mejores amigos desde la etapa en la cantera del City, y su propio fichaje por Schalke había sido, en parte, un intento de seguir el camino que tan bien le había funcionado al extremo inglés en BVB. La explicación no borró del todo la sensación de desconexión con la grada.

Préstamos, lesiones y minutos contados

La trayectoria de Matondo en Schalke se fue diluyendo. En la primera mitad de la temporada 2020/21 apenas sumó tres partidos más. Llegaron las cesiones: primero Stoke City en Inglaterra, luego Cercle Brugge en Bélgica. Destellos, chispazos, pero nada sostenido.

En 2022 apareció otra puerta: Rangers. Tres millones de euros por un jugador que aún conservaba cartel y velocidad, pero arrastraba dudas físicas y anímicas. Glasgow debía ser el lugar para relanzarse. No lo fue. Las lesiones le fueron frenando una y otra vez, hasta reducirle a un rol secundario, más de fondo de armario que de titular indiscutible. El intento de reactivarlo con una cesión a Hannover 96 tampoco cambió el guion.

Este mismo año, Rangers decidió dejarle marchar libre. Sin traspaso, sin ruido. Apenas un epílogo silencioso a una apuesta que nunca cuajó.

Su siguiente parada, SK Brann Bergen, tampoco ofreció refugio. Solo 30 minutos de juego en la élite noruega antes de rescindir, quedarse sin equipo y entrar en ese limbo incómodo en el que los entrenamientos en solitario sustituyen al rugido del estadio.

Una última bala en Edimburgo

De ahí al Hibernian hay un salto que mezcla necesidad y oportunidad. El club escocés incorpora a un futbolista que, pese a los tropiezos, conserva algo que no se entrena: velocidad pura y capacidad para romper líneas en carrera. Matondo, por su parte, encuentra un contexto menos opresivo, lejos de las expectativas millonarias de Manchester, Gelsenkirchen o Glasgow.

El contrato hasta verano obliga a las dos partes a ir al máximo desde el primer día. Si el galés consigue mantenerse sano y conectar con el plan de Reedijk, Hibs gana una pieza capaz de cambiar partidos desde la banda. Si no, será otra estación de paso en una carrera que prometía vértigo y ha vivido demasiados aterrizajes forzosos.

Para Matondo, el margen de error se ha encogido. La pregunta ya no es qué prometía con 18 años, sino qué puede ofrecer ahora, aquí y ya, en un Hibernian que necesita respuestas más que recuerdos.