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Nicolas Raskin y su futuro en Rangers: entre la felicidad y la incertidumbre

Nicolas Raskin vive en una especie de equilibrio inestable en Rangers. El centrocampista belga, 25 años, asegura que está “realmente feliz” en Ibrox, pero no esconde que el próximo mercado de enero abre un escenario incierto sobre su futuro.

Sobre el césped, su respuesta ha sido clara. Encadena siete titularidades consecutivas y el fin de semana pasado firmó su primer gol de la temporada en el 2-2 ante Dundee, una señal de que ha recuperado peso en el once tras un verano movido, lleno de rumores de salida y ausencias llamativas en algunas convocatorias.

Un verano largo y un regreso a escena

Raskin llegó a Rangers en enero de 2023 y, desde entonces, ha superado con creces el centenar de partidos con el club, además de acumular 22 internacionalidades absolutas con Bélgica. Un salto de nivel que él mismo vincula directamente con la dimensión del equipo de Glasgow.

Durante la ventana de fichajes, su nombre apareció ligado a una posible marcha. Hubo partidos en los que se quedó fuera mientras el mercado seguía abierto y la especulación crecía. Para un futbolista ambicioso, acostumbrado a sentirse protagonista, esa espera se hizo pesada.

“El momento más duro fue no poder jugar”, admite. Ver a sus compañeros desde la banda le golpeó más que cualquier rumor. Él mismo reconoce que, tras el Mundial, llegó a pensar que quizá había llegado la hora de buscar “un nuevo desafío”, un paso más en una carrera que siente en plena ascensión.

Ambición sin presión

Raskin no reniega de esa ambición. Al contrario, la reivindica. Quiere ir “cada vez más alto”, pero deja claro que nunca ha forzado la máquina con Rangers. No hubo ultimátums ni presión hacia el club.

“Estoy muy feliz aquí. Es un club grande. Este club me ayudó a llegar a la selección belga, que es algo enorme para mí”, subraya. Esa gratitud marca su discurso: se siente en deuda con el entorno que le ha permitido entrar en el escaparate internacional.

Por eso habla de calma. No necesita empujar nada, insiste. Destaca la relación con el actual entrenador —“ha sido increíble conmigo desde que llegó”— y se centra en el corto plazo: aprovechar el tramo hasta enero, ganar todos los partidos posibles y dejar que el futuro se ordene solo.

Enero y el contrato, dos temas abiertos

La gran pregunta está ahí, flotando sobre Ibrox: ¿qué pasará en enero? Raskin no tiene respuesta. No la finge. “No sé qué va a pasar”, admite, casi con la misma naturalidad con la que se describe “tranquilo” ante lo que venga.

Lo mismo ocurre con su contrato, que expira al final de la próxima temporada. Preguntado por una posible renovación antes de esa fecha, el belga se aparta del foco y señala hacia el despacho de la directiva: “No depende de mí. Depende del club”.

Entre la ambición personal y la lealtad a un club que le ha dado escaparate, Raskin camina sin estridencias. Juega, rinde, marca y espera. El balón, ahora, está en el tejado de Rangers.