Nick Powell: De la retirada a revulsivo en Bradford City
En enero, con 31 años, Nick Powell estuvo a un paso de apagar la luz. Retirarse. Dejarlo todo. El mismo futbolista que un día ilusionó a Sir Alex Ferguson no veía salida. “Fue un momento oscuro para mí. No veía futuro aquí”, confesó en BBC Radio Leeds. La pregunta que le martilleaba la cabeza era tan simple como brutal: ¿realmente quería seguir?
Hoy, apenas unos meses después, el guion es otro. El delantero de Bradford City se ha convertido en uno de los revulsivos más influyentes de la League One. Ha salido desde el banquillo en los 11 partidos de los Bantams esta temporada y ha marcado cuatro goles como suplente para el líder de la categoría. El último golpe llegó el martes: doblete en la victoria 2-1 ante el Newcastle Under-21s en la EFL Trophy. Media hora en el campo, partido cambiado.
Del silencio a la segunda oportunidad
Su fichaje por Bradford City llegó el pasado agosto, con un contrato de un año y muchas dudas alrededor de su físico. Las dudas crecieron cuando dejó de aparecer: no jugó ni un minuto entre septiembre y abril. Casi siete meses de vacío competitivo. Un periodo en el que la retirada dejó de ser una idea lejana para convertirse en opción real.
Powell no es un cualquiera. Debutó con 16 años en el Crewe Alexandra, su club de origen, en agosto de 2010 ante Cheltenham. Dos años después ya estaba en Old Trafford. Sir Alex Ferguson se lo llevó al Manchester United en el verano de 2012. Marcó en su estreno en la Premier League contra Wigan aquel agosto. Parecía la primera página de una gran historia.
Esa historia nunca terminó de escribirse. Solo dos apariciones ligueras más con el United. Cesiones a Wigan, Leicester y Hull City. Finalmente, salida libre a Wigan en 2016. Después, etapas en Stoke City y Stockport County. Un trayecto lleno de curvas, lesiones y oportunidades a medias.
La autocrítica de un talento golpeado por las lesiones
Hoy, a sus 32 años, Powell mira hacia atrás sin excusas. Reconoce su parte de culpa en un físico castigado: “Probablemente no cuidé mi cuerpo en la mitad de mi carrera y en las primeras etapas tampoco, y eso ha tenido un efecto enorme en mí ahora”, admitió. No se esconde. “Soy lo que soy por lo que no hice, pero no puedes vivir anclado en eso”.
Esa honestidad encaja con su nueva versión. El jugador que en enero pensaba en colgar las botas se aferró al trabajo silencioso. Se metió de lleno en la pelea por volver. Recuperó sitio en el equipo al final del curso pasado, completó toda la pretemporada y se ganó un nuevo contrato de un año en agosto. Esta vez, con otra mentalidad. “Disfruto plenamente. Quiero más años”, subrayó.
Un suplente que decide partidos
Su rol actual no admite equívocos: es suplente. Y está cómodo ahí. O, al menos, lo asume con una madurez que antes no tenía. “Mientras pueda ayudar al equipo y salir a hacer lo que hago, soy feliz”, aseguró. La frase que le trasladó al técnico es clara: quiere jugar tantos partidos como le aguanten las piernas. “Le dije al míster que quiero jugar tantos partidos como pueda antes de retirarme. Si tengo que jugar 50 partidos como suplente esta temporada, estaré encantado. Creo que puedo cambiar un partido en 30 minutos”.
No es una bravuconada. Sus números respaldan la sensación de impacto inmediato. Cuatro goles saliendo desde el banquillo en un equipo que mira a todos desde arriba en la League One. El martes, ante el Newcastle Under-21s, volvió a demostrar por qué su presencia altera el ritmo de los encuentros. Entró, marcó dos goles y selló el 2-1 en la EFL Trophy. Otra vez decisivo.
Su entrenador, Graham Alexander, lo ve igual. Tras el triunfo del martes, dejó claro que Powell “no será siempre suplente” y destacó su capacidad para cambiar partidos. El mensaje es nítido: el rol de revulsivo no es una condena, es una herramienta. Y puede evolucionar.
Aceptar el presente, exprimir el futuro
Powell ha encontrado un equilibrio extraño pero poderoso: ambición sin ansiedad. Sabe que llegará el momento en que se impaciente por ser titular. Lo admite. “Llegará un momento en el que me frustre y quiera pelear por un puesto de inicio, pero si el míster dice ‘no, esto está funcionando’ o ‘esto es lo que estoy pensando’, ese es su papel”. Respeto al plan, pero sin renunciar a apretar la puerta.
La perspectiva ha cambiado. Ya no mira la carrera como una escalera hacia la élite, sino como una cuenta atrás que quiere exprimir. “Si termino a los 33 o a los 35, es lo que es. Mi perspectiva cambió hace tiempo y disfruto cada segundo que juego. Sea como suplente o de inicio, valoro cada momento”.
De aquel chico que deslumbró en Crewe y se ganó un billete a Old Trafford queda el talento, pero también las cicatrices. Hoy, ese talento vive en Bradford, se sienta en el banquillo, entra a la media hora final y altera partidos. Estuvo a punto de dejarlo todo en enero. Ahora, cada vez que se levanta del banquillo, parece decidido a alargar la historia un poco más.





