Neymar se despide de Brasil: "Ahora se acabó"
Neymar dejó el césped del MetLife Stadium con los ojos vidriosos y una frase que pesó más que cualquier marcador: “Yo lo intenté, lo intenté. Ahora se acabó. Empecé aquí, terminé aquí”. Así, entre la derrota y la nostalgia, el máximo goleador de la historia de la selección brasileña anunció el final de su carrera internacional.
Brasil cayó 2-1 ante Noruega en los octavos de final del Mundial 2026 y se despidió del torneo de forma prematura. Cuando Neymar entró al campo, en el minuto 67, el daño ya estaba hecho: el marcador señalaba un 2-0 adverso y una Seleção aturdida, sin respuestas claras.
El estadio que lo vio nacer, lo vio despedirse
El escenario tenía un simbolismo brutal. En agosto de 2010, en este mismo MetLife Stadium de New Jersey, un Neymar de 18 años debutaba con Brasil y marcaba en un amistoso 2-0 ante Estados Unidos. Catorce años después, el círculo se cerró en el mismo césped, con un penalti en el tiempo añadido que apenas maquilló la eliminación.
Su gol, desde los once metros, llegó ya en el descuento. Ajustado, potente, como si se negara a aceptar que era solo un tanto de consolación. No cambió la historia del partido, pero sí fijó la última imagen de Neymar con la camiseta de su país: anotando. Como casi siempre.
Un legado escrito a base de goles
Las cifras hablan por él. Neymar se marcha como máximo goleador histórico de Brasil, con 80 tantos, por delante de leyendas de camiseta amarilla. Sus 130 partidos con la selección lo colocan, además, como el segundo jugador con más apariciones, solo por detrás de Cafu, que suma 142.
No hubo títulos mundiales que acompañaran esas estadísticas, pero su impacto en una era convulsa para la selección es innegable. Fue el faro de Brasil en cuatro Copas del Mundo: 2014, 2018, 2022 y 2026. Soportó el peso del número 10 y de la eterna comparación con los gigantes del pasado.
Regreso entre dudas, despedida entre lágrimas
Neymar no jugaba con Brasil desde 2023, atrapado en una cadena de lesiones que pusieron en duda incluso su presencia en este Mundial. Aun así, fue convocado y viajó a Estados Unidos con la misión de aportar experiencia, talento y, por qué no, un último destello.
Su participación en el torneo fue medida. Entró como suplente en el último partido de la fase de grupos, en el 3-0 frente a Escocia, y volvió a esperar su turno ante Noruega. Ya con el equipo contra las cuerdas, ingresó en la segunda parte, obligado a buscar una remontada casi desesperada.
No alcanzó. Brasil no encontró fluidez ni velocidad. El gol tardío de Neymar solo sirvió para encender por un instante a la hinchada brasileña en las gradas y para que él mismo, al término del encuentro, entendiera que aquel era su adiós.
“Empecé aquí, terminé aquí”, repitió ante los micrófonos de TV Globo, como si necesitara convencerse de que el ciclo realmente se había cerrado.
El vacío del 10
Su salida abre un interrogante gigantesco para la selección brasileña. No se trata solo de reemplazar goles, sino de llenar el hueco simbólico del futbolista que durante más de una década cargó con la responsabilidad de devolver a Brasil a la cima del mundo.
El Mundial 2026 se va sin Neymar, y Neymar se va sin el Mundial. Queda su registro, sus noches de magia, sus frustraciones, sus lesiones y sus regresos. Queda, sobre todo, la sensación de que una era se apagó en New Jersey, en el mismo lugar donde empezó a encenderse.
Brasil deberá reinventarse sin su 10. La pregunta ya no es qué fue Neymar para la selección, sino quién se atreverá a tomar ahora ese peso sobre los hombros.






