El Mundial y el riesgo del calor extremo: seis partidos peligrosos
El Mundial bajo fuego: seis partidos ya se han jugado por encima del umbral de calor que el sindicato de jugadores considera peligroso
La Copa del Mundo que recorre Estados Unidos, México y Canadá ya dejó su primera gran estadística incómoda. No tiene que ver con goles, posesión o xG, sino con algo mucho más básico: la capacidad del cuerpo humano para soportar el calor.
Un análisis de los primeros 24 partidos —el debut de cada selección— revela que dos encuentros se disputaron en condiciones de calor extremo al aire libre que, según el sindicato mundial de futbolistas Fifpro, deberían bastar para retrasar o incluso aplazar un partido. Otros cuatro se jugaron en ciudades con el mismo nivel de estrés térmico, suavizado solo por el aire acondicionado de los estadios.
Miami y Monterrey, al límite
El duelo entre Arabia Saudita y Uruguay en Miami encabeza la lista negra: fue el partido con las condiciones de calor más severas entre todos los primeros encuentros de la fase de grupos en estadios sin climatización. Detrás aparece el Suecia–Túnez en Monterrey.
Ambos se disputaron por la noche. Ni siquiera eso bastó.
Los datos de temperatura y humedad para el lugar y la hora de los partidos sitúan el llamado “termómetro de bulbo húmedo” en 28 ºC o más. Ese valor no es un simple número técnico: es el umbral a partir del cual Fifpro lleva tiempo reclamando que se retrasen o pospongan los partidos.
El sindicato, preguntado por este análisis, evitó pronunciarse sobre la situación térmica de este Mundial, que ya se perfila como el más caluroso desde que el torneo se disputa cada cuatro años, desde 1930.
Qué significa realmente 28 ºC de bulbo húmedo
El termómetro de bulbo húmedo no mide solo el aire caliente. Combina temperatura, humedad y nubosidad para responder a una única pregunta: ¿hasta qué punto puede el cuerpo enfriarse sudando?
Cuando la humedad es alta, el sudor deja de evaporarse de forma eficaz. El cuerpo se recalienta con rapidez. Primero llega el mareo, luego la desorientación. El siguiente paso puede ser una urgencia médica o algo peor.
Para este análisis se usaron datos meteorológicos de agencias gubernamentales de Estados Unidos y Reino Unido, y las temperaturas de bulbo húmedo se calcularon con una fórmula empleada por autoridades de varios países, entre ellos Australia y Canadá.
Dallas, Houston, Miami: el mapa del calor
La FIFA sabía lo que venía: un verano norteamericano abrasador. Movió algunos horarios a franjas más tardías y ordenó pausas de hidratación obligatorias. Varios de los 16 estadios cuentan con techo retráctil o sistemas de aire acondicionado que amortiguan el impacto.
El ejemplo más claro llegó en Dallas. Inglaterra y Croacia se enfrentaron allí bajo el termómetro de bulbo húmedo más alto del torneo hasta ahora: cerca de 35 ºC en el exterior. Dentro del estadio, el aire acondicionado rebajó la sensación hasta unos 22 ºC, un contraste que probablemente salvó piernas… y algo más.
En total, seis de los primeros 24 partidos se disputaron en lugares donde el bulbo húmedo alcanzó los 28 ºC o los superó: Alemania–Curazao en Houston, Arabia Saudita–Uruguay en Miami, Portugal–RD Congo en Houston, Países Bajos–Japón en Dallas e Inglaterra–Croacia, también en Dallas. El estadio de Houston, como el de Dallas, dispone de climatización.
Fuera, la historia fue muy distinta. Temperaturas récord en algunas sedes dejaron a aficionados desmayándose o refugiándose como podían en zonas sin sombra. Los avisos más serios apuntan a quienes menos se ven: trabajadores de estadio que pasan horas montando y moviendo estructuras pesadas bajo el sol.
Un reglamento que se queda corto
Las directrices actuales de la FIFA marcan que deben aplicarse pausas de refresco si el partido se disputa con 32 ºC o más. En la práctica, en este Mundial esas pausas se han introducido incluso con temperaturas algo menores. El retraso o la suspensión del encuentro queda en manos de los organizadores de la competición.
En la víspera del torneo, un grupo de especialistas en calor y salud pública envió una carta abierta a la FIFA pidiendo medidas más amplias. Respaldaban el umbral de Fifpro: 28 ºC de bulbo húmedo como punto a partir del cual un partido debería poder cancelarse.
Robbie Parks, epidemiólogo ambiental de la Universidad de Columbia y uno de los firmantes, puso el foco en un detalle incómodo: las mediciones suelen tomarse a la sombra.
“Si los jugadores están a pleno sol, la sensación real puede ser varios grados superior a la lectura oficial”, advirtió. Y fue más allá: estar de pie al sol puede ser peligroso incluso con temperaturas bastante más bajas, por encima de 23–25 ºC, para personas mayores expuestas durante unos minutos.
Parks reconoce que el aire acondicionado, los horarios tardíos y las pausas de hidratación alivian la situación de los futbolistas. Su preocupación se desplaza hacia las gradas y los alrededores. “La sombra es crucial y la hidratación es crucial”, insiste. Reclama permitir que los aficionados entren con su propia agua y la instalación de sistemas de nebulización para enfriar por evaporación.
Mira ya al desenlace del torneo: la final será en New Jersey, en un estadio sin techo. “Me preocupa”, admite. Su esperanza es que, para entonces, la FIFA haya aprendido de las primeras semanas.
El Mundial, escaparate del calor extremo
El contexto es ineludible. El calor extremo es el fenómeno más letal asociado a la crisis climática: provoca más muertes al año que huracanes, inundaciones e incendios forestales juntos.
Este mismo Mundial añadirá combustible al problema. Según estimaciones de la plataforma de contabilidad de carbono Greenly, la organización de más de 100 partidos generará alrededor de 7,8 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, el doble que el anterior torneo en Qatar.
Desde Zúrich, la FIFA responde con un mensaje de tranquilidad. Un portavoz asegura que el organismo está “comprometido con proteger la salud y la seguridad de todos los jugadores, árbitros, aficionados, voluntarios y personal” durante el torneo. Meteorólogos desplazados a cada sede asesoran en la preparación ante fenómenos extremos, y la planificación incluye una coordinación estrecha con las ciudades anfitrionas, los responsables de los estadios y las agencias nacionales.
Antes del inicio, la FIFA aprobó un “modelo escalonado de mitigación” para temperaturas extremas. A cada umbral le corresponden intervenciones adicionales. Para los jugadores, además de las pausas de hidratación, hay agua, bebidas con electrolitos y herramientas de enfriamiento: hielo, toallas frías, ventiladores, nebulizadores y zonas de sombra.
Para el público, los organizadores prometen aumentar la capacidad de refrigeración cuando sube el termómetro: más áreas sombreadas, sistemas de niebla de agua, autobuses climatizados y una distribución ampliada de agua.
También se ha introducido un protocolo médico específico para tratar el golpe de calor, con bolsas de enfriamiento que se utilizarán por primera vez en un Mundial.
La FIFA asegura que seguirá vigilando las condiciones “en tiempo real”, integrando el índice de bulbo húmedo y otros indicadores de calor, y que está preparada para activar protocolos de contingencia si el clima se desboca.
La pregunta, a estas alturas, ya no es si el calor condicionará este Mundial. Es cuántos partidos más se jugarán al borde del límite antes de que alguien decida que el marcador más importante no está en el césped, sino en el termómetro.





