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Militao regresa al entrenamiento: optimismo y precaución en el Madrid

Eder Militao volvió este lunes a entrenarse con el grupo en la ciudad deportiva del Real Madrid. Una imagen, la del brasileño corriendo sobre el césped, bastó para encender una chispa de optimismo en un club que llevaba meses mirando de reojo el parte médico.

Han pasado 195 días desde su último paso por la camilla. Casi 200 jornadas de gimnasio, tratamientos y paciencia forzada para un central de 28 años que se había perdido por completo el arranque de la temporada por una persistente lesión muscular. La fotografía publicada por el club no es solo un gesto de comunicación: es la primera prueba visible de que el ex de FC Porto empieza, por fin, a acercarse a la competición.

Pero nadie en Valdebebas se engaña. Detrás de esa sonrisa en el entrenamiento hay un historial que pesa.

Tres años de golpes duros

El recorrido reciente de Militao es el de un futbolista que ha tenido que aprender a empezar de cero demasiadas veces. En los últimos tres años ha encadenado lesiones graves que habrían puesto a prueba a cualquier jugador.

El central ha sufrido dos roturas de ligamento cruzado en ese periodo, dos mazazos que lo dejaron fuera de combate de agosto de 2023 a marzo de 2024 y, de nuevo, de noviembre de 2024 a junio de 2025. Cada vez que parecía ver la luz, el calendario se le volvía a venir encima.

Cuando intentaba reconstruir su condición física, otro golpe: una recaída muscular el pasado mes de abril. Desde entonces, más de medio año sin disputar un solo minuto oficial. Demasiado tiempo lejos de la competición para un futbolista que había alcanzado la élite a base de agresividad, anticipación y potencia en los duelos.

Las dudas existen y son reales. Con la gravedad y la frecuencia de sus problemas físicos, en el club se asume que no será sencillo que el brasileño recupere de inmediato la versión dominante que mostró en sus mejores noches.

Mourinho pisa el freno

La vuelta al trabajo con el grupo supone un soplo de aire fresco para José Mourinho, pero no cambia el plan: nada de riesgos. Según apunta Mundo Deportivo, el técnico portugués y el cuerpo médico han trazado una hoja de ruta en la que la palabra clave es prudencia.

El mensaje interno es claro: Militao no puede volver a saltar a la alta competición como si nada hubiera pasado. Cada sesión estará medida, cada respuesta física, observada con lupa. La integración en la dinámica normal del primer equipo será gradual, casi quirúrgica.

El cuerpo médico sabe que una aceleración innecesaria podría ser desastrosa. Otra recaída, con su historial, no sería solo un contratiempo: podría comprometer seriamente su futuro a medio plazo. Por eso se ha diseñado una progresión lenta, escalonada, con cargas controladas y descansos marcados.

El objetivo no es que Militao esté “listo cuanto antes”, sino que esté bien de verdad. Para eso hace falta tiempo, paciencia y un calendario que respete los ritmos del jugador, no las urgencias de la clasificación.

Un regreso que llega en un momento clave

El contexto deportivo añade matices. El Real Madrid volverá a la Liga el sábado 10 de octubre, cuando reciba a Villarreal en el Santiago Bernabéu en la octava jornada. El equipo de Mourinho marcha cuarto en la tabla, a seis puntos del líder, Barcelona, y con la obligación de recortar distancia en las próximas semanas.

En ese escenario, recuperar a un defensor del nivel de Militao sería oro puro. Pero el club asume que su vuelta no será inmediata ni ruidosa. No se le espera de golpe en el once inicial, ni con partidos de máxima exigencia desde el primer día.

Su presencia en los entrenamientos, sin embargo, ya supone un refuerzo anímico y deportivo. Permite al cuerpo técnico empezar a imaginar rotaciones más amplias, gestionar mejor los minutos de los centrales y preparar, a medio plazo, un bloque defensivo con más variantes.

El brasileño inicia ahora una carrera diferente a la que estaba acostumbrado: no se trata de ganar un balón dividido, sino de ganarle tiempo al propio cuerpo. Si el plan sale bien, el Real Madrid recuperará a un zaguero de élite justo cuando la temporada entre en su tramo más duro. Si no, la pregunta será inevitable: ¿cuánto más puede resistir un jugador al límite entre la recuperación y el abismo físico?