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Marco Materazzi: elogios y advertencias sobre el Inter

En Trento, en el Festival dello Sport, Marco Materazzi volvió a ser Marco Materazzi. Directo, sin filtros, orgulloso de su Inter y, al mismo tiempo, exigente con un club que, a su juicio, podría lucir todavía más Scudetti en el pecho.

Lleva años diciéndolo y no se cansa.

«Desde hace cuatro o cinco años digo que el Inter es el más fuerte, y probablemente hemos dejado dos Scudetti por el camino», afirmó el excentral, en declaraciones recogidas por TuttoMercatoWeb. No hablaba de sensaciones vagas, sino de una convicción que arrastra desde que vio consolidarse el bloque que domina hoy la Serie A.

Confianza total en Chivu y el giro tras Estambul

Materazzi también se detuvo en la figura de Cristian Chivu, al que muchos miraban con recelo antes de su salto definitivo al banquillo del primer equipo.

«El año pasado mucha gente dudaba de Chivu. Yo dije que tener el Mundial de Clubes era positivo, para borrar inmediatamente de la cabeza de los jugadores la final de Champions», recordó. Para él, esa cita fue una especie de terapia de choque: cambiar la herida de Estambul por la obligación inmediata de ganar otro título.

El exdefensa se aferró a un detalle que, en su opinión, lo explica todo: «Cristian lo hizo bien, se ve en el abrazo con los jugadores al final de la temporada, se ve la empatía y la inteligencia que tuvo». Una imagen, un gesto, como prueba de autoridad y de sintonía interna.

Un Inter que remonta… demasiado

Hay, sin embargo, algo que no le gusta nada del arranque liguero del equipo. Inter ha tenido que levantar desventajas de dos goles en tres jornadas consecutivas. Espectacular para el espectador neutral. Inquietante para alguien que ha vivido vestuarios campeones desde dentro.

«Eso demuestra lo fuertes que somos, pero hay que salir al campo concentrados siempre», advirtió. El elogio llegó con un tirón de orejas incorporado. Porque, sí, remontar está bien, pero no puede convertirse en costumbre.

«Cuando vas dos goles abajo y luego remontas… ya ha pasado dos veces. Pero basta ya, esperemos ganarlas todas y encajar menos», añadió entre risas. El mensaje, bajo el tono distendido, es claro: un Inter que aspira a todo no puede regalar medio partido cada fin de semana.

Mourinho, la verdad a la cara y el rol del soldado

Cuando habla del Inter del triplete, Materazzi cambia el registro. Hay respeto, hay nostalgia, y hay un nombre que lo ordena todo: José Mourinho.

«Ese año yo sabía que no era titular», confesó. No hubo dramas. Hubo una conversación. «Hablé con Mourinho y él dejó las cosas claras. Cuando alguien hace eso desde el primer momento, no te está mintiendo y no hay trucos». Nada de promesas vacías, nada de frases hechas para calmar egos.

Materazzi entendió su papel y lo abrazó: «Sabía perfectamente cuál era mi rol: ayudar al equipo a lograr resultados importantes». No era el hombre de la foto cada domingo, pero sí una pieza de vestuario que el entrenador consideraba vital.

La anécdota previa a la final de Champions de 2010 contra el Bayern Munich resume bien esa relación de confianza. «Antes de la final le pregunté a Mourinho: “¿Cómo son ellos?”, refiriéndome al Bayern. Y él me dijo: “Tranquilo, ganaremos 2-0 y tú entrarás”». No hay constancia de que el técnico clavara hasta el minuto de su entrada, pero el marcador final sí le dio la razón.

De Madrid a Berlín: cuando los “alienígenas” pierden

El diálogo inevitable lleva de Madrid a Berlín. De la noche del triplete a la noche en la que el mundo entero vio a Zinedine Zidane perder la cabeza. Materazzi fue protagonista absoluto de aquella final del Mundial 2006: marcó el gol del empate para Italia y recibió el célebre cabezazo del astro francés.

Aun así, lejos de recrearse en la polémica, el exdefensa eligió el elogio al rival. «En el Mundial 2006 nos enfrentamos a alienígenas», dijo, describiendo así la calidad de aquella Francia. Un equipo lleno de talento, experiencia y jerarquía.

Y remató con una sentencia que conoce bien cualquiera que haya pisado un vestuario profesional: «Pero, como bien sabéis, en el fútbol no siempre ganan los más fuertes».

Lo dice alguien que levantó la Copa del Mundo ante una selección que consideraba superior y que años después vio a su Inter tocar el cielo de Europa. Y que, aun así, mira al Inter actual y piensa que todavía le falta algo. No talento. No carácter. Títulos.