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Lionel Messi se despide de la selección argentina

El telón cayó en el Monumental y lo hizo a lo grande. Lionel Messi cerró 21 años de carrera con la selección argentina con una actuación que pareció escrita para el final de una película: 3-0 a Benín, dos asistencias, un penal convertido y un estadio entero cantando su nombre como si quisiera retenerlo un rato más.

Tenía 39 años, pero jugó como si el tiempo no le hubiera pasado por encima. Dueño del ritmo, del balón y del escenario, Messi manejó a una Argentina que no necesitó forzar la máquina ante el 93º del ranking, pero que entendió la importancia del contexto: aquella no era una noche más de eliminatorias ni un amistoso de calendario. Era la última función del 10 con la camiseta albiceleste.

El penal de los 71 minutos no fue un gol cualquiera. Fue el número 126, el último con la selección. Una cifra que ya forma parte del paisaje estadístico de su leyenda, pero que anoche tuvo otro peso: certificó el final de un vínculo deportivo que marcó a varias generaciones.

Un adiós que recorrió el mundo

La despedida no se quedó en Buenos Aires. El impacto cruzó fronteras, pantallas y husos horarios. Entre los muchos que siguieron el partido desde la distancia apareció un nombre inevitable en la historia de Messi: Ronaldinho.

El brasileño, que lo tomó casi de la mano en aquellos primeros días en Barcelona, no tardó en expresarse. En sus redes, dejó un mensaje que sonó más a carta entre hermanos que a homenaje protocolar.

“Qué placer y qué alegría haber formado parte de tu historia desde el primer día, hermano”, escribió. “Nos hiciste sonreír y disfrutar tanto del fútbol. Tu nombre está grabado en la historia de tu país y de todo el mundo”.

Ronaldinho, campeón del mundo en 2002, fue más allá del elogio fácil. Recordó el peso que cargó Messi durante años: la obligación permanente de transformar talento en títulos para su selección. “Solo nosotros sabemos la alegría que sentimos cuando cumplimos el sueño de la infancia, representar a todo un país y ser campeones del mundo”, añadió. “Diste todo por tu selección y por tu país”.

En ese tono íntimo, el brasileño también dejó espacio para el consejo. Apuntó al costado menos visible de una carrera tan larga: la vida fuera del césped, la familia, las renuncias. “Te entiendo perfectamente, y sé que todo lo que tiene que ver con la familia nos hace replantearnos las cosas. Disfruta la vida, hermano. Te deseo lo mejor, hoy y siempre”.

Messi, lágrimas, y un recuerdo que duele

El pitazo final no solo cerró un partido. Cerró una era. Cuando el árbitro marcó el final, el Monumental se transformó en un enorme ritual de despedida. Messi, con los ojos vidriosos, tomó el micrófono y habló. No al mundo. A su gente.

“Son muchas emociones. Obviamente lo primero en lo que pienso es en mi papá”, confesó, con la voz quebrada. Jorge Messi, fallecido en agosto a los 68 años, estuvo presente en cada gesto del capitán. El último partido con Argentina, dedicado a su memoria.

“Solo me queda decir gracias. Significó tanto para mí vestir esta camiseta durante 20 años. Nunca dejé de luchar, de pelear ni de querer estar acá”, continuó, mirando a las tribunas, como si buscara grabar en la retina cada bandera, cada rostro.

No hubo épica forzada en sus palabras, sí una sinceridad cruda cuando habló del vacío que se abre ahora. “Este es un momento muy difícil para mí. No volver va a ser una gran tristeza. Me encantaría volver siempre, porque jugar en Argentina es lo más lindo que te puede pasar”.

En ese contraste entre la alegría colectiva y la melancolía del protagonista se movió toda la noche. La gente celebraba al campeón del mundo, al ídolo eterno. Él, mientras tanto, se despedía de una parte de sí mismo.

El futuro: solo Inter Miami, y la vida que espera

Con la selección ya en el retrovisor, Messi encara el tramo final de su carrera con un único escudo en el pecho: Inter Miami. Sin viajes interminables, sin dobles esfuerzos, sin ventanas FIFA que partan la temporada en mil pedazos.

Liberarse del calendario internacional no es un detalle menor para un futbolista de 39 años que ya lo ganó todo con su país: Mundial 2022, dos Copas América. Su cuerpo lo agradecerá. Su cabeza, también.

Ronaldinho lo subrayó en su despedida: los nuevos espacios en la agenda no solo significan menos desgaste físico, también más tiempo para la familia. Más días en casa, menos noches de hotel, menos vuelos transoceánicos. Otro tipo de vida para alguien que lleva dos décadas sometido a la exigencia máxima.

La selección argentina seguirá su camino, obligada ahora a aprender a vivir sin el jugador que la llevó del trauma de las finales perdidas a la gloria de Lusail. Messi, desde Miami, verá esa historia continuar sin él.

La pregunta ya no es qué más puede darle Messi a la Albiceleste. La verdadera incógnita es cómo se reescribe el futuro de Argentina sin el futbolista que convirtió cada partido en una cita con la historia.