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James McClean denuncia intento de rescisión en Derry City

James McClean, icono de la selección de la República de Irlanda y emblema de Derry, ha pasado al contraataque. El centrocampista ha denunciado lo que califica como un intento “incomprensible” del club de rescindir su contrato y ha dejado un mensaje nítido, cargado de orgullo y rabia contenida: su retirada la decidirá él, no la entidad que le vio crecer.

El comunicado, difundido a través de la PFA Ireland, llega tras semanas de silencio público y de rumores que corrían con fuerza alrededor del Brandywell. McClean, que regresó a su club de casa desde Wrexham a comienzos de enero, no aparece en una convocatoria desde la eliminación en la Conference League ante Rijeka, a principios de julio. Desde entonces, nada de minutos, nada de vestuario los días de partido, nada de protagonismo en el césped. Solo ruido.

Un regreso soñado que se ha torcido

Cuando McClean decidió volver a Derry City, lo hizo con la idea de cerrar el círculo. En su mensaje recuerda que aceptó el reto “de buena fe”, apoyado en compromisos deportivos y también en promesas sobre su futuro una vez colgara las botas. Movió a su familia a mitad de curso escolar, convencido por el proyecto, por la visión a corto y largo plazo que le presentaron.

Ese sueño se ha ido agriando. En agosto, tras el despido de Tiernan Lynch como entrenador, comenzaron a circular informaciones que apuntaban a que el club intentaba activar una cláusula para romper el contrato del veterano futbolista, alegando lesiones persistentes. La PFAI ha confirmado ahora esa versión: Derry habría tratado de invocar una disposición del Standard Players Contract que permite rescindir con seis meses de preaviso cuando el jugador es considerado de “incapacidad permanente”.

McClean rechaza de plano esa etiqueta. Y lo hace con dureza.

Autocrítica, pero sin aceptar el papel de culpable

El internacional irlandés sí reconoce que no todo lo que ha hecho en los últimos meses fue acertado. En su comunicado, pide disculpas por algunas críticas “desacertadas” hacia el funcionamiento general del club, admitiendo que sus sentimientos debieron quedarse “en casa”, puertas adentro del vestuario y de las oficinas.

No es un matiz menor. Durante la etapa de Lynch, McClean fue especialmente duro con la forma de operar del club, aunque nunca mencionó al técnico por su nombre. Él mismo explica que se le pidió ayudar a “elevar los estándares”, alzar la voz y usar su experiencia para profesionalizar aún más a Derry City. Asegura que lo intentó desde el primer día de la temporada, pero que sus opiniones no fueron bien recibidas.

Asume su parte de responsabilidad, también cuando sus actuaciones no han estado al nivel que él mismo se exige. Lo que no acepta es el trato recibido después. Lo califica de inaceptable y de peligroso para el resto de futbolistas de la liga. “Para cualquier club, pensar que está bien intentar rescindir el contrato de un jugador sin el debido proceso ni causa justificada es incomprensible”, denuncia.

La batalla por el cuerpo… y por el futuro

McClean firmó por Derry City con 37 años en el horizonte. Con esa edad, las molestias físicas forman parte del día a día de cualquier profesional. Él mismo admite que ha sido transparente sobre lo que su cuerpo afronta ahora y lo difícil que resulta asumirlo. Pero marca una línea roja: no está “permanentemente incapacitado”, ni cerca de ello, insiste.

Entrena fuerte. Se siente capaz de rendir y de hacerlo bien en la League of Ireland. Se ve listo para competir, listo para ayudar. “Estoy preparado para jugar cuando se me llame”, remata en el texto.

El mensaje central, sin embargo, va más allá del estado físico. Es una cuestión de dignidad profesional. “Yo decidiré cuándo me retiro. Nadie más tomará esa decisión por mí. Cuando llegue ese momento, mi cuerpo me lo dirá”, afirma. Reclama el mismo “deber de cuidado y justicia” que, según él, se concede a la mayoría de jugadores del Derry City FC.

Silencio en el banquillo, ruido fuera del campo

Mientras tanto, el club guarda silencio. Derry City no ha respondido todavía a las acusaciones sobre el intento de rescisión. McClean tampoco ha tenido minutos bajo el mando del técnico interino Mark Connolly, que se ha limitado a explicar públicamente que el veterano centrocampista entrena, pero que han optado por mantener el mismo grupo de jugadores en las últimas semanas.

“Cada jugador siempre se tiene en cuenta, pero ahí es donde estaba la plantilla y eso es lo que elegimos”, dijo Connolly cuando se le preguntó por la ausencia del internacional.

Entre líneas, el mensaje deportivo es frío. El institucional, inexistente. RTÉ Sport tampoco obtuvo respuesta al preguntar directamente por la situación contractual del jugador.

Una tormenta que estalla en vísperas de semifinal

La polémica estalla en un momento delicado. Derry City afronta este sábado la semifinal de la Club Orange FAI Cup ante Galway United, una cita que puede marcar el tono del final de temporada. Representantes del club hablarán con los medios antes del partido, en un acto ya programado, y se espera que la cuestión McClean planee sobre cada pregunta.

En el césped, Derry se juega un billete para una final. Fuera de él, se juega algo más difícil de medir: su relación con uno de los nombres más importantes que ha dado la ciudad en la última década y el mensaje que envía al resto del vestuario y del país.

McClean ya ha hablado. Falta por ver si el club responde… y, sobre todo, si el próximo capítulo de esta historia se escribe con él de nuevo en el once o definitivamente fuera del proyecto.