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Italia cae 0-2 ante Bélgica en la Nations League

ROMA — Han pasado seis meses desde el último golpe, aquella eliminación en la repesca ante Bosnia-Herzegovina que dejó a Italia fuera de un tercer Mundial consecutivo. Medio año para lamerse las heridas, revisar el proyecto, cambiar de rumbo. Pero en el Stadio Olimpico quedó claro que la herida sigue abierta.

Italia cayó 0-2 ante Bélgica en la Nations League, en el primer partido de la Azzurra desde aquel naufragio de marzo. Nuevo capítulo, mismos fantasmas.

El regreso agrio de Mancini

La noche estaba pensada para el reencuentro. Roberto Mancini volvía al banquillo italiano tres años después de dejar el cargo para aceptar la oferta millonaria de Arabia Saudí. La historia ofrecía un guion casi perfecto: el técnico que llevó a Italia a conquistar la Eurocopa en 2021 regresaba para intentar reconstruir un equipo roto.

Lo que encontró fue un estadio frío y un equipo frágil.

Solo 47.155 espectadores acudieron al Olímpico, muy lejos de los 70.000 que permite el aforo. Y los que fueron no tardaron en mostrar su descontento: a los 20 minutos, ya se escuchaban silbidos. No por casualidad. En ese momento Bélgica ya mandaba en el marcador.

En la banda, Mancini gesticulaba, se desesperaba, corregía posiciones. Su lenguaje corporal decía tanto como el marcador.

“Cuando perdemos, nadie está contento. Cuando pierdes, te pueden pitar”, asumió después el seleccionador.

Bélgica golpea primero

La primera gran ovación de la noche no fue para Italia. Fue para Kevin De Bruyne. El mediocampista, en su partido número 125 con la selección, volvió a demostrar por qué sigue siendo el faro de Bélgica.

Desde la izquierda, el dorsal 10 encontró a Mika Godts abierto en banda. El joven atacante, recién fichado por Paris Saint-Germain, encaró sin miedo. Control, cambio de ritmo, recorte hacia dentro. Se deshizo de tres defensores italianos con una facilidad insultante y definió raso ante Gianluigi Donnarumma. Silencio primero. Silbidos después.

En la jugada quedaron retratados Gianluca Mancini y Diego Coppola. El primero giró al lado equivocado ante el amague de Godts; el segundo llegó en un intento desesperado, deslizándose tarde, sin opción de corregir el error.

Coppola ocupaba el lugar de Alessandro Bastoni, sancionado tras su expulsión en la derrota ante Bosnia. La zaga italiana, de nuevo, echó de menos jerarquía.

Todo nació de un error grosero: un mal pase en la salida de balón de Alessandro Romano, debutante con Italia tras cambiar su lealtad internacional desde Suiza. Un regalo que Bélgica no desaprovechó.

Van Bommel acierta en su estreno

Mientras Mancini buscaba respuestas, en el banquillo visitante Mark van Bommel vivía una noche redonda. El exinternacional neerlandés, nombrado seleccionador tras la marcha de Rudi Garcia después del Mundial, debutó con una victoria sólida, construida desde la disciplina y el veneno al contragolpe.

Su Bélgica no arrasó, pero fue quirúrgica. Esperó, mordió cuando Italia se estiró y castigó cada pérdida.

El plan quedó retratado en el segundo gol.

El segundo mazazo de Lukébakio

Italia, obligada a reaccionar, adelantó líneas tras el descanso. El equipo empezó a acumular gente cerca del área rival, pero sin claridad. Cada ataque parecía un riesgo. Cada pérdida, una amenaza.

La sentencia llegó en otra transición belga. Dodi Lukébakio recibió con espacio, encaró y avanzó metros mientras Sandro Tonali corría hacia atrás en un intento desesperado por cerrarle el paso. No llegó. Desde fuera del área, el atacante belga soltó un disparo seco que se coló lejos del alcance de Donnarumma.

2-0. Más silbidos. Más dudas.

“Dejamos huecos y encajamos dos goles evitables. Hay mucho trabajo por hacer”, admitió Riccardo Calafiori, lateral de una Italia que nunca encontró equilibrio.

Una Italia reconocible… para mal

El dato inquieta: el once inicial de Mancini incluía a ocho futbolistas que fueron habituales durante la fase de clasificación para el Mundial. No era un equipo en construcción total, sino una base conocida, con automatismos teóricamente asentados.

Sin embargo, Italia se mostró lenta en la circulación, blanda en los duelos y vulnerable cada vez que Bélgica aceleró. El equipo no carece de nombres, carece de convicción.

Mancini, a sus 61 años, vuelve al mismo punto de partida con el que se encontró en 2018: una selección herida, con la autoestima por los suelos y un país que ya no se reconoce en su camiseta.

Su abrupta renuncia en agosto de 2023, apenas dos años después de levantar la Eurocopa, todavía escuece en parte de la afición. Su regreso, lejos de generar un entusiasmo unánime, llega rodeado de escepticismo. Y noches como la de Roma no ayudan a cambiar la narrativa.

Al pitido final, el veredicto del Olímpico fue rotundo. Silbidos masivos mientras los jugadores se marchaban cabizbajos hacia el túnel de vestuarios. Ninguna duda sobre el juicio popular.

Un calendario sin respiro

Y lo más preocupante para Italia es que no hay tiempo para lamentos. El calendario aprieta y no perdona.

El lunes, visita a Türkiye. El viernes, desplazamiento a Francia. Después, de nuevo Türkiye, esta vez en Bolonia, para cerrar la primera fase de la Nations League.

Rivales físicos, intensos, con ideas claras. Justo lo que hoy le falta a Italia.

El margen de error se estrecha. La paciencia también. La pregunta ya no es solo si la Azzurra puede volver a competir al máximo nivel. Es otra, más incómoda: ¿cuánto tiempo más puede permitirse Italia vivir de los recuerdos de 2021?

Italia cae 0-2 ante Bélgica en la Nations League