Intercambio de extremos: Johnson y McNeil en Everton y Crystal Palace
En Liverpool y en el sur de Londres se ha cerrado uno de esos intercambios que marcan un verano: Everton y Crystal Palace han acordado un trueque directo de extremos. Brennan Johnson llega a Goodison Park; Dwight McNeil, al fin, vestirá de rojo y azul en Selhurst Park.
Ambos firman por cuatro temporadas. Dos apuestas claras, dos perfiles distintos y una historia que, en el caso de McNeil, llevaba meses pendiente de resolución.
Johnson, quinto fichaje para el proyecto de Moyes
A sus 25 años, Brennan Johnson se convierte en el quinto refuerzo del verano para el Everton de David Moyes. El club ya había activado la obligación de compra de Merlin Röhl y cerrado las llegadas de Hayden Hackney, Tyrique George y Christian Nørgaard. Con Johnson, el plan toma una forma evidente: más piernas, más energía, más agresividad en campo rival.
El galés abandona el Palace apenas medio año después de haber llegado desde Tottenham por 35 millones de libras. En Selhurst Park nunca terminó de arrancar: 26 partidos, ningún gol. Mucho ruido alrededor de su fichaje, poca producción real.
En Goodison Park, Johnson ve una oportunidad de reinicio. Y lo deja claro desde el primer día.
“Estoy muy emocionado de estar aquí. El club habla por sí solo, es un club enorme y en cuanto supe del interés quise venir y formar parte de esto”, explica el extremo, que no esconde por qué eligió el Everton: “El míster, los jugadores, la dirección en la que va el equipo… Se ve que es un club que quiere ir en la dirección correcta, y yo soy un jugador que quiere ir en esa dirección también, así que parece un encaje perfecto”.
Moyes le ha tocado la fibra. “Habló conmigo de volver a la forma que ya he mostrado antes, y eso es enorme para mí: que sepa y crea en lo que puedo hacer. Escuchar eso de un entrenador tan experimentado, que ha tenido tanto éxito, fue muy importante”.
Johnson promete trabajo y electricidad. “Primero, voy a trabajar para el equipo, los aficionados y representar bien al club. Sé que eso aquí es innegociable. Pueden esperar eso de mí. Además, creo que puedo aportar velocidad, goles y todo lo que tengo”.
El extremo también subraya el peso de la grada. “La afición del Everton, en casa y fuera, siempre se siente. Es un honor enorme estar aquí y jugar para ellos ahora”.
McNeil, una herida de enero que por fin cicatriza
En el otro lado del trato, Dwight McNeil por fin cruza la puerta de Selhurst Park. En enero estuvo a minutos de hacerlo. El acuerdo estaba, el jugador había pasado reconocimiento médico, pero el papeleo no llegó a tiempo. El fichaje se cayó en el último suspiro y el episodio dejó marca.
No solo en el futbolista. También en su entorno. Su pareja, Megan Sharpley, cargó entonces en redes sociales contra la gestión de la operación, denunciando el impacto que tuvo en la salud mental del jugador y cuestionando cómo la industria trata a los futbolistas en esos momentos límite.
Aquel día de cierre de mercado, Sharpley habló de pasar de “todo a silencio absoluto” por parte del club londinense pese a que McNeil ya había dado el sí. Un golpe emocional en pleno foco mediático.
Para que esta vez el movimiento llegara a buen puerto, el presidente del Palace, Steve Parish, decidió intervenir en primera persona. Mantuvo conversaciones directas y positivas tanto con McNeil como con Sharpley para limpiar el ambiente y reconstruir la confianza. Sin ese paso, el fichaje difícilmente habría llegado a firmarse.
Los números de McNeil en el Everton explican por qué el Palace insistió tanto: 15 goles y 18 asistencias en 130 partidos. Producción sostenida, golpe de balón, trabajo sin balón. Un extremo de recorrido que encaja con el estilo intenso que se ha instalado en Selhurst Park en las dos últimas temporadas.
“Estoy muy contento de estar aquí y con muchas ganas del reto que viene”, afirma el inglés, que mira al vestuario al que se incorpora: “Los chicos han tenido grandes éxitos en las dos últimas temporadas. Es algo de lo que quiero formar parte, así que tengo muchas ganas de empezar”.
McNeil se suma a una defensa que también se ha remozado: Oscar Mingueza y Takehiro Tomiyasu han llegado libres, mientras que Maxence Lacroix ha puesto rumbo al Chelsea por 51 millones de libras. Movimiento fuerte de caja para financiar un nuevo ciclo.
Dos proyectos en construcción
El intercambio Johnson–McNeil encaja en dos planes distintos, pero complementarios.
En Liverpool, el Everton ha optado por rejuvenecer y dinamizar su plantilla. A la energía de Johnson se suman los perfiles de Hackney y George, ambos llegados por 24 millones de libras cada uno, y la versatilidad de Röhl y Nørgaard. El club ha liberado masa salarial con la salida de veteranos como Seamus Coleman e Idrissa Gueye, además de una larga lista de jugadores liberados, y ha buscado un equipo más corto, más competitivo.
En Londres, el Palace ha hecho lo contrario con su ataque: cambia la velocidad aún por explotar de Johnson por la fiabilidad contrastada de McNeil. A la vez, ha ajustado su plantilla con varias salidas, traspasos menores y cesiones para jóvenes, apuntalando posiciones clave sin perder el equilibrio económico.
El mercado todavía se mueve, pero en Goodison y en Selhurst Park ya han tomado una decisión clara: apostar fuerte por extremos que encarnen la idea de juego. Uno, Johnson, buscando recuperar la chispa que enamoró a sus primeros técnicos. El otro, McNeil, decidido a demostrar por qué un fichaje frustrado puede convertirse en la mejor segunda oportunidad de su carrera.
La temporada dirá quién salió ganando de este intercambio, pero nadie podrá acusar a Everton ni a Crystal Palace de haber jugado a lo seguro.






