Francia sobrevive a Turquía tras lesión de Mbappé
Kylian Mbappé necesitó un instante para cambiar un partido que se le estaba poniendo feo a Francia en Izmit. Minuto 56, césped traicionero, ambiente encendido y Turquía lanzada tras el descanso. Un pase filtrado de Michael Olise, un control orientado del delantero de Real Madrid y un remate seco, cruzado, para silenciar el estadio y apagar la oleada local. Gol de crack. Gol de alivio.
A los 27 años, Mbappé volvió a ejercer de desatascador en el estreno de la League A, Grupo 1. Se movió entre líneas, atacó la espalda de los centrales turcos y, cuando Francia sufría más, encontró el hueco exacto. Ugurcan Çakır salió a tapar ángulo, pero el francés definió con la frialdad de siempre. Un toque y a la red.
Y, de repente, el giro de guion. Pocos minutos después del 0-1, Mbappé se tiró al suelo, gesto torcido, mano en la rodilla. No hubo choque aparatoso ni gritos, pero la preocupación fue inmediata. El delantero salió del campo con visibles molestias, dejando en el aire una pregunta incómoda para Francia y para su club: ¿hasta qué punto es grave?
Dembélé toma el brazalete y el mando
La salida de Mbappé podría haber desordenado a Francia. O haber encendido aún más a Turquía. Ocurrió lo contrario. El equipo de Zinedine Zidane, en su primer gran examen oficial, se reacomodó con calma y empezó a mandar con más autoridad.
Ousmane Dembélé, 29 años, heredó el brazalete de capitán y también el peso simbólico del equipo. No se escondió. Pidió la pelota, encaró, ayudó a estirar al bloque y marcó el tono competitivo del tramo final.
“Es una victoria en un campo complicado”, explicó el atacante a la cadena TF1, con la satisfacción de quien sabe lo que cuesta ganar en un estadio así. No exageraba. Turquía, empujada por su gente, había salido del descanso con una marcha más, obligando a Francia a retroceder varios metros.
“Jugamos un muy buen partido en general”, añadió Dembélé. Y el desarrollo le da la razón. Francia pudo sentenciar con uno o dos goles más, como él mismo reconoció, pero el contexto no invitaba a florituras: viaje largo, césped difícil, rival agresivo y un ambiente encendido. El botín de los tres puntos pesaba más que la estética.
Çakır, de sostén a villano
Tras el gol de Mbappé, Turquía no se descompuso. Al contrario, se lanzó con más rabia. Francia controlaba mejor el balón, pero cada pérdida en campo propio encendía las gradas y alimentaba la sensación de que el empate estaba al caer.
Hasta que el partido se decidió en una acción tan simple como letal. Minuto 87. Balón largo a la espalda de la defensa turca. Ugurcan Çakır sale a cortar, mide mal, y toca la pelota con la mano fuera del área. Roja directa. De sostén del equipo a villano involuntario en un segundo.
Con un jugador menos y sin su portero titular, Turquía no bajó los brazos. Siguió buscando el empate con centros colgados y ataques a la desesperada. Francia, obligada a resistir, se encerró cerca de su área y defendió cada balón parado como si fuera el último. Aguantó. Sin brillo, pero con una solidez que también explica por qué se gana lejos de casa.
“Venir a Turquía, a un estadio tan animado, no iba a ser fácil. Hemos trabajado duro toda la semana. Estamos contentos con los tres puntos”, remató Dembélé. El mensaje sonó a aviso: este equipo no está para exhibiciones en septiembre, sino para construir algo duradero.
Bélgica estrena a Van Bommel con autoridad en Roma
En el otro partido del grupo, Bélgica aprovechó la primera página de la era Mark van Bommel para firmar una victoria de peso: 0-2 en Italia, en el Stadio Olimpico de Roma. El marcador suena a control. El contexto, a declaración de intenciones.
Van Bommel, 49 años, llega al banquillo belga con una mochila llena de experiencias como jugador en PSV Eindhoven, AC Milan, Barcelona y Bayern Munich. Sustituye al francés Rudi Garcia, el técnico que llevó a Bélgica hasta los cuartos de final del último Mundial. No hereda un solar, sino un equipo acostumbrado a competir en la élite.
El primer golpe lo dio Mika Godts. El delantero de Paris Saint-Germain abrió el marcador mediada la primera parte, castigando a una Italia que no terminaba de ajustar sus líneas. Un desmarque, un remate certero y Bélgica por delante en un escenario histórico.
La ventaja se consolidó en el minuto 69, cuando Dodi Lukébakio dobló la distancia. Ese segundo gol no solo mató el partido; también dio a Van Bommel el margen perfecto para cerrar el encuentro con calma táctica, sin sobresaltos innecesarios.
Un calendario que se aprieta y un Zidane bajo el foco
El grupo se encamina ahora hacia un tramo de calendario que puede empezar a definir jerarquías. El 28 de septiembre, en Bruselas, Bélgica recibirá a Francia en un duelo que huele a termómetro competitivo. El mismo día, Turquía se enfrentará a Italia en casa, obligada ya a no dejar escapar más puntos si quiere pelear por los dos primeros puestos.
El 2 de octubre llegará una noche cargada de simbolismo. Zidane dirigirá su primer partido como seleccionador de Francia en el Stade de France, ante Italia. El mismo estadio donde, en 1998, sus dos goles en la final del Mundial encendieron una era y entregaron a Francia su primera Copa del Mundo. Ahora vuelve al mismo escenario, pero en la banda, con otra responsabilidad y bajo otra lupa.
Tres días más tarde, el 5 de octubre, Francia repetirá en el Stade de France para recibir a Bélgica. Será el cuarto partido del grupo, un posible cruce de caminos en la lucha por el liderato.
Zidane conoce el ruido que le rodea. No lo esquiva, pero tampoco lo alimenta. “No busco la atención. No estoy aquí por eso”, ha dejado claro. Su discurso se centra en el vestuario: trabajo con sus jugadores, idea clara, estructura competitiva y victorias como la de Izmit, ásperas pero valiosas.
Los números del torneo también aprietan. Solo los dos primeros de cada uno de los cuatro grupos de la League A avanzan a los cuartos de final, que se disputarán en marzo. Las semifinales están fijadas para el 9 y el 10 de junio de 2027; la final, para el 13 de junio. El margen de error es mínimo.
Francia ya tiene tres puntos en el bolsillo y una preocupación en la cabeza: la rodilla de Mbappé. Entre la ilusión de la era Zidane y la ambición de Bélgica, Italia y Turquía, el grupo promete tensión hasta el final. La pregunta es clara: ¿quién llegará a junio con piernas frescas, cabeza fría y el colmillo suficiente para pelear por el título?






